Los caminos del Señor, en su sapientísima Providencia, nos suele introducir por veredas que no siempre coinciden con nuestras intuiciones vocacionales, pero pueden parecerse mucho en la misma dirección de lo intuido.

Este es el caso del valiente y devotísimo católico consecuente con su sacerdocio (de los fieles) como de todo bautizado y confirmado católico de José Luís Díez Jiménez, que enamorado de la Verdad revelada e inmutable de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, se vio obligado a dar ese testimonio de la eterna fe como virtud teologal, nacida en su bautismo y su talento difusor de la misma por todos los medios a su alcance:  Historias patrias-heroicas-católicas, videos representativos de esos momentos glorificantes de nuestra Patria, como brazo providencial al servicio del Reino de Cristo en la historia general de nuestra católica, secular y eterna Patria.

Tras sus libros tan documentados, así como sus películas, hitos de momentos gloriosos de nuestros ejércitos capitaneados por el Caudillo Francisco Franco, genial estratega (preparado por la Providencia para la salvación de España y reserva occidental del catolicismo), sus habituales artículos en la revista “Siempre P´Alante”, colaborador infatigable con el valiente Padre don José Ignacio Dallo, coronó su defensa de la Tradición histórica cívico-militar española con la serie de cuadros pintados con perfección casi fotográfica de esos momentos ya imborrables e infalsificables parta nuestra historia: “El novio de la Muerte”, “Zaragoza, cimiento de una Raza”, “Una vida al servicio de España”, “Una Patria Nueva”, “El día anterior”, “La Unificación”, “Los césares fueron generales”, “25 años de paz”, son algunos de los títulos que él puso bajo sus muchos cuadros de un alma patriótica, porque sólo siendo profundamente católico puede entenderse correctamente el patriotismo, virtud cristiana.

Cuadros, que como monumentos históricos antes que pictóricos, debemos venerar, valorar y recordar para siempre, como justa fidelidad y gratitud a todo cuanto de noble, verdadero y religioso, se nos ha legado.

Son once en total los cuadros que me regaló, con esos títulos, que no solo decoran, sino que prestigian mi despacho, pasillo y comedor.

Nunca quiso pago por su obsequio genial, aunque le correspondí con otros medios económicos para su emisora de J.L.D., en internet.

Mantuve una estrecha relación con José Luís, como colaboradores de la revista Siempre P´Alante.

Estuve en su casa de Brunete, conocí a su digna esposa, le indiqué como tenía que podar sus pinos del patio y nuestras conversaciones telefónicas comentaron cuestiones religiosas y de moral antiliberal; un hombre muy bien formado humanísticamente, y católico practicante.

Pero no se puede olvidar el valor de espíritu de fe sobrenatural de esta personalidad, que sintiendo la llamada al sacerdocio, tuvo que chocar contra las tendencias modernistas-vaticanistas actuales y prefirió cambiar a un rumbo vocacional al servicio fidelísimo de su fe bien formada.

Formó una ejemplarísima familia cristiana, con cinco hijos, y me confesó que en caso de retiro por jubilación, sus hijos “se les rifaban para llevarles consigo”. Y esa es la mayor demostración de la correcta formación cristiana de sus hijos, en concordia familiar.

Otros que se apartan de la fe con el pretexto de disidencias o enfrentamientos con sacerdotes o autoridades eclesiásticas, es porque nunca la han tenido bien formada y no han distinguido entre principios y personas.

José Luís lo tuvo muy claro y por eso su choque con un rector del Seminario, por una cuestión devocional,  que no dogmática, no le amínalo contra sus más firmes convicciones de bien formado teólogo en vísperas, casi, de su ordenación sacerdotal.

El sí que habrá recibido el premio de su fidelidad a los “cinco talentos” que recibió: “Está bien, servidor bueno y fiel; ya que has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho: entra en el gozo de tu señor” (Mat. 25, 20).

Que goce de su bienaventuranza eternamente.