Nada justifica la abstención ante la injusticia y la mentira. Nada. Nunca. VOX pide la vez en la cola del antifranquismo de curso legal en Melilla y se abstiene en la votación de la Damnatio Memoriae de la estatua del Comandante Franco, que salvó a Melilla de caer en manos de Abd el-Krim tras el pavoroso Desastre de Annual, en el que los rifeños abrían en canal a los soldados españoles, quemaban vivos a los prisioneros y a los heridos les cortaban los testículos, se los metían en la boca y les cosían los labios con los cordones de las botas dejándolos agonizando al sol. Ese mismo destino llevaban los moros en sus morrales para los melillenses. De eso les salvó el Comandante Franco al mando de la I Bandera de La Legión. Tanto huir de la memoria del Generalísimo que han acabado escapando de la defensa del Comandante Franco. No te pongas más el chapiri, Abascal, que El Tercio también lo fundó Francisco Franco y, además de quedarte como a un Cristo dos pistolas, te van a llamar franquista desde el gallinero de la derecha y desde las pocilgas de la izquierda.

He ahí la victoria de los complejos, esas fuerzas oscuras que nos gobiernan, sobre la Verdad y lo Justo. Cuando alguien se ofende porque desde la pomada política y mediática le llaman franquista, muestra su miedo y su estupidez a banderas desplegadas. Si el “ofendido”, encima, es de VOX, su miedo es suficientemente elocuente, en tanto que revelador, de la inconsistencia de su gallarda postura frente a la corrección política, que es el Vademécum de la Tiranía Progre, en cuyo diccionario, para tontos y cobardes con democratítis aguda, Franquista es la palabra que adjetiva el Mal. Además, la estupidez del “ofendido” corre pareja al ridículo en el que chapotea, voluntaria e innecesariamente, reclamando la ignota dignidad, al parecer innata, de la cualidad de no ser franquista. Empezamos a ser tontos cuando aceptamos como dogmas los trágalas de la corrección política. Ser franquista no es una injuria ni un estigma. La estupidez y la cobardía sí lo son, y militan en todos los partidos políticos. También en VOX.

No hace falta ser franquista para defender con la Verdad, la Justicia y la Historia, la vida, la obra, el nombre y la memoria de Francisco Franco. Dos políticos que hasta Santiago Abascal presupongo que conoce, Churchill y De Gaulle, mostraron su admiración y gratitud por el General Franco. Ninguno de los dos era franquista, pero la Verdad lo es por encima y más allá de nuestra filias y fobias personales, y para defenderla basta con ser un hombre libre. O sea, un hombre. De lo contrario desciendes hasta la más baja stofa de la condición humana que es la que por Derecho Natural, por Derecho Positivo, por méritos propios y por ejercicio profesional okupan los políticos españoles. Todos. Los de VOX-Melilla, también. Si ellos se abstienen en la defensa del Comandante Franco, que salvó a sus abuelitos de que las hordas de Abd el-Krim les cortasen los huevos a todos para hacerse pinchos morunos con ellos, yo me abstendré de votarles, porque yo sí soy franquista, y a banderas desplegadas, pues el que no es agradecido (mi abuelo combatió en Annual y en Melilla) no es biennacido. Y el que no es biennacido suele ser un hijo de puta. A banderas desplegadas, también.