El principal objetivo que tienen los promotores del mátrix progre en el que vivimos es, sin duda alguna, convertir en bueno todo lo que hasta ahora sabíamos (y aún algunos sabemos) que era malo, y al revés, hacer que parezca malo todo lo que es bueno, digno, decente, honorable. Como alguna vez les he comentado, nuestros abuelos, algunos de ellos con poquísimos y elementales estudios, sabían perfectamente diferenciar el bien del mal. Sabían que Dios es bueno, que el matrimonio es sagrado y que matar a un inocente es el acto más bárbaro e inhumano que se puede cometer. Y lo sabían porque, a su vez, sus padres y abuelos así se lo transmitieron, de la misma forma natural como se transmite la Fe.
 
Pero desgraciadamente, las ideologías dominantes del siglo XX han llenado el hueco que el ateísmo militante y el sucio agnosticismo han ido produciendo en la sociedad moderna. Los padres dejaron de creer y sus hijos ahora se crían con carísimas videoconsolas y amiguitos virtuales que promueven actitudes egoístas, vicios insanos y un relativismo moral que ya inunda toda la vida social, política y cultural. El relativismo en el que proliferan los políticos de todo a cien y los nuevos ídolos de barro de la postmodernidad.
 
El Congreso de los Diputados va a tramitar una ley, promovida por el PSOE, para castigar lo que los socialistas y comunistas llaman "acoso" cerca de los abortorios donde se mata a buena parte de la futura juventud española. Ese acoso al que se refiere Pedro Sánchez y sus amigos consiste, básicamente, en rezar por la vida de los niños no nacidos, hablar con las futuras madres que acuden a esos abortorios casi siempre confundidas, engañadas y movidas por ese sucio relativismo moral, el que no da más valor a la vida de un niño que a la de un erizo o una berenjena. Mujeres que necesitan, casi siempre, solamente una mano amiga y un poco de ayuda para sacar adelante a su hijo.
 
Eso es lo que hacen los provida, como sabemos perfectamente quienes nos hemos molestado en acercarnos a ellos y conocerlos. Son mayoritariamente católicos, gente joven y no tan joven, que combinan sus oraciones y rosarios con un acercamiento siempre educado y amable a las mujeres embarazadas que llegan a las inmediaciones de los abortorios. Primero se les explica qué son y cómo funcionan esas mal llamadas clínicas donde trabajan mal llamados médicos, porque ningún galeno va contra la vida humana. Después, se les ofrece ayuda psicológica, material o económica, dependiendo de las necesidades que tiene cada una de ellas.
 
A esto que les acabo de resumir, la izquierda española le llama "acoso", y no contenta con mentir de esa forma tan cobarde, se atreve a llevar al Congreso de los Diputados una ley para castigar, multar y en algún caso encarcelar a estos verdaderos ángeles, personas que voluntariamente, sin recibir nada a cambio, se ofrecen para cambiar la vida de esas mujeres embarazadas. Es emocionante ver, como algunos hemos visto, casos de madres que acuden con el paso de los años, acompañadas por sus hijos, para dar las gracias a estas asociaciones provida: gracias a ellas, sus hijos están vivos y las madres sienten el milagro que Dios ha hecho con cada una de ellas.
 
Así era la vida antes. Lo bueno estaba bien y lo malo, mal. No había dudas al respecto, porque la brújula moral estaba clara: apuntaba al norte, que es la Cruz de Cristo. Ahora, chapoteamos en el mar de la inmoralidad, y se mete en la cárcel a personas que rezan por los no nacidos, mientras se encumbra a lo peor de la sociedad: asesinos, terroristas, políticos traidores, golpistas...Todos ellos viven felices mientras las buenas gentes se sienten cada vez más acorraladas y perseguidas. Esta ley del PSOE y Podemos, como la ley de Memoria Democrática o la ley de la eutanasia, es un peldaño más en una escalera de indignidad que nos conduce directamente al desastre.