Leído en la prensa de hoy : Sánchez negociará con Urkullu el Estatuto de la Nación Vasca a cambio de apoyos en el Congreso”.

La situación política presente no da lugar al optimismo y cunde ciertamente el peor de los presagios en gran parte de nuestra sociedad ante la presencia de un Gobierno social comunista. Ante esta circunstancia no son pocos los que miran a los ejércitos como garantía de la pervivencia de nuestra nación. Es una constante histórica en tiempos de crisis institucional. Pienso, no obstante, que pese a la presencia comunista en el Consejo de Ministros la gravedad de la situación política no es la que se vivió durante los años de la transición cuando se amanecía un día sí y otro también con muertos sobre la mesa. Hoy gracias a Dios no es así pero sea quizás porque los movimientos estratégicos y tácticos para la destrucción de nuestra sociedad y de la unidad de España vayan ahora por otros derroteros distintos a los de la violencia , al menos hasta ahora. Dicho de otra forma: sí, no hay muertos diarios como entonces pero creo que hoy la unidad de España se encuentra ante desafíos y riesgos mayores que los de entonces.

Ante estas demandas que observo crecientes en algunos ambientes creo necesario proceder a una matización de la situación actual respecto a las Fuerzas Armadas. No es la primera vez que lo hago y por ello recurro a lo que ya he expuesto en artículos anteriores que considero oportuno reproducir en parte. Lo hago para que viejas palabras no caigan en el olvido. Sí, son viejas pero de rabiosa actualidad y por eso se hace necesaria su reiteración. Las cosas claras.

Las FAS han evolucionado, no sé si al compás de la propia sociedad, o no, pero es evidente que la transformación subliminal y sutil de un Ejército institucional en uno ocupacional es una de las razones del absentismo de aquellas en la vida pública. Ahora bien, la cuestión es que, se quiera o no, la Constitución está ahí vigente y las FAS tienen en el articulo 8.1 una misión explícita, guste o no.

Cabe aquí considerar que las intenciones que se vislumbran en lontananza de reformas constitucionales con la aquiescencia de los grupos independentistas afectan sin duda, digan lo que digan, a la esencia de la misma Constitución: al concepto de la unidad de España reflejado explícitamente en el Artículo 2 del Título Preliminar, a la indisolubilidad de la nación española. Algo que de tener éxito supondría un suicidio colectivo. Nos encontramos ante hábiles maniobras de ingeniería orgánica para transformar la Constitución al gusto de los grupos independentistas en Cataluña y País Vasco con la complicidad del PSOE de Pedro Sánchez y sus colegas comunistas a quienes la unidad milenaria de nuestra Patria parece importarles bastante poco con tal de mantenerse en el poder.

Sucede que en este proceso topan con la misión que el articulo 8.1 asigna a las Fuerzas Armadas. Una misión que define a estas como garantes de la integridad territorial y del ordenamiento constitucional. Una misión que no obstante hay que contemplar dentro del contexto general que marca la propia Constitución y es que la defensa del Estado corresponde al Gobierno y al Tribunal Constitucional velar por su integridad.

El problema surge o surgiría si llegara el caso hipotético de que estos últimos , Gobierno y Tribunal Constitucional, no estuvieran en la tarea de la defensa de lo que define el Título Preliminar de la Constitución. 

Las Fuerzas Armadas se rigen por la Constitución y esta es explícita y clara por lo que a la Unidad de España se refiere.

En la previsible situación de lo que está por acaecer todas las voces son hoy necesarias y aquellos que por Ley tienen responsabilidades fundamentales no pueden permanecer callados si llegara el caso de que estuviera  en juego la supervivencia de España como nación.

Dejemos claro que es un error confundir al Estado con el Gobierno de la Nación y no es admisible querer identificar a la Patria con el Estado.

Hoy en España es corriente la confusión que se observa en muchos estamentos al respecto; y aquí radica a mi juicio el recelo que produce muchas veces las opiniones  del militar en la política, algo de sobra admitido en cualquiera de las democracias de nuestro entorno. Alegan que la voz del militar debe atenerse a la neutralidad política. Conforme, pero tengamos claro que la salvaguarda de la unidad de España no es un interés partidista y si defender esta supone romper la neutralidad política a la que se debe el militar me temo habríamos caído en un delirio mental.

La presencia de la misión de las Fuerzas Armadas nada menos que en el Título Preliminar  de la Constitución se debe a que desde el momento en que la Patria le entrega las armas para servirla, los militares le juran fidelidad ante la Bandera que la representa. Y por eso mismo aquellas son una Institución Nacional al servicio de la Patria y no de un hipotético Gobierno que se desviara de los fines constitucionales.

De no ser así no tiene sentido el que sus misiones estén en la parte dogmática de la Constitución donde se plasman los principios constitucionales y no en la parte orgánica que es donde se diseña la estructura del estado. O sea ,las FAS están al servicio de la Patria misma constituida como Estado y regidas por lo que marca la Constitución.

Comprendo y comparto el silencio de las Fuerzas Armadas ante la presente situación política pero quiero suponer y confiar que son conscientes que de llegar el impensable suceso de la ruptura nacional que buscan los socios y cómplices del Gobierno no olvidarán lo que el pueblo español les demanda a través de la Constitución Española.

Mañana sábado y con la puesta de perfil del Gobierno se celebrará en Alsasua el OSPA EGUNA , día del odio contra la Guardia Civil , es decir contra España”