“Un país a la vanguardia”. Así definió Pedro Sánchez a España al entrar en la presente legislatura. Nada más comenzar y sin saber lo que vendría después: una epidemia mundial sin precedentes.

Los chinos nos dan test defectuosos, los marroquíes cierran fronteras para que no pasen los moros para allá, Túnez nos roba 150 respiradores comprados por España a China… y aquello que no sepamos o que se me olvide.

A la vanguardia, sí, pero de reírse de nosotros. Somos el hazmerreír de todo el mundo. Potencial mundial en infectados, superando a China, imposibilidad para verlas venir, para coger recursos estatales y ponerlos al servicio de la Nación, intentos inútiles para hacer mascarillas en España, etc. ¿Qué puto poder tiene el Gobierno entonces si no sabe ordenar y poner a disposición industrias en España y empezar a generar gel desinfectante o guantes? No, somos el mismo pueblo, quien tirando de artimañas nos conseguimos estos elementos que debían ser elementos de urgencia. Desde hace tiempo debían de estar a la disposición de toda la ciudadanía. ¿No es el gobierno capaz de decir que se pongan ciertas empresas a fabricar mascarillas sin parar?

Esto está llegando a provocar risa entre los foráneos, aunque ellos estén evidentemente asustados. Ven como su país se defiende bien, o al menos observan como consiguen los recursos y ponen los mecanismos de defensa a tiempo, y sin grandes contratiempos en la consecución de los materiales o personal necesario.

Y para colmo, lo dicho en el pasado hace mucho daño a los compatriotas. Decir que como mucho va a haber tres afectados en el país, o que no se le tiene miedo al virus si lo que importa es la defensa de la mujer… Eso lleva a la gente a desesperarse.

Personas que han perdido sus trabajos, y que viven o malviven de sus rentas. Negocios cerrados, problemas hogareños sin posibilidad de respiro familiar y lo que todos ya sabemos. Todo acumulado dará una explosión de rencor focalizado en unos seres inútiles y rencorosos, que ven que por suerte para ellos, son esquivos a dicha ira por el simple miedo que tenemos los españoles a algo que trasciende lo meramente innecesario, y que, por su importancia, hace mella en la sufrida población española y que es la salud y la preocupación por enfermar. Si no fuera por esto último, por el miedo a pillar el virus, se produciría un altercado de orden público más propio de una guerra o golpe de Estado.