En mi opinión, hace muchas décadas que veo a España encabezada y dirigida por taimados y arteros traidores, perjuros, hipócritas y mentirosos gobernantes que si están a la cabeza de nuestro Reino bien puede ser gracias al placet de ciertas juntas de escuadra y compás, pero que no son más que cobardes intrigantes y especuladores nacionales y extranjeros mundialistas. Desde entonces hasta hoy ha habido en España más pérdidas que días.

Hoy ya no veo que la Lealtad, el Honor y la Dignidad signifiquen algo más que la nada. Y lo peor es que aquellos que tenían como estandarte estas sagradas divisas han caído, a mi entender, en “reír las gracias” a todos esos tunantes, cuya máxima voluntad bien pudiera –según mi parecer- resumirse en expoliar este Sagrado Reino en todo lo posible.

Desde mi punto de vista, los primeros paladines de nuestra Patria han desdeñado la más elemental de todas las obediencias: a Dios y al Reino; así como el primer deber: protegerlo y defenderlo de sus enemigos internos y externos. Es por ello que los veo, ahora, como serviles sumisos de esos pícaros turnistas.

Esto y no otra cosa es, a mi parecer, lo que hace posible declaraciones como la del general José Manuel Santiago, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil (19/04/20) referentes a que “el cuerpo” trabaja para minimizar las críticas al gobierno en la gestión de la Crisis.

Pero este tipo de actividades son propias de dictaduras y regímenes totalitarios. Porque en una tiranía los que habiendo vinculado su existencia al auxilio del reino lo desamparan para ser gustosos criados del tirano no son nuestros paladines, no son nuestros centinelas. Se convierten en monostatos de Sarastro.

¿Se imaginan ustedes que el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil hubiese dicho cosa similar tan sólo unos pocos años atrás? Yo no. Por eso ahora ya no veo otra cosa que un emprendido camino hacia la tiranía con la asistencia de los monostratos que dan ordenes a sus subordinados, como algunos medios de información han reproducido, Okdiario.

El fanatismo de las covachuelas triangulares y de sus monostratos nos acecha dentro y fuera de nuestras fronteras y a todos los que no concurrimos con sus deletéreos proyectos nos consideran enemigos. Porque el objetivo de los que anhelan destruirnos es exterminar de la tierra todo lo que España significa.

Si todavía queda algo de todo lo que España y los españoles hemos sido y hecho, se lo debemos a nuestros antepasados porque ellos sí edificaron sobre la Roca de Dios, Cristo. Y por Él dieron hasta la potrera suma de su Fe. Debemos preguntarnos si estamos decididos a reconocerlo y a actuar en consecuencia. Si nuestra respuesta es sí, tenemos un ineludible deber:

Que el Bien, Verdad y la Justicia vuelva a ser Señor de nuestra existencia. Sólo así seguiremos el ejemplo de nuestros antepasados diciendo al mundo que ellos viven en nosotros y nosotros en ellos, formando una única familia en un único Ser.

Debemos volver a ser buenos servidores de Cristo y administradores de las gracias con que Él nos ha regado. Y cuatro son principalmente las gracias con que Dios nos irriga. Estas cuatro gracias dan forma a cuatro clases de hombres que son los que han forjado nuestro ser de España en la historia. De estas cuatro clases de hombres está hecha la gloria de nuestro Reino, de sus tierras y de las católicas gentes que lo habitan, teniendo como destino el Cielo.

Unos, son los Poetas, a los que Dios les ha dado el privilegio de saber penetrar en las cosas del Cielo y de la tierra con mucho estudio y, así, pueden cantar las gestas de los soldados cristianos y de los santos. Gracias a los poetas los hombres del mañana pueden conocer la fe y el esfuerzo que pusieron los soldados y los santos en la construcción y defensa de Dios, de la Iglesia y de nuestra Patria.

Los segundos son los Católicos Soldados, que con sus vidas defienden la fe, a las gentes y al Reino, y con su sangre escriben las glorias de este Patrimonio que Dios nos ha dado. Así eran nuestros soldados antes de que se convirtiesen –por lo menos algunos- en monostratos.

Los terceros son los Santos. En su alma no llevan pensamientos, ni palabras, ni pasiones, ni obras desordenadas, pues tienen su corazón conforme al corazón de Cristo. Los santos son los más perfectos de los tres.

Aún hay una cuarta clase de hombres que Dios nos ha regalado. Son los que viven esforzados en la oración con los ojos puestos en el Cielo –como los Santos- pero están en la tierra luchando contra los sin Dios y los sin patria, contra los monostratos y contra los que visten ropajes triangulares. Son hombres de los que no se achantan ante las covachuelas del compás luciferino ni de su amo, Sarastro.

Porque son hombres hechos de una pieza que –como los cristianos soldados- derraman su sangre en defensa de la Santa Fe Católica y de éste Reino que Dios nos ha dado y que es tierra de Nuestra Señora Virgen del Pilar. De tal manera escriben con su sangre nuestra historia, siendo modelo para nuestros hijos, hombres del mañana.

Esta cuarta clase de hombres que Dios nos ha regalado son los Héroes, también llamados Mártires. Y Dios ha sido dadivoso en dar a nuestra Patria hombres que por su santidad, sabiduría y valentía han hecho rica esta tierra regándola con su Fe. Ellos son buen cimiento de nuestro edificio.

Los Héroes-Mártires son hombres que han reunido en sí mismos a todos los demás. Hombres que no se han escondido ante el ataque a la Fe, al Reino y a sus gentes. Ante el peligro han elevado la cabeza al Cielo y se han lanzado a dar su vida por los derechos de Dios, de la Iglesia y del Reino, para que nosotros y nuestros hijos podamos seguir siendo buenos cristianos, amantes de Dios, de la Iglesia y de la Patria.

A los Héroes-Mártires les debemos la devoción de recoger y seguir su ejemplo para que llegado -si Dios quiere- el momento, sepamos también responder como ellos lo hicieron.

Estos son los momentos anunciados. Sepan los que habitan covachuelas triangulares, sepan los monostratos y lacayos de Sarastro, sepa el propio Sarástro que todavía hay en este Reino dignos y honrados españoles dispuestos a seguir la estela de los Héroes-Mártires que nos precedieron. Y si en esta misión la muerte nos llegare, se iguale y se una nuestro corazón y nuestro pensamiento con los de aquellos que nos precedieron y que idénticas sean nuestras últimas palabras: ¡Viva España, Viva Cristo Rey!