El desgobierno que padecemos, dirigido a dúo por los “comandantes” Sánchez e Iglesias –en realidad el que manda es el segundo; el otro solo figura-, después de no hacer nada, contribuyendo así al agravamiento del problema, ahora quiere salvarnos de la situación que ellos mismos han provocado.

Y no solo eso, sino que pretenden que sigamos pagando impuestos, y cotizando a la seguridad social como si estuviéramos en una situación normal, con los negocios abiertos, y facturando alegremente.

En una primera etapa, real decreto 463/2020, de 14 de marzo, disposiciones adicionales segunda y tercera, se suspenden todos los plazos procesales y administrativos, como no podía ser menos, ante el cese de la mayoría de las actividades empresariales, del mediano y pequeño comercio, autónomos, con o sin asalariados, etc.

Hasta ahí, todo correcto, pero no es de recibo la posterior rectificación por real decreto 465/2020, de 17 de marzo, que modifica la normativa anterior en el sentido siguiente:

Cuatro, apartado 5. La suspensión de los términos y la interrupción de los plazos a que se hace referencia…no será de aplicación a los procedimientos administrativos en los ámbitos de la afiliación, la liquidación y la cotización de la Seguridad Social.

6. La suspensión de los términos y la interrupción de los plazos administrativos a que se hace referencia…no será de aplicación a los plazos tributarios, sujetos a normativa especial, ni afectará, en particular, a los plazos para la presentación de declaraciones y autoliquidaciones tributarias”.

En otras palabras, sigue pagando a Hacienda y a la Seguridad Social, y no se te ocurra dejar de pagar, que somos medio millón de politicastros viviendo del cuento, y tenemos que seguir cobrando esos sueldazos que nosotros mismos nos hemos puesto.

Y, por supuesto, ni se te ocurra pensar, pobre desgraciado, que vamos a apretarnos el cinturón, rebajarnos la soldada, disminuir los miles de “asesores” que tenemos nombrados a dedo –en realidad “comisarios” de los respectivos partidos políticos-, etc.

¡Que hasta ahí podríamos llegar!

Antes se muere el burro –es decir, el noble, sufrido y tonto pueblo español-, que nosotros nos bajamos del burro.