Despiden (digo, es un decir) al villano como si fuera un héroe, ningunean a Isabel Díaz Ayuso con un pelillos a la mar y aquí no ha pasado nada, y entronizan a Feijóo como a un Moisés que no quiere cruzar el Mar Rojo, sino zambullirse en en un mar de rojos y de separatistas con el zurrón lleno de consensos, de lenguas y dialectos aldeanos, de sexos trans, de géneros degenerados y de caridades democráticas a cambio de que Pedro Sánchez y sus juglares progresistas le otorguen el perdón ecuménico por ser una suerte de bastardo de la derecha sociológica que, como buen bastardo, reniega de la teta nutricia que le llena al mamón el biberón de leche y la urna de votos.

Se hacen la foto de familia en la Plaza de España de Sevilla y ¡et voilá! he aquí el nuevo PP renacido de la purulenta traición de los espias escleróticos y parapléjicos de Mortadelo Casado y Teodoro Filemón y de la catársis sin bisturí ni asepsia, que ni limpia la infección ni aparta el pus, dejando los viejos rencores en compás de espera rumiando venganza. Más les valdría haberse hecho la foto de familia en la calle Sierpes, tablao de los viejos trileros sevillanos (“¿dónde está la bolita, dónde está la bolita...?”) o en el Patio de Monipodio, escenario mucho más adecuado para una “organización criminal” como el PP, según la Audiencia Nacional.

Y Moisés Feijóo nos presenta, hablando un español más fluido que el gallego que farfulla, al renacido y rejuvenecido PP, cuyas más jóvenes promesas ya pintaban bisontes en las Cuevas de Altamira con el Homo Gallinacea, Mariano Rajoy. Por eso Moisés Feijóo no es más que un bostezo con halitosis del Abraham gallego que se negó a llevar a la derecha sociológica española desde Ur a la tierra prometida en su campaña electoral de 2011, y la estabuló en los pedregales del socialismo per saecula saeculorum. Amén.

Yo no sé leer el vuelo de las águilas sobre el Aventino, por eso no puedo ejercer, ni siquiera como amateur, de Espurina, el arúspice que previno a Julio César contra los Idus de Marzo, pero guárdate, Isabel, de los traidores indultados por el bostezo con halitosis de Rajoy. Estás rodeada de Brutos. En la foto de Sevilla no te sonreían, te enseñaban los colmillos.