"Io non capisco niente. Sommo una gavia di pazzi” (no entiendo nada. Esto es una jaula de grillos) dijo Amadeo de Saboya, dió  un portazo y se largó. Tal parece que viendo el esperpento de cuanto sucede en Cataluña no han cambiado mucho las cosas en España en 150 años.

El monotema catalán continúa siendo objeto de todo tipo de análisis desde todas las perspectivas y yo les ofrezco la mía desde la óptica militar, tal como he hecho en mis tres artículos anteriores. Tentado estaba de hacerlo siguiendo al sentido común, más una simple lectura del manual de subversión/contrasubversión me ha sacado de la idea pues de su lectura compruebo, una vez más, como todo acaba viéndose meridianamente claro.

Llegado el momento de la denominada fase insurreccional que es donde nos encontramos, y considerando los partidarios de la secesión que han logrado ya un equilibrio de fuerzas, buscan la progresiva internacionalización del conflicto buscando la “pacificación” del mismo para, no les quepa duda, dar paso con posterioridad a un Gobierno revolucionario. A partir de aquí comenzaría la eliminación de los elementos moderados con las consiguientes depuraciones sustituyendo toda fuerza de autoridad por milicias politizadas y afines a la causa revolucionaria. Es que todo esto es más viejo que la tana. De hecho ya está sucediendo.

No caben titubeos en la aplicación de la ley, y si bien con proporcionalidad, más con decisión, es el  momento de tener muy presente que divididas las fuerzas de la subversión, léase secesionistas, hay que impulsar la actividad propia para, beneficiándose de la disminución de la capacidad de los secesionistas, anular su capacidad de reacción y consumar su destrucción. Esto es lo que nos dicta la experiencia y la historia.

Al Gobierno, responsable de ganar esta batalla, no le queda otra opción que proponer de nuevo la suspensión de la autonomía catalana (artículo 155 de la Constitución), un camino incierto y lleno de dificultades que va a exigir grandes dosis de inteligencia en su aplicación pero en el que será necesario  mano firme y decisión. Si bien las características de la situación presente en la que nos encontramos donde hemos visto intentos de asalto al propio parlamento autonómico, a una comisaría de policía, la ocupación de la Delegación del Gobierno en Barcelona, la ocupación de vías de comunicación ,tanto férreas como autopistas, y en definitiva el control de la calle, me inclinan a pensar que el citado artículo 155 es ya insuficiente y lo que procedería es la aplicación del 116 ( estados de alarma , excepción o de sitio) opción que sería necesaria si bien cuasi imposible de aplicar toda vez que para ello sería preceptiva la aquiescencia del Congreso de los Diputados y ya sabemos que el enemigo está en casa.

Ahora bien, al mismo tiempo, es imprescindible que el Gobierno de la nación sea consciente del origen del problema que ha dado lugar a la situación creada y de una vez por todas proceda a incidir sobre las aspiraciones del 40% de la población catalana, bien sean estas de carácter ideológico, económico o social, incluso aunque fueran imaginarias.

Es decir, hay que investigar las causas del descontento de la población sediciosa, hay que afianzar el apoyo de esta mediante disposiciones de carácter político-social, hay que contrarrestar el efecto de la propaganda secesionista y desde luego desarticular sus redes de apoyo. Es imprescindible recuperar la iniciativa y no estar siempre a remolque de las acciones de los alocados líderes de la secesión.

Clarísimo: urge un plan conjunto de actuación bajo la dirección superior del Gobierno de la nación si bien liderado por una autoridad que al menos sepa de qué se trata el asunto y no sujeto a las luchas partidistas al uso en nuestra sociedad. Lamentablemente mucho me temo que esto no será así y todas las acciones seguirán enmarcadas con la vista en las consecuencias electorales de cada una de ellas en lugar de buscar lo que antes se denominaba el bien común.

En cualquier caso el sainete continua y a nadie le importa si se descapitaliza la otrora rica región catalana, motor de la economía española ni si puede tener voz la mayoría silenciada algo que no es una quimera sino una realidad.

¿Se encuentra la Generalitat en abierta rebeldía contra el Estado y la Constitución? Sí.

¿Se ha hecho lo indecible para que dentro de la Ley se avengan los secesionistas al diálogo? No.

¿Se ha producido un innumerable cambio de sede social de innumerables Bancos y empresas? Sí.

¿No dijo el Rey, el pasado día 3 de octubre del pasado año 2017, en su función moderadora, que se deben utilizar todos los medios para que la Generalitat vuelva al orden constitucional? Sí.

Pues entonces, adelante, no caben ya más debilidades ni titubeos.

Claro que todo lo escrito es inane si la actitud de los responsables de reconducir esta situación no es de pasividad o inoperancia sino de sutil complicidad o conveniencia. 

Estaríamos entonces en otro escenario.