En el régimen borbónico del 78, los expañoles reducen su condición ciudadana a depositar un voto en una urna para elegir a alguien que decidirá por ellos durante, por lo menos, cuatro años porque hacerlo más a menudo es un incordio y una molestia.

Llevamos más de cuarenta años asistiendo al espectáculo del enfrentamiento aparente de las distintas facciones del régimen del 78. Y con indiferencia a esta cada cita electoral, ante la cual algunos hemos levantado siempre la bandera de la no participación en las mismas, meros refrendos plebiscitarios de un sistema político, ya no inoperante en los últimos años, sino origen y fin de la decadencia vital de la nación española.

Los mismos constitucionalistas que se escudan en la Constitución de 1978 y en aquel supuesto “clima de consenso” en el que se pergeñó ignoran y esconden que es el mismo foco de los males, de la infección que carcome las entrañas de España y los españoles. El desembarco parlamentarista de VOX es lo único novedoso con respecto a elecciones pasadas. Pero VOX no deja de ser un partido moralmente conservador, económicamente neoliberal, y “neocon” en política exterior, que muestra su identidad como expresión radicalizada del constitucionalismo. Y ahí se acaba su patriotismo constitucional, en la defensa de una Constitución que reconoce la existencia de naciones distintas a la española bajo el disfraz de “nacionalidades” y de una jefatura de Estado, heredada dinásticamente, que sancionó y celebró esa aberración.

Bien es cierto que la existencia política de VOX ha esclarecido aún más la geometría política a ojos de millones de españoles, que han podido comprobar lo numerosa que es la facción de la anti-España y la ridiculez efectiva de la pseudo-España a la hora de articular un discurso nacional medianamente coherente. Todos quedan amparados por el paraguas constitucional, todos. Porque los separatistas varios también son régimen. Como lo son el PPSOE, Ciudadanos, Podemos o VOX. O el PACMA y los Escaños en blanco.

Frente a esta amalgama no hay otra posición digna para un nacionalista español que la abstención activa, la no participación en las elecciones generales del régimen. Porque para que España viva, la Constitución del 78 debe morir. Frente a esta corruptocracia que es la monarquía de los banqueros, la instauración de una República nacional, unitaria, y presidencialista no será consecuencia de los votos en las urnas. Será el resultado de la labor de auto-organización y lucha política de los españoles conscientes de su trascendencia histórica. Sólo cabe el rechazo pleno, total, de un régimen que lleva en su esencia la propia negación de la Nación y la semilla de su destrucción. Ese rechazo sólo tiene una posible expresión ante cada cita electoral: ¡ni un voto al régimen del Borbón!

Y ya estaba tardando en ser lanzado el nuevo 15 M, solución trampa ,como lo están siendo los “balconin”, los festivales de coros y danzas desde las ventanas y balcones, y la reciente manifestación virtual. 

Hay que reconocer que va a juego con las medidas impuestas por el Covid 19. Pero si es dudoso el aislamiento para combatir al virus, no hay ninguna duda de que no sirve como método de lucha la reciente manifestación virtual, que lejos de concienciar a los ciudadanos de cuales son sus verdaderos problemas, profundizan cada vez más la colaboración con el régimen borbónico y la Constitución de 1978, principio y fin de todos los males que acechan a nuestra maltrecha España. 

Qué bien lo hizo Franco al dejarnos como herencia no solo la monarquía sino también al monarca, que en estrecha colaboración con el capital, los partidos políticos y sindicatos del régimen, han creado un entramado de vampiros, que se han encargado sistemáticamente de vampirizar y succionar la savia de la soberanía nacional, tan esencial para el ejercicio democrático, de la tan necesaria República unitaria, marco imprescindible para instalar de una vez por todas la igualdad política de todos los ciudadanos, porque sin ella no es posible ni la libertad ni una justicia igual para todos.

¿Cambio de gobierno? No. ¡Cambio de régimen!