El verano de 1969 marcó un hito histórico en la contra-cultural mundial con la celebración del Festival de Woodstock en Estados Unidos. Allí, toda una generación de cantautores protesta como Richie Havens, Arlo Guthrie, Joan Baez, Santana, Janis Joplin, The Who, Joe Cocker o Jimi Hendrix rompieron los moles de la cultura americana y occidental y, abanderando la cultura hippie, revolucionaron los esquemas de la rígida cultura americana de la guerra fría.

 

Muchos años después, el domingo 9 de mayo de 1976, un remoto campus universitario ubicado en un páramo del norte de Madrid, la ciudad universitaria de Cantoblanco de la Universidad Autónoma de Madrid, protagonizaría nuestro particular Woodstock madrileño y español, cuando, en torno a unos 40.000-50.000 personas, críticas con la aún incipiente transición española pilotada entonces por el inmovilista y franquista Carlos Arias Navarro, se concentraban en el lugar y, animados por numerosos cantautores protesta y espontáneas manifestaciones y banderas políticas, marcaban un desconocido hito reivindicativo en la España de la joven y aún casi inexistente democracia española.

 

El campus de Cantoblanco de la Universidad Autónoma de Madrid se remonta a 1969, cuando el Ministerio de Educación dirigido por José Luis Villar Palasí (autor de la famosa Ley General de Educación de 1970) convoca un concurso de anteproyectos para la UAM, al mismo tiempo que se creaba un proyecto similar con las mismas motivaciones y lógicas en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y en poco más de un año, se construyeron en el Campus de Cantoblanco (un amplio valle a las afueras del norte de Madrid) las facultades de Filosofía y Letras, Derecho, Ciencias Económicas y Empresariales , y Ciencias, con una capacidad para 10.000 estudiantes.

 

La ubicación y la construcción del nuevo espacio estudiantil no fue casual, como no lo fue en su día el de la Ciudad Universitaria de Madrid. Con el recuerdo aún fresco de las protestas estudiantiles en la Calle San Bernardo de Madrid del 1 de febrero de 1956, y de las revueltas estudiantiles francesas de mayo de 1968, se decidió reagrupar y dar salida al aumento de la demanda estudiantil en Madrid, creando un nuevo centro universitario a las afueras de Madrid, alejados de los centros de producción, de los poderes políticos, de los núcleos obreros y en general de la vista pública de los ciudadanos, para controlar y hacer frente al posible descontento estudiantil.

 

 

Además, se construye y diseña un edificio que era vanguardia arquitectónica, mezclando espacios amplios para las aulas y despachos, con pasillos y facultades que eran auténticas prisiones, lo cual es algo que aún hoy en día se puede ver en las facultades más viejas (filosofía, magisterio, o económicas), en la que los pasillos son especialmente estrechos, angostos y llenos de desniveles para controlar manifestaciones, llenas de rejas y verjas y patios interiores, para evitar las salidas y la movilización interna del estudiantado.

 

Como contra-prestación amable, el gobierno y el rectorado instaló a lo largo de 1970 unos conjuntos escultóricos de hormigón del escultor zamorano Higinio Vázquez García, que instala sus obras en 1971, coincidiendo con la inauguración misma del recinto. García, colocará en el campus un amplio conjunto escultórico donde, como afirma la historiadora del arte Inés Gutiérrez-Carbajal, "apenas hay realidad figurativa".

 

El conjunto escultórico, tal y como describe el catálogo de Monumenta Madrid, están realizados en los mismos materiales constructivos de las facultades cercanas, y se inspira en la escultura mesoamericana pre-colombina, con figuras abstractas, y una especie de mural con escenas universitarias, sobre la enseñanza, y figuras que representan a maestros y alumnos.

 

En otra parte, hoy engullido en mitad de una isleta comida por vegetación, muy deteriorado y a medio camino de las autovías de Madrid, se encuentra también otra escultura sencilla pero llena de simbolismo, una gran pieza con símbolos que aluden a; la construcción y al progreso (vehículos, grúas y ruedas dentadas), académicas (letras y alfabetos, cubos numéricos, símbolos matemáticos, geométricos y científicos y un gran símbolo del Víctor, emblema ligado desde época medieval a las universidades españolas y re-utilizado por el régimen franquista como símbolo), y deportivas (ciclistas y futbolistas), haciendo una simbolización de los valores, y de la finalidad del nuevo centro universitario, como centro de saber.

 

Ubicado originalmente en la Escuela de Ingenieros de Caminos de la calle de Alfonso XIII de Madrid, el campus actual se estrena definitivamente el 25 de octubre de 1971, cuando fue inaugurado por el Jefe del Estado, el dictador Francisco Franco, el Campus de Cantoblanco, junto al primer Rector de la U.A.M. Luis Sánchez Agesta, el entonces Príncipe Juan Carlos de Borbón y el Vicepresidente del Gobierno Luis Carrero Blanco.

 

Una transición incipiente y violenta

 

Hasta el asentamiento definitivo de la monarquía a partir de la Constitución de 1978, se viven unos años basados en el miedo que imponen los  sectores más radicalizados de la derecha y de la izquierda que quieren, a través de la violencia armada, impedir o sabotear todo el aparato de la transición.

 

Un periodo de" transición política", que en realidad fueron los duros "años de plomo", que han sido fielmente descritos en toda su crudeza por Alfredo Grimaldos y Mariano Sánchez Soler.

 

Según los autores Grimaldos y Soler en sus trabajos, la transición arrojó una cifra de más de al menos 2.663 víctimas por violencia política entre muertos (de los cuales se calcula que solamente ellos suman alrededor de 591 víctimas entre la extrema derecha, la extrema izquierda y las Fuerzas de Seguridad del Estado) y heridos en toda España.

 

En este proceso, el miedo y el terror político fueron la tónica constante de atemorización de unos y otros y fueron las bases del moderno concepto de terrorismo político en España. Este ambiente violento de la  transición la describe muy bien en su artículo "Ferocidades de la transición" el periodista Carles Geli el 6 de agosto de 2006 en "El País". Según Geli, tomando las hipótesis del historiador Xavier Casals en su libro "La Transición española: el voto ignorado de las armas", en aquella época;

 

 

"Había de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario...

 

Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación, pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad".

 

 

Los casos de palizas, secuestros e intimidaciones se cuentan en esta época por decenas en todo el estado, en aquellos años, con casos sonados y conocidos, como el atentado contra los diarios El País y El Papus, los llamados Sucesos de Montejurra (que tuvieron lugar el mismo día del Festival de Cantoblanco), la Masacre de Vitoria, los famosos asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha , o las decenas de atentados y asesinatos políticos individuales a personas concretas por todo el país, como los de Arturo Ruiz García, Antonio Cubillo, Yolanda González, Francisco Javier Verdejo, Mari Luz Nájera, José García Caparrós, Germán Rodríguez, Gladys del Estal, o los estudiantes José Montañés y Emilio Martínez entre otros muchos.

 

Cantoblanco 76; el Festival de los Pueblos Ibéricos.

 

Con la muerte Franco en noviembre de 1975, la universidad de Cantoblanco protagoniza el último gran evento histórico ocurrido en sus márgenes hasta el momento el domingo 9 de mayo de 1976, el llamado "Festival de los  Pueblos Ibéricos", que congregó  a, entre, 40.000-50.000 personas, juntando a cantautores protesta célebres del panorama cultural de la España del momento, como Quico Pi de la Serra, Fernando Unsain, Adolfo Celdrán, José Antonio Labordeta, Pablo Guerrero, Manuel Gerena, Mikel Laboa, Víctor Manuel, Raimon, Gabriel González o Fausto y Victoriano (portugueses que cantaron el himno revolucionario portugués Grandóla, vila morena).

 

El suceso fue relatado, apenas dos días después de esta manera por la periodista Karmentxu Marín en su artículo "Más de cincuenta mil personas en el "Recital de Pueblos Ibéricos" publicado en El País el 11 de mayo de 1976;

 

"El Recital de Pueblos Ibéricos, celebrado anteayer, fue un completo éxito de organización y desarrollo. A pesar de las múltiples dificultades para su organización y de que el permiso del Rectorado no llegó, hasta el sábado por la mañana, el domingo se celebró en la Universidad Autónoma de Madrid el recital de pueblos ibéricos, que congregó sobre la hierba del campus de Cantoblanco a más de cincuenta mil personas, en su mayor parte universitarios. El recital, organizado por las asociaciones culturales que se integran en la FACUM (Federación de Asociaciones Culturales de la Universidad de Madrid), tuvo, por encima de todo, un doble mérito: la organización y el número y calidad de los cantantes que se dieron cita.

 

La organización del más grande festival folk que se recuerda, dentro de las características que tuvo el Recital de Pueblos Ibéricos dejó patente que el autogobierno y la participación de los estudiantes en la gestión universitaria son posibles y que pueden congregarse decenas de miles de personas sin alteraciones de orden público.

 

En cuanto a los cantantes, se congregaron una veintena de artistas o grupos que no es habitual que canten con facilidades ni siquiera a título individual. Quico Pi de la Serra, por ejemplo, rompía con su actuación un largo boicot de años.

 

Actuaron, además, La Bullonera, Bibiano y Benedicto -que provocaron una gran fiesta de bailes populares-, Miró Casavella, Luis Pastor, La Fanega, Daniel Vega, Juliá León, Elisa Serna -acogida con una ovación de gala y gritos de «Elisa, Elisa» y presentada como «compañera infatigable de todos nosotros»-, Fernando Unsain, Adolfo Celdrán, José Antonio Labordeta, Pablo Guerrero, Manuel Gerena -que ininterrumpidamente aplaudido pidió un poco de vino para poder cantar o una cerveza, porque la Fanta que le ofrecieron no servía para eso-, Mikel Laboa, Víctor Manuel, Raimon -ovaciones, gritos, estruendo, coros al vent-, Gabriel González y Fausto y Victoriano -portugueses- (Recital de Pueblos Ibéricos), que pusieron a cantar a todos en pie cuando, a petición de los espectadores, comenzaron el Grandóla, vila morena, de José Alfonso.

 

La vaguada de Cantoblanco donde se celebró el recital, detrás de la Facultad de Ciencias, estuvo llena de banderas -Euzkadi, Galicia, Catalunya, comuneros de Castilla, Andalucía, Valencia, Aragón, Frente Polisario, de diversas opciones y colores políticos- y pancartas. Gritos de «amnistía» y «libertad», claveles rojos y globos con este mensaje: «Pan, cultura y libertad.»

 

El despliegue policial en los alrededores de la Universidad fue enorme: brigadas especiales, autobuses, caballos, jeeps, un helicóptero... Pero en ningún caso intervinieron.

 

El Recital de Pueblos Ibéricos fue, pues, un enorme éxito de organización y mantenimiento, en el que jóvenes, no tan jóvenes y niños de corta edad se unieron para oír cantar a lo mejor del folk de la Península durante más de ocho horas. Los asistentes tuvieron que trasladarse a la Autónoma por sus propios medios, ya que la tardanza con que llegó el permiso, impidió la contratación de autobuses y la puesta en funcionamiento del ferrocarril que habitualmente, recorre el trayecto Estación de Chamartín-Cantoblanco"

 

 

Por su parte, en su página web especial realizada por el 50 aniversario de la UAM, ésta recuerda el evento en su artículo titulado "1976. Festival de los Pueblos Ibéricos", donde afirma que el organizador del evento fue un tal  Gerardo Pérez, un estudiante segoviano de 24 años en conjunción con la ya mencionada FACUM que, pese a todo pronóstico fue finalmente autorizado por el entonces rector de la UAM, Gratiniano Nieto (tercer rector de la UAM después de Luis Sánchez Agesta, y Julio Rodríguez Martínez) que, según el artículo;

 

 

"....dio ciertas condiciones, como celebrarlo solo durante un día o llevar todas las letras de las canciones selladas por la Dirección General de Cultura Popular y la Sociedad General de Autores, además de no hacer propaganda fuera de la Universidad Autónoma".

Según el "Blanco y Negro" de ABC del 15 de mayo de 1976, "el festival estaba previsto que durara hasta la 10 de la noche, pero las noticias llegadas del grave enfrentamiento de Montejurra, que fueron difundidas por los altavoces, crearon tal estado de tensión que a las 8 se decidió dar por terminado el acto".

 

Según el mismo, ya de hecho, "al iniciarse el festival, por la mañana, se guardó un minuto de silencio por los muertos de Vitoria", una masacre de huelguistas vitorianos a manos de la policía ocurrida apenas dos meses antes, y similar al que se guardaría por la tarde en honor a los caídos ese mismo día en Montejurra, donde una facción ultraderechista del movimiento carlista atacó y mató a varios miembros de la facción enemiga de izquierdas de dicho movimiento.

 

El evento, tal y como se decía en ABC, se celebró en orden y ello, según el artículo de ByN fue agradecido por el propio rector Gratiniano Nieto, quien "hizo pública una nota oficial al término del festival, en la que agradeció el comportamiento de la mayor parte de los asistentes, reconociendo el esfuerzo e interés de los organizadores", aunque lamentándose por "quienes lo han utilizado como escenario de propaganda política de matiz extremista".

 

Según la crónica de Diego Galán titulada "El festival de los pueblos ibéricos", publicada en la revista Triunfo el 15 de mayo de 1976, el evento tuvo lugar entre las 11 de la mañana y las 8 de la noche, donde "la afluencia superaba lo previsto, y también se superaba en el nivel político del acto, donde las banderas de regiones y países del estado español ondeaban por todas partes".

 

Según Galán hubo algún momento de tensión con los activistas anarquistas del acto, que "al final del espectáculo, coincidiendo con la información de la noticia del joven muerto en Montejurra, intentaron subir al escenario, obligando a precipitar el fin del festival".

 

El artículo da cuenta de la organización del festival, cuyo precio fue de 100 pesetas la entrada, y cuyos convocantes afirmaron la necesidad "de que la universidad se haga eco de las manifestaciones culturales realizadas en las diferentes nacionalidades del estado español que han estado y están al margen de la cultura universitaria".

 

La crónica menciona especialmente la favorable acogida de tres artistas censurados en el momento, como Manuel Gerena (cantautor protesta andaluz, cercano al poeta Rafael Alberti y al también cantante Paco Ibáñez), Francesc Pi de la Serra (cantautor catalán, representante de la "nova cançó" junto con Raimon,  o Lluís Llach, y célebre por sus canciones en catalán), o el mítico y ya entonces celebérrimo Raimon (también cantautor catalán de la "nova cançó" que, según la crónica entonó su famoso "Al Vent").

 

Por otro lado, no solo la prensa formal se hizo eco de este famoso festival universitario, si no que, como se evidenció en el propio evento, también las organizaciones políticas se hicieron eco de ello, tanto en la izquierda como la derecha.

 

Ejemplo de ello fue el "Mundo Obrero", órgano de expresión del Partido Comunista, en su edición del 26 de mayo de 1976, que publicaba un artículo titulado "Madrid, 70.000 jóvenes cantaron la democracia", donde eleva el número de asistentes a 70.000, el mayor de todos los publicados en la época, y afirmaba que "el carácter de manifestación cultural democrática, la solidaridad de los estudiantes con las nacionalidades y regiones del estado español, la exigencia de sus derechos políticos, sociales y culturales, todo este contenido quedó perfectamente asegurado y expresado por la participación estudiantil, y por el conjunto de los cantantes....expresando su consenso colectivo en torno al tema de las nacionalidades, de la represión, de la exigencia de libertades".

 

En el lado contrario de la brecha ideológica se expresaba también el "Fuerza Nueva", revista y luego portavoz del partido ultraderechista homónimo dirigido por Blas Piñar que, en su edición del 22 de mayo de 1976, publicaba un artículo titulado "Festival rojo en Madrid", donde afirmaba del evento que "no fue más que una concentración masiva comunista, en donde los rojos madrileños se dieron impune cita pública y multitudinaria", rebajando el número a 30.000, la menor de todos los medios escritos, y afirmando de forma injuriosa que;

 

"...se reunieron con sus rojas banderas, para escuchar a cantantes rojos y antiespañoles, y para llevar a efecto un auténtico mitin separatista y marxista.  Trapos comunistas, banderas de ETA...fueron el telón de fondo de esta concentración. Y todo esto sin que la Fuerza Pública interviniera, porque tenía órdenes muy concretas de "dejar hacer", siempre que no se saliese del marco físico de la Universidad. ¡Pues qué bien! ¡Viva la democracia!".

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Sin duda alguna, el de "Fuerza Nueva" fue el más explícito, politizado y crítico de todos los resúmenes y reseñas que, a favor, neutrales o en contra, coinciden en el hecho excepcional y en el hito, hasta ahora muy desconocido, de este curioso y llamativo festival, de este "Woodstock madrileño" ocurrido apenas 6 meses después de la muerte de Francisco Franco, en los albores de la transición y de la democracia española y que fue uno de los primeros cánticos abiertos a la libertad y a la democracia en la que entonces empezaba a ser una nueva España.