Descubrí la práctica del golf hace cuatro años, durante mi última visita a Puerto Rico. Me impresionó de forma especial algún que otro complejo para la práctica de este deporte, generalmente, sugestivos reclamos para el turismo norteamericano, como el de Palmas del Mar. En realidad, siempre he estado rodeado de personas que jugaban al golf y nunca me pareció que pudiera interesarme. La primera vez que visité un campo fue en la isla de La Toja, llamándome la atención el ambiente frondoso de aquella calle de no se qué hoyo que enfocaba hacia el mar, donde estaba el green tan buscado. Un amigo, hace ya unos años, me desafió y me dijo que el día que cogiera un palo de golf para tirar una bola, no lo soltaría. Sabía de la magia que envuelve a este deporte y hoy le doy la razón.

Atribuyen a William Wordsworth una ingeniosa frase sobre el golf: «un día que transcurre en una fatigosa ociosidad», con la que estoy totalmente de acuerdo, siempre que no te dediques profesionalmente a este deporte. Esa fatigosa ociosidad, como describe el poeta inglés, es la magia de este deporte que en su práctica te permite soñar con emular a los grandes, pero te pellizca para que vuelvas a la realidad y añores el recorrido que pudo ser y que no fue, para volver a empezar. Un lema dice si tiras una bola y te sale mal, no importa, coge otra… En cuanto podamos salir con garantías me voy a pasar una semana tirando bolas a diario para volver a coger la forma.

Es cierto que el golf nunca ha tenido buena prensa porque está asociado a los ricos. En España parece que aún no hemos superado la dicotomía, pues siempre surgen zancadillas -¡Ya quisiera yo ser rico!, pero sobre el golf pesa una especie de maldición y todavía hay quien lo ve como algo ajeno, propio de los directores generales, de los miembros de los consejos de administración. Sin embargo, el aumento progresivo de la afición, el incremento del número de federados, hacen de él un deporte muy popular. Nuestros grandes campeones no pertenecían a familias millonarias, sino que procedían de familias de origen humilde, y aún así consiguieron codearse con la élite. Pero lo más importante de este deporte es la satisfacción que da a quien lo practica, especialmente, a los que vivimos en ciudades y tenemos el contacto con la naturaleza más limitado... salir del tee lo mejor que se puede, caminar por esa calle hacia el hoyo, disfrutar de la alfombra verde del suelo, del canto de los pájaros, de la compañía de conejos, liebres, patos, y gansos... sortear bunkers de arena, lagos artificiales (cuyos sedimentos alimentamos con nuestras bolas), árboles o arbustos estratégicamente colocados para dificultar la marcha confiere sensaciones únicas.

Todo ayuntamiento que quiera prepararse para ganar la batalla del turismo en un futuro inmediato tiene que contar con algún campo municipal en perfecta armonía, incluso, con alguno de un club privado. Los datos del golf, a día de hoy, son un testimonio indiscutible de la necesidad de contar con instalaciones adecuadas, campos bien diseñados al alcance de todos los niveles, pues este deporte permite que juntos, puedan hacer el recorrido personas con diferente handicap o nivel oficial de juego.

Pero voy con los datos: España, con 273.000 federados, es el primer destino de turismo internacional de golf a nivel mundial, y el primero también a nivel europeo, con una cifra de jugadores estimada en un millón cuatrocientos mil visitantes para jugar al golf; tenemos unas 400 instalaciones diseminadas en todo el territorio español que suponen un total de 32.000 hectáreas de zonas verdes: los beneficios estimados son de 2.500 millones de euros y este deporte da trabajo a trescientas mil personas de forma directa o indirecta.

Vista la importancia que el golf tiene en la economía española, y pendientes de incorporarnos a la normalidad en un futuro espero que próximo, también sería conveniente que de la Administración del Estado, de las Comunidades Autónomas y de los ayuntamientos, cuiden este deporte considerando que los campos forman parte de las infraestructuras turísticas, rebajando el IVA al 10%, que es una reivindicación que se viene pidiendo (actualmente está en el 21%); que revisen el valor catastral de los mismos y, en fin, que dispongan todo aquello que sea necesario para el fomento de un deporte generador de dinero, buena imagen y turismo.