¿Recuerda dónde estaba usted el once septiembre de 2001”?,   me preguntaba ayer un joven con vocación de periodista. –Perfectamente, le respondí; lo tengo grabado en mi mente en forma indeleble por culpa de una serie de circunstancias.

Ese once de septiembre estaba – estábamos tres amigos--  en Castrogeriz, un pueblo muy cerca de mi tierra. El  día uno de ese mes --fiesta de San Gil-- habíamos iniciado en Roncesvalles,  “el Camino de Santiguo” con  un tiempo espléndido que duró todo el mes.  El único día que llovió habíamos tomado el avión en Ponferrada para asistir al bautizo del nieto de Santiago en Barcelona. También nos amojamamos en el trayecto del Monte de la Gloria hasta la plaza del Obradoiro. Desde Pamplona fuimos cuatro, al sumarse otro amigo. En 10 días habíamos caminado 300 Kilómetros --¡lo normal!—pero el día 12l, Carlos tenía un compromiso pues le esperaba el notario para una firma y, en consecuencia  y, después de la caminata iniciada a las cinco de la mañana, salía camino de Barbastro. Nosotros aprovecharíamos el día 12 para descansar. Estábamos en un hotel encantador, con unas atenciones exquisitas y tan bien nos sentíamos allí que, teniendo proyectado, dormir en el pueblo burgalés, dos noches, nos quedamos cuatro,  en Hotel Posada….

Volvamos al día once. Por entonces,  las comunicaciones  vía móvil, tenían sus limitaciones en los pueblos y en nuestra estancia en Castrogeriz,  sólo mi habitación  yo tenía cobertura. Debido a ello, Carlos,  poco después de salir hacia Barbastro, me llamó a mí y mientras dormía  la siesta para decirme,  un tanto alterado: -- “Enciende rápido la televisión,  que estoy oyendo en la radio que algo gordo está pasando en los Estados Unidos”

Efectivamente, estaban atacando a las “torres  gemelas”…pero aun tuve tiempo para ver cómo el segundo avión se estrellaba contra una de ellas. En el salón del Hotel estaba un norteamericano, con una expresión en su rostro de terror y pena  que tampoco podré olvidarlo.

Han pasado 19 años -- y como ocurre cuando los crímenes  son obra de la Sinagoga de Satanás— nunca se aclaran,  ni llega a conocerse la verdad de los hechos.  Se pierden de vista en una niebla de confusión y versiones de todo tipo, pero el verdadero autor nunca aparece. Lo impiden con clasificando a quienes intentan llegar al fondo y conocer la verdad, de “conspiranoicos” y los descreditan totalmente. Consiguen su principal objetivo: nunca se conocen ni los autores, ni los objetivos, etc.

 Este “cuño”  es  la mejor prueba de su autoría: la Sinagoga de Satanás... Los ejemplos se cuenta a por miles,  aunque  cuando mejor se ve es cuando las víctimas son figuras famosas, u objetivos que cuestan a la Humanidad millones y millones de vidas: el asesinato de los Kennedy,  de Carrero Blanco,  o provocan guerras mundiales como el asesinato del heredero de la Corona Austro-húngara --el archiduque Francisco Fernando de Austria…

En el caso de la torres gemelas nos topamos con toda una serie de circunstancias que hicieron posible,  en primer lugar el hecho en sí: que dos aviones impactasen con las torres sin que los  aviones  supersónicos Y, del Ejército USA los  derribaran antes; y,  en segundo lugar,  el asesinato posterior de unas seis mil personas, agentes de seguridad y bomberos que,  con la mejor buena voluntad,  acudían en ayuda de los habitantes de las torres…

Cualquier inteligencia que se aproxime a la media normal –no precisa ser un superdotado-- se queda pasmado cuando se entera de que por maniobras del  ejército norteamericano, estaban bloqueadas las  “medidas emergentes de la seguridad habitual”. Son  tan “cortos de imaginación  la gente del Pentágono como para no tener previstas las consecuencias de esa medida y los técnicos militares USA,  dejan a su pueblo a mercede del “genio moro” que lo tiene todo previsto --pueden reírse, no se aguanten, que es malo para la salud—

Por otra parte los arquitectos e ingenieros de cálculos de estructuras gringos tampoco tienen las luces suficientes para calcular la resistencia de las estructuras contra el choque y el calor del fuego. Los ingenieros españoles,  por el contrario son tan listos que  desmontar el rascacielos que ardió en Madrid, precisaron uno o dos años pues se pasaron en materia de “seguridad” de las  estructuras  del Wilson.  Loa aviones chocaron contra dos edificios y al parecer se hundió alguno más “por simpatía”.

Y lo más curioso, las torres tardaron en venirse abajo necesitaron unos segundos, coincidentes con los cálculos matemáticos previstos cuando “se vuela” de forma controlada un edificio de las dimensiones y característica de ambas torres, demostrando  la verdad  deducida: los explosivos las hicieron saltar por el aire dos edificios que sepultaron unas seis mil personas, ilusionadas en ayudar.

Hubo también  graciosas como comprobar que  agujero hecho por el avión en el Pentágono era mucho más pequeño que el objeto, autor del hueco…. O que las fotos nos muestran el suelo que rodea el Pentágono, en el lugar del impacto  había cambiado de apariencia en las fotos posteriores al choque: se había producido un  cambio de aspecto ajeno a los efectos lógicos del mismo. Solo la magia explica lo ocurrido. Esa fecha, indudablemente,  fue el “día de los milagros”.  Es una aportación a la cultura “conspiranoico”.