Fue el viernes por la noche en El Teatro Marquina, cuando un totalmente desconocido me hizo dar las gracias por estar vivo, ya que de no ser así, no podría haber asistido a uno de los momentos más emocionantes de los últimos años.
 
Cuando acudo a ver una obra de teatro, no lo hago solo. ¡Ana no me deja salir de casa si no es con ella! Esto que podría parecer algo normal, tiene implicaciones negativas cuando se trata de elegir un espectáculo teatral, los clásicos desde Aristófanes a Chéjov quedan excluidos.  A ella la gusta reírse, así que cuando vamos al teatro y aunque menos, Ana también consigue que me ría.

Si Pedro Sánchez hubiera usado la palabra Adaptación para describir el estudio económico que presentó como tesis, estoy seguro de que se habría ganado todas las alabanzas. ¿Significa eso que una adaptación es un plagio? Cuando lo único que hacemos es cambiar el entorno para explicar lo mismo de diferente manera, no. En este caso, ¡eso es el Teatro!

Ana sabe que no me siento en ningún patio sino es en la primera fila. Pero también sabía que en el Marquina, la primera fila no es la mejor, ya que en esos momentos en los que el actor se encuentra a cinco o seis metros de ella, de cintura para abajo todo le desaparece. ¡Yo la digo que eso es magia!
Deberíamos decir que, El curioso incidente del perro a medianoche es una novela de primeros de siglo, escrita por Mark Haddon y que como todas las novelas, cuenta una historia. Christopher Boone tiene quince años y recibe enseñanza en un colegio particular, ya que obviando la falta de consenso en ciertos diagnósticos, podríamos decir que tiene Asperger. A partir de ahí, los colores, las matemáticas y todo lo demás, incluido una rata de mierda y un chucho asqueroso atravesado por una horca, son completamente secundarios. Pero entrando en la materia que más me interesa y después de haber asistido a mil obras de teatro y haber leído muchos más libros, no me cabe la menor duda, que la interpretación de Villazán coloca esta adaptación por encima de todos los demás accidentes y casualidades que han hecho posible que un libro cualquiera, llegue a escenificarse en Prim.

Volviendo un momento al aburrido y pedante Chéjov y su naturalismo, podemos recordar que el arte de escribir es lo más complicado que hay, porque como él decía, el buen escritor es el que transmite mucho con pocas palabras. ¡Un adelantado a su tiempo!

Tiempo este que vivimos, en el que se echa de menos el talento con el que a través de una simple cita de catorce o quince palabras, se ponía el mundo a los pies de cualquiera. Un momento donde la lógica pasó a la historia y donde entretenidos programas como OT, GH, GT o GS hacen que El Chiringuito de MEGA sea una obra audiovisual y polémica, simplemente genial.

Y aquí es donde tengo que meterme con Álex Villazán. ¿Qué ha conseguido este NINI? Siendo justos, podríamos decir que absolutamente nada nuevo. Simplemente ha hecho lo mismo que en 1988 hizo Hoffman. ¡Interpretar a un autista! Pero con la diferencia de que Dustin consiguió hace treinta años hacer de Álex, repitiendo doce veces cada una de sus escenas, colocándose y recolocándose e incluso dejando lo que no salía del todo bien para mañana por la mañana, añadiendo que a su lado estaba Ethan Hunt, del que ya sabemos consigue absolutamente todo lo que se proponga.

Álex no era él. Desapareció durante dos horas y media para convertirse en Christopher. En ningún momento miró al público ni tornó sus ojos a posición normal, anduvo exactamente como lo hacía el protagonista. Me preguntaba sobre si cuando todo acabara, me daría cuenta de que en realidad el actor se estaba representando a si mimo y la sorpresa para el que no le conociera, sería que el propio actor era un autista funcional.

Aislado en su mundo, repetitivo y paranoico hasta el extremo, Villazán supo controlar cada movimiento de sus piernas, de sus brazos y de hasta los propios dedos, haciendo que solo a través de esos movimientos fuera capaz de sobrecogerme. Villazán se consagró en una interpretación propia de una carrera de cincuenta años sobre los escenarios. Álex Villazán anuló al resto de compañeros, malogró la gigante caja de zapatos inteligente y se elevó por encima de la puesta en escena y de la propia dirección, a la vez que engrandeció a todos.

Una vez leí, que el autismo no es ni un diagnóstico y que solamente se podría entender si admitiéramos que un niño puede venir al mundo con unas alas ancladas a su espalda.


¡Solo una cosa más! Recomiendo no acercarse nunca a ver esta adaptación de un libro que se llama El curioso incidente del perro a medianoche y esperar la adaptación televisiva que imagino no tardará en llegar, no sea que la lógica entre en vuestras cabezas. ¡Yo mismo voy a ver que están haciendo Techi y el Koala! ¡Ah, que la imagen es de TeleMadrid?