Mientras los comunistas bolivarianos que nos mal gobiernan nos entretienen con el número de comensales en las reuniones familiares, y diciéndonos que la culpa de todo lo que pasa es nuestra, por desoír sus instrucciones, siguen tejiendo la tela de araña del comunismo bolivariano sobre España…

Hoy se han aprobado en el Congreso los nuevos presupuestos generales del Estado, que les aseguran tres años más de tranquilidad absoluta, con un PP que ni está ni se le espera, un ¿Rey? del que desconocemos hasta su presencia en España, y un anunciando “golpe de estado” de unos militares jubilados que tienen un chat de wasap en el que se expresan con toda libertad y confianza.

Y están en su derecho, ¿o acaso solo tiene libertad de expresión Echenique, el marqués de Galapagar, su concubina y el fantoche de La Moncloa…?

El desgobierno nos dice que podemos visitar a nuestros familiares y allegados, que en la acepción segunda del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, ¡esa que quieren suprimir en la enseñanza en España!, es “Dicho de una persona: Cercana a otra en parentesco, amistad, trato o confianza”, es decir todo el mundo, hasta los cabrones.

Hasta los 188 cabrones que han votado en el Congreso en contra de España, y de los intereses de los españoles, aumentando desaforadamente el gasto público, como si no hubiera un mañana, y que van a permitir que los inquilinos no paguen los alquileres correspondientes, desposeyendo por esa vía de hecho a los propietarios de sus pisos… ¡Si esto no es comunismo, puro y duro, que venga Dios y lo vea!

Y la expresión cabrones no es despectiva o injuriosa, sino meramente descriptiva, enunciativa.  En efecto, y según la acepción primera del Tesoro Hispánico, es decir nuestra lengua española, que no castellana, “Dicho de una persona, de un animal o de una cosa: Que hace malas pasadas o resulta molesto”.

En el caso de nuestros di-puta-dos, como me gusta escribir, su oficio, el más viejo del mundo, creo que incluso anterior a la prostitución, tiene pocas diferencias con ella, pues a pesar de que el DRAE nos define al Diputado a Cortes “Con arreglo a algunas constituciones (entre ellas, la española de 1978), persona nombrada directamente por los electores para componer la cámara única, o la de origen más popular cuando hay Senado”, lo cierto es que en nuestra Patria los di-puta-dos solo se representan a sí mismos, o más bien al partido –o partida- que les ha colocado en unas listas cerradas, sin posibilidad de cambio alguno.

Según la acepción primera del Diccionario de la RAE los diputados son “Personas nombradas por un cuerpo para representarlo”, pero la triste realidad es que los españoles no somos un cuerpo, sino un rebaño de borregos, que vamos camino del matadero, y lo que es peor, ¡la mayoría sin enterarse!

Y sobre el Congreso no voy a decir que es una casa de putas ni que los diputados son unos hijos de puta, pero lo pienso, si bien es cierto que aplicando las acepciones más correctas: casa de putas en su segunda acepción, “Lugar de gran desorden”, e hijo de puta en su acepción primera, “Mala persona”.

De cualquier forma, el problema de fondo es que los españoles no somos conscientes de que vamos a pasarlas putas, pero que muy putas, en su acepción primera: “Pasarlo mal, atravesar un momento especialmente duro o difícil”.

Ahora entiendo porque no quieren que los jóvenes españoles puedan estudiar en español: ¡es un idioma que permite insultar con una gran elegancia a los hijos de puta y cabrones”

Y todo dentro de la legalidad, de las diversas acepciones reconocidas por la Real Academia de la Lengua Española, el mayor y único Tesoro de nuestra Patria.