Cuando los dirigentes gubernativos de la PSOE y de UNIDAS PODEMOS, incapaces de dar conceptos concretos a situaciones problemáticas o imprevistas, no saben cómo salir del apuro, carentes de soluciones fáciles, prefieren tranquilizar esperanzando a la población con modismos semánticos nacidos de esas inspiraciones improvisadas, que el insomnio a menudo en raptos imaginativos, favorecen tato al mundo del arte, como de la política, la guerra o la economía.

El nuevo vocablo saca de la manga un eufemismo de eufónico optimismo, tratando de armonizar la problemática económica, con el bienestar terrenal irrenunciable.

¿Qué es la normalidad…? El transcurso habitual y pacífico de las exigencias de la naturaleza.

Cuando esa marcha cotidiana y hasta rutinaria se trastoca por causas naturales o provocadas por el humano, decimos que estamos en situación de excepcionalidad, o llevado al extremo, de alarma.

Esperar retornar al hábito impuesto por la común actividad laboral, familiar y humanista, es llevar una vida normal, es decir, impuesta por las exigencias ajustadas a nuestras necesidades naturales. Aquí, lo normal, coincide con lo corriente de la frecuencia numérica, porque infrecuente, no siempre quiere decir anormal.

Todo lo normal, es infrecuente; no todo lo infrecuente es anormal. Díganselo, sino, a los genios, a los santos y a los héroes.

Estos, fueron más normales que la clase corriente y por eso llegaron más allá de lo que es simplemente de nivel mayoritario, por cultivo de sus talentos o por valor moral, llegando a las virtudes heroicas. Dones que no todo el mundo recibe del Creador.

Hablar de “nueva normalidad”, ya es una anormalidad, porque o estamos en el estado de normalidad descrito o estamos fuera de él, en todo o en parte. No hay, pues, más que una normalidad aunque ésta, como es lógico, requiera modificaciones accidentales según exigencias del desarrollo social, sin interrumpir ese nivel de paz y orden habitual en lo cotidiano.

Por tanto, una nueva normalidad, o es la normalidad de siempre o no hay otra. No hay términos medios. Todo lo demás, son originalidades semánticas como salidas eufemísticas.

En esto ocurre lo mismo que con el absurdo concepto de “la nueva evangelización, que da a entender que por ser “nueva” ya tiene que ser distinta para adaptarse a los nuevos tiempos del liberalismo político y modismos ideológicos, que nada tienen que ver con los dogmáticos e intemporales principios de la metafísica y de las enseñanzas morales y sacramentales, reveladas por Dios y completadas en plenitud por Nuestro Señor Jesucristo, en la maravilla de sus enseñanzas evangélicas, en sus parábolas llenas de profundidades pedagógicas, poniendo el dedo en la llaga de las tendencias del ser humano en sus virtudes y en sus vicios.

Por tanto, hay que llamar a la perfección de la vida religiosa a nivel mundial, una reevangelización o intensificación de la evangelización, pero nunca una nueva evangelización, ya que el Evangelio, es único e intemporal en su predicación e interpretación.

No llevemos el relativismo al blasfemo y herético transformismo de la única doctrina salvífica, sin la cual, “bajo el Cielo no se ha dado otro nombre salvífico que el de Cristo Jesús”, y “hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres” (Hechos, 5, 29).