Nos prometieron que José Ignacio Abuin Gey, más conocido como “el chicle”, se pudriría en la cárcel después de ser condenado a prisión permanente revisable, tras torturar, posiblemente violar, estrangular y tirar el cuerpo de la joven Diana Quer a un pozo donde fue descubierto varios meses después. Ahora se nos dice que el asesino de la joven podría solicitar permisos penitenciarios dentro de cinco años, permisos que sin lugar a dudas, la justicia española siempre tan comprensiva para este tipo de delitos, a buen seguro concederá.

Nos han vuelto a engañar. Han infantilizado a la sociedad, una sociedad siempre flexible y con principios muy elásticos, siempre muy dispuesta a creerse lo que la “caja tonta” le dice y siempre muy de calentones momentáneos, pero con la memoria muy vaga, la memoria de un merluzo, pues tiende a olvidar con suma facilidad las promesas que se le hicieron. Algunos todavía mantenemos vivo en la memoria y en el recuerdo lo que nos decían de que los asesinos etarras jamás saldrían de prisión, cuando en realidad muchos de ellos, el matar les ha salido barato, no saliendo ni a un año de cárcel por crimen cometido. La gran mayoría de los asesinos está en la calle o cerca de sus domicilios, los amigos de los criminales de ETA ponen y quitan presidentes, de ellos dependen las leyes más importantes del Estado Español, se les ha concedido la iniciativa del relato y nos quieren hacer ver que sus matanzas forman parte de un pasado muy lejano o de daños colaterales.

El Chicle ya ha obtenido el segundo grado penitenciario, lo que en la práctica viene a significar que el asesino de Diana Quer ya no estará en una celda de aislamiento y es considerado un preso común. La prisión permanente revisable es una engañifa, es un subterfugio para mantener contentos a los muy cafeteros y a todos aquellos que se creen que esto viene a significar que el Chicle no saldrá nunca de prisión. El único condenado por el asesinato y violación de lo que fue conocido como el crimen de las tres niñas de Alcasser, lleva años en libertad y hasta hace poco en paradero desconocido.  Nos engañaron con la condena a los etarras, nos engañaron con el crimen de las niñas de Alcasser, nos engañaron con Diana Quer y nos engañaron con la prisión permanente revisable.

La izquierda Española siempre se pone del lado de los terroristas, de los asesinos y de los violadores. Se opusieron abiertamente al debate de la prisión permanente revisable, a pesar de saber que era un mero formulismo para agradar momentáneamente a parte de la sociedad que clamaba por una justicia más contundente para este tipo de casos. Se negaron a recibir en el congreso al padre de Diana y a otros tantos padres que habían pasado por trances similares, se le llena la boca de “venganza” contra los maltratadores, pero luego resulta que son sumamente comprensivos con ellos. Tienen donde elegir y siempre nos ponen como ejemplo lo peor de cada casa. Cuando hablan del exilio, se refieren al genocida Luis Companys, ejecutado por los más de 10.000 catalanes que fueron asesinados bajo su presidencia y con su consentimiento y no por ser independentista, cuando hablan de presos políticos, nos hablan de Marcos Ana, encarcelado por criminal y no por ser antifranquista. No pierden oportunidad en blanquear a ETA, FRAP o GRAPO, porque para ellos es más importante su condición de ser de izquierdas, que la condición de ser un terrorista, genocida, independentista o criminal.

No debemos extrañarnos si el día de mañana un “rehabilitado Chicle”, opta a cargo público en las listas del PSOE o de PODEMOS, cosa que por otro lado no sería ninguna novedad, dada su afición a estar siempre del lado de los criminales, asesinos o violadores. Tampoco debemos extrañarnos si se le pone su nombre a calles, plazas o es fruto de homenajes. En la actualidad, otros conocidos asesinos ya son merecedores de reconocimiento y reivindicación, y tampoco debemos extrañarnos si el nombre de Diana Quer y de otras tantas víctimas son olvidados en esa España que a veces tanto me asquea y me repugna. No se engañen ustedes, la única justicia que se podía haber hecho con este sujeto, era la aplicación de la pena capital.