Nuestro querido Gobierno ha solucionado el problema de los niños.

Van a salir de casa.

El lunes al súper. El martes a la farmacia, entrar y salir porque no necesitamos nada. El miércoles a la panadería. El jueves a la pescadería. El viernes a la carnicería. El sábado otra vez al súper. El domingo, como todo está cerrado salvo la farmacia, otra vez entrar y salir porque no necesitamos nada.

Ya saben que de lo que se trata es que se aireen, y en lugares concurridos y cerrados no parece que vaya a haber ese bicho que contagia. Sin problema.

Y, además el súper, panadería, carnicería, pescadería o farmacia son superinteresantes y superdivertidos. Sobre todo para el personal que está en las cajas y los reponedores, con el chillerío propio de la infancia pululando en esos establecimientos y emitiendo gritos, abrazos a sus amigotes que estarán también ahí pues no hay otros sitios donde ir. Tropezándose con diestro y siniestro. Bueno, más bien con siniestro. Subiéndose a la quinta balda de la estantería de los yogures. Etc.

Estoy seguro de que nuestros niños (y niñas), hijos (e hijas) y nietos (*), estarán deseosos, anhelantes, inquietos, ansiosos, por ir al súper. Yo le tengo dicho a mi nieto pequeño que se fije bien, a ver si ve la corona a uno de esos bichos tan famosos. Que igual se lo encuentra ahí.

Y como no hay mascarillas para los niños (y niñas) podemos probar con cinta de esa ancha que sirve para el embalaje, y para los orificios nasales algodón. Y si el niño (perdón, o la niña) se pone morado lo más recomendable es sacarle de la nariz los tapones. Ya saben que el objetivo es que respiren aire fresco y salgan a la calle. Eso sí, acompañados, y sin darles la mano por si acaso.

Qué buenas ideas tiene nuestro Gobierno. Tenemos que estar muy agradecidos de como cuidan de nosotros, sus siervos, y lo amansados que nos tienen. Desde que admiro y hago caso al Gobierno, contribuyendo al buen clima y a la paz universal, me siento más tranquilo. Espiritualmente más unido a este “Nuevo Orden”.

Este Gobierno es cojonudo. ¡Alabí, alabí, alabí bom ba. Sánchez, Sánchez y nadie más!

¿He creado algún bulo? ¿Me salvo?

(*) Me he olvidado de nietas.