A los vanidosos les gusta adornarse en la magnanimidad, aunque repartan una calderilla indecorosa: veinte céntimos por barba de bobo y litro de gasolina. ¡Qué rumboso! Y el bobo de la baba colgante respira aliviado y agradecido desde la mórbida gravidez de su sofá, del que sólo se levanta para votar y pagar, y al que retorna siempre calladito y sumiso porque el grito y la algarada son de extremaderecha y a él le han dicho que la virtud democrática está en la tibieza.

Veinte céntimos por barba de bobo de moco y baba y litro de gasolina. Qué barata es la mansedumbre, qué fácil estabular al rebaño en los corrales del socialismo, en las pocilgas del comunismo y en los rediles del separatismo. Los esquilas fiscalmente y los desangras con el IPC, les echas forraje propagandístico en la narcótica televisión que les intoxica con una permanente pandemia de extremaderecha, y cuando la piara de bobos de moco y baba se haya tragado sus dos céntimos de burundanga les pones una urna delante del hocico y, ¡hala!, todos a votar en el carnaval de la democraciaquenoshemosdado.

Veinte céntimos de burundanga para que salgamos dando palmas de la gasolinera y 21.000 millones de euros para chochocarlas de burdel sodomita, de lírica sáfica, de sexo fluido y de género neutro. No grites, no te subleves, no seas de extremaderecha. Sé sumiso. Tan sumiso como Príamo cuando acude a pedirle a Aquiles que le devuelva el cadáver de Hector abrazando las rodillas del héroe griego: “Hago lo que ningún hombre ha hecho antes, besar las manos de quien mató a su hijo”. No seas como Aquiles, que era de extremaderecha, sé como Príamo que era tan tolerantre que, después de besar las manos de quien mató a su hijo en justo duelo, metió el Caballo de Troya en su Patria para que fuera destruida.

Tómate tus veinte céntimos de burundanga, alégrate llenando el depósito de gasolina, abraza las rodillas de Pedro Sánchez, y besa en las urnas las manos de los que han matado el presente y el futuro de tus hijos. De los que han matado a España. Vota, paga y calla. No seas como Aquiles, que era de extremaderecha. Sigue siendo un bobo de aldea a veinte céntimos el voto, a veinte céntimos el silencio. El sumidero de silencio.