Desde que Carolina Bescansa, aquella miembra de la nobleza del partido Podemos llegó al Congreso de los Diputados resuelta a darle el pecho a su bebé con millones de españoles y cientos de diputados de testigos -sus razones tendría-, la guardería del Congreso de los Diputados  hizo su presentación pública.

Entonces, copó las primeras páginas de algunos periódicos mal intencionado que sugerían en docenas de artículos que la diputada podemita podría haberle dado de mamar, con muchísima más comodidad e incluso con la intimidad requerida por un bebé exigente, en la guardería que el edificio tiene ex profeso para el asunto que nos ocupa.

Desconociendo, seguramente, cuántas madres matarían por esa posibilidad.

Traigo el temita a colación a un mes de que millones de padres en este país se dispongan a dejar a sus bebés en guarderías, con el alma en vilo. Por un lado por tener que separarse de ellos, por otro rezando para que, a pesar de los pesares, se haga necesario dejarlos, dado que ello significará que se encuentran entre los afortunados que conservan el trabajo en España después de la gestión de la pandemia. Y por otro, y por el bien de los abuelos —quienes todavía los conserven—, para que después de cumplidas las anteriores exigencias, tengan la suerte de encontrar  una plaza de guardería asequible a su bolsillo.

Cuando las guarderías subvencionadas y suficientes en número para llevar a cabo la cacareada conciliación familiar sigue siendo una asignatura pendiente para Gobiernos pasados y presentes, y tras sumarse la incomodidad del coronavirus —¡Vaya por dios!—, nos llega la noticia de una nueva licitación de la guardería del Congreso. Una noticia que trae la prensa de esta semana con una bonita foto de la diputada de Podemos y señora de uno de los cuatro vicepresidentes de Sánchez, Irene Montero, con una de sus niñas en brazos. ¡Qué tierno todo!

Publicado en el Boletín Oficial del Estado del 24 de julio, con un valor estimado de 454.084 €, sus señorías y señoríos se aseguran su comodidad y la seguridad de sus retoños y «el que venga detrás… que arreé». La guardería consta de unos 350 metros cuadrados, entre patio exterior y tres aulas interiores: Delfín, Pelícano y León, destinadas a niños de 0 a 1 año, de 1 a 2 y de 2 a 3, respectivamente, más una sala multiusos y una cocina.

El espacio dedicado a los niños de sus señorías y de los trabajadores del edificio, ya disfrutó de una reforma en 2010 de más de un millón de euros, tras abrir sus puertas en 2006.

Es emocionante ver cómo sus señorías se ocupan de sus vástagos amados, de los niños y niñas de sus ojos, mientras siguen prometiendo conciliación familiar a trochemoche a cambio de votos.

Mientras las mujeres autónomas se hacen viejas esperándola -la conciliación esa—, con lágrimas en los ojos y jornadas a tiempo partido, de 10 a 11 horas de trabajo; y las madres solteras o separadas se quedan de una pieza al saber que sus señorías concilian lo inconciliable por el módico precio de 150 euros que es lo que les cuesta a sus señorías, señoríos e impuestos incluidos, la guardería sin tenerse que desplazar de su lugar de trabajo.

Imagine un hotel de lujo, en el centro de Madrid o Barcelona, o a la orilla del mar en Cádiz o Alicante…, con pensión completa, alta cocina y todo pata negra, por el módico precio de 10 leuros la noche… ¿qué… qué no?

Me gustaría saber qué piensan al respecto todos esos empresarios y autónomos que hacen números para adaptar las guarderías al Covid 19, es decir, como sobreviven con la mitad de los niños, cobrando lo mismo…

Estos son los precios más populares que hemos encontrado y muy populares se nos hacen teniendo en cuenta las parejas amigas con niños pequeños consultadas: matrícula: entre 150 y 200 euros; seguro escolar: entre 25 y 30 euros; guardería: entre 180 y 200 euros mensuales (sin contar el comedor); material (en el que puede entrar uniforme, o chandal, babero, etc…): entre 100 y 150 euros; comedor escolar, entre 120 y 160 euros; ampliación horaria, unos 30 euros al mes. Sumen ustedes.

Mientras 2021 nos mira desde el futuro con cara de pocos milagros, sus señorías y señoríos confían en que el pliego de condiciones: “adaptar los materiales y sistemas a los usos específicos, así como dar respuesta a los requerimientos y observaciones realizadas por los usuarios y por los responsables del Congreso de los Diputados” esté resuelto en unos meses.

Esto es, dicho en lenguaje coloquial, un trabajito a gusto del consumidor, que vamos a pagar en comandita todos los españoles.  ¡Qué no se hace por un hijo!

Eso sí, si la licitación sufriera o sufriese algún contratiempo, como que el concurso quede desierto, los leoncillos del Congreso podrían no estrenar guarde hasta el año siguiente.

El plazo de presentación de ofertas finaliza el 18 de septiembre… Medio millón de euros esperan para abastecer más privilegios de esta nuestra casta política, mientras cuidan de nosotros subiéndonos los impuestos…, que los ricos son muy malos y pagan muy poco. 

 Los ricos dicen… ¡Con dos cojones!