Pasé 10 años en el colegio “El Salvador” de Leganés (2 de párvulos y 8 de EGB, entre 1979-89). Actualmente, ni una sola hora de esos 10 años sería posible de vivir ahí ni en ningún centro de enseñanza. Estaría clausurado y sus docentes encarcelados. Eran tiempos en los que los profesores daban palizas a los alumnos, y los alumnos ídem entre ellos. Tiempos de bardeos, mariposas y machetes en el patio de recreo, vallado con alambre de espino. Tiempos en los que un adolescente tripitidor y pendenciero te decía, calada tras calada de cigarro: “no probéis esto en vuestra puta vida. Yo estoy enganchado y es mi ruina. Vigila por si viene el profe y avisa o te mato” y un profesor, Don Rafael, se hincaba copas de coñac en clase, y cigarro tras cigarro, diciendo: “No probéis esto jamás”.Tiempos en los que no sabías a quien tenías que pegar primero, si al del machete oculto en la pierna o al de la mariposa en el bolsillo… Tiempos en los que 30 tíos podían rodear a 3 chicas con las tetas florecidas para meterlas mano en el recreo. No era abuso, era vida, al igual que cuando ellas nos lo hacían a nosotros sobre todo en los autocares de las excursiones. ¿Quién podía quejarse de esos apretones genitales que nos hacían las chicas, con la excusa de: “¡a la que le guste fulanito que vaya a su asiento!”? ¡Habría que ser gilipollas para no dejarse meter mano! Recuerdo a una compañera en un autocar de excursión, con 11 o 12 años que nos parecían 30, sujetando la mano de Paco Nuño en su seno derecho, sin dejar que él la quitara, oprimiéndola con su mano al velado grito de: “Déjame o vas al profesor”

Y Paco Nuño sin poder quitar la mano de tan fabuloso lugar. Yo no la metía mano porque nuestros padres eran amigos y éramos vecinos de bloques. Eso sí, Paco Nuño y el resto no sabían que yo, en mi habitación, ya conocí perfectamente los secretos corporales de esta impresionante y bellísima chica, y ella de mí… por eso me decían que si era maricón, por no meterla mano ni a ella ni a Silvia, su compañera de asiento. “Maricón, sí…” les contestaba riendo. Y pensaba: “No sabéis lo peludo y suave que tiene el coño esta tía” Patricia P.S se llama. Tiempos de saber el nombre y los 2 apellidos de tus amigos/compañeros. Tiempos donde un profesor nos sentaba a más de cien en la escalera de entrada del colegio, castigados tras haber dado 10 vueltas corriendo al patio como parte del castigo… y nos echaba una reprimenda muy seria adornada con perlas adorables como esta: “os voy a dar tal hostia que vuestros dientes van a salir diciendo maricón el último”… jamás he sufrido tanta contención de la risa, del tipo morderse el labio y algún dedo para evitarla… y aún así algún compañero (Tomás se llamaba), no podía aguantarla y recibía la consabida somanta de hostias del profesor, Don Pascual, para más señas. Tiempos donde yo apostaba con Tomás, Fernando Molano y más elementos sobre quien ganaría la liga de jurgol, si mi equipo el FCB o el suyo. Y cuando perdía la apuesta – el FCB no ganaba una mierda entonces – en vez de pagarles los duros prometidos les pagaba con cartas porno de póker que le había mangado al padre de un amigo… y encima ganaba dinero. 52 cartas a un duro por carta y 2 duros si la carta contenía entrepierna...

Tiempos donde a una profesora se le desabrochaba un botón de la camisa y veíamos sus tetas bien sujetadas, y ante las risas mitad vergüenza mitad escándalo, ella nos preguntaba de qué coño nos reíamos, y la delegada de clase le decía el motivo; y la profesora se desabrochaba la camisa por entero y nos enseñaba sus enormes pechos, bien sujetos, diciendo: “¿Es que nunca habéis visto unas tetas? Pues aquí tenéis 2. De algo así habéis mamado todos, idiotas. Vamos a seguir con la clase, que es lo importante”. Tiempos donde una profesora, la Señorita Sagrario, nos decía: “Lo mejor del mundo es ser mujer casada con marido que trabaje. Todo el día en casa, haciendo lo que me dé la gana. ¿Quién quiere pasar el día trabajando fuera? Es de locos. Yo en un par de años dejo el trabajo, terminamos de pagar el piso y a vivir de mi marido y disfrutar de la vida. Las feministas están locas”. Tiempos donde otra profesora, “La pesetera” (mote surgido tras agacharse a coger una peseta del suelo y decir: “Pa mí”) nos daba clase de inglés, con el diccionario en la mano, y menos conocimiento de inglés que nosotros con 11 años. La misma profesora que me enseñó sus enorme tetas, de pezones estratosférico e inhiestos, su entrepierna bella y velluda y me tocaba “la pilila” con sutiles excusas que yo aceptaba encantado. Tiempos donde era más fácil ver a un alumno siendo pateado en el suelo por un profesor (sí, pateado), que ver condescendencia. Tiempos en los que el recreo era toda una lucha por la vida y conservar el bocata o los bollos un prodigio de gallardía. Tiempos en que jugábamos a destrozarnos con la escusa de “churro, media manga, mangaentera” o “el pelotazo” genial versión del jurgol consistente en liarse a pelotazos entre nosotros y a patadas y puñetazos, eso sí, con la puta pelota de por medio, éramos hombres de honor. El más chungo, que parecía tener 40 años, me dio una gran patada por la espalda, sin el balón cerca, me encaré a él recriminando no la patada, sino la ausencia del balón que la justificaba… y me intentó dar un cabezazo, ya que me sacaba 2 palmos. Lo esquivé y le dí un puntapié en la espinilla. Pasó el balón entre nosotros, y seguimos “jugando” (Messi no hubiera acabado uno de esos “partidos”). Tiempos donde a mí me partieron la porra en el patio, accidentalmente, y fui chorreando sangre a mansalva, arrastrado por la mano de una profesora muy asustada, que gritaba: “¡cuánta sangre, por Dios!” y yo la decía: “Tranquila, que tengo más”. Y todos los alumnos haciéndonos pasillo, y en la escalera de camino a un baño, mi hermana mirándome con cara de susto y yo diciendo, escupiendo sangre: “Esto no es ná”. Tiempos, en definitiva, donde se forjaban hombres y mujeres con cojones. Donde la docencia realmente enseñaba cosas útiles y nosotros, los alumnos, teníamos una vida plena y repleta de situaciones muy trascendentales cada media hora… y no nos quejábamos ni teníamos móviles, psicólogos ni mierdas alienantes y dictatoriales como ahora. Tiempos donde la vida sí que merecía ser vivida. Tiempos que no volverán jamás porque esta sociedad de pusilánimes adoctrinados cree que esa no es manera de vivir…

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