Ayer escuché, con el respeto que me merece la institución, el discurso del todavía Rey, y la verdad es que me resulto totalmente anodino, absurdo, decepcionante…

¿Pero éste hombre no se entera de la realidad, o tiene pocas luces, dicho sea con el mayor respeto a la persona, por supuesto?

Con la que está cayendo, ¿cómo puede hablar estilo vendedor de coches usados, o de productos para evitar la caída del cabello, auténticos estafadores ambos gremios, en términos generales, y salvo alguna –rara- excepción.

Los ataques, en mi opinión injustificados, hacia su padre, el rey anterior, quien disfruta del mismo derecho a la presunción de inocencia que cualquiera de nosotros, no me parecen propios ni de un hijo ni de un Rey.

Que yo sepa, nadie le ha procesado por nada, ni hay ninguna causa criminal abierta contra él, por mucha que la fiscala generala de la PSOE –y de Garzón- vaya filtrando a los medios que hay tres causas abiertas contra él, o investigaciones prejudiciales, pues, repito, no tengo noticia alguna de que existan diligencias previas incoadas contra el anterior Jefe del Estado, y Rey emérito.

Visto el discurso, parece que lo ha escrito la larga mano de la periodista, su todavía esposa, “la Reina”, como él dice.

Supongo que Su majestad sabrá, o debería saber, que la Constitución solo habla de un Rey, de la rama o dinastía de los Borbones, y que sus respectivas esposas, en su caso, o maridos, solo serán los consortes, y eso mientras lo sean, pero nada más.

La Constitución únicamente prevé la Regencia, en la persona de ese consorte real, cuando la persona que vaya a sucederle en el Trono, y por lo tanto en la Jefatura del Estado, sea menor de edad, como sucedería si Felipe VI falleciera, Dios no lo quiera, por las razones que fueren.

¿Se imaginan ustedes cuanto iba a durar la institución –y no debería darle ideas a algunos-, con una señora divorciada, dos veces abortista, según el libro de su primo, y de ideas republicanas, según sus amigos, asumiendo la Regencia de España…?

(Y que le cae mal al 90% de la población, y eso como mínimo, añado yo).

En fin, poco que añadir. Este rey nos lleva de decepción en decepción, y al final la monarquía acabará cayendo, más pronto que tarde, como cae la fruta madura de los árboles.

Decía don Jaime Peñafiel que en España no hay monárquicos, sino juancarlistas… Y añado yo: ahora, ni eso.

En lugar de situar en un segundo plano, o tercero, a su todavía esposa, el Rey se empeña en resaltar el papel, a todas luces absurdo, de su mujer, quedando como un calzonazos, en la acepción española del término.

De verdad que lo siento, pues me hubiera gustado alabar el papel y el discurso del Rey, pero me es imposible, por simples razones de coherencia intelectual y personal.

¡Para este discurso, no necesitábamos un Rey!

Seguramente el mensaje a lo Maduro del presidente de gobierno ficticio (el real es Pablo Iglesias) el próximo martes, será más de lo mismo, pero con más convicción, que Sánchez tiene una gran capacidad para creerse sus propios mentiras.

¿Será algún tipo clase de trastorno narcisista de la personalidad, o incluso psiquiátrico…?

En resumen: España se encamina hacia el precipicio de la historia, o el desguace como nación, y el Rey sigue al volante, tan tranquilo, como si aquí no pasara nada.

Pero ya lo creo que pasa…