A la galería interminable de estupideces que nos afligen se ha añadido hace poco una más: una siniestra y penosa iniciativa llamada “no sin mujeres” que ha nacido en el mundo académico. Consiste en negarse a participar en cualquier evento (ponencias, conferencias, congresos, etcétera) donde no haya una representación femenina.

Este tipo de imposiciones, de manera abierta o encubierta, ya son habituales en los países y los ambientes que han caído bajo el triste dominio de la corrección política, esa tiranía que donde triunfa convierte la vida cultural en un contenedor de basura, crea una atmósfera irrespirable y un ambiente liberticida, donde está prohibido hablar y pensar. Pero ahora se da un paso más: llegamos a la imposición explícita y automática (es el objetivo al que esta gente quiere llegar) de la presencia de mujeres, tengan o no algo que decir y cualquiera que sea la calidad de su trabajo, sólo por ser mujeres.

Esta iniciativa evidentemente es un nuevo pataleo feminista, es purísima tiranía feminista en acción, es la imposición de la llamada perspectiva de género, repugnante expresión en código que está muy de moda como todos sabemos, y cuyo verdadero significado es favorecer a las mujeres, regalarles privilegios y prebendas. En virtud no de sus méritos sino exclusivamente de su sexo; en este caso imponer una participación femenina a la fuerza en cualquier actividad del ámbito académico.

Esta iniciativa lamentable no ha partido de las mujeres sino de un grupo de hombres. De esos hombres domesticados y esos cerebros totalmente lavados por el feminismo que hemos aprendido bien a conocer en su abyección, completamente dominados y teledirigidos por el principio femenino, llevan interiorizada la propaganda feminista que desde decenios está arrojando fango sobre los varones y la masculinidad.

Buceando entre las páginas y los foros de esta gente nos damos cuenta de los límites mentales y la mediocridad de este tipo de ambientes. Por ejemplo en los ridículos “debates” sobre si ésta es una iniciativa “paternalista” hacia las mujeres, cuando es simplemente la enésima auto-humillación del hombre domesticado y el enésimo pataleo de féminas inútiles que, incapaces de hacer valer sus inexistentes méritos, exigen que se les regalen puestos porque ellas lo valen, utilizando a sus teledirigidos mentales para que den la cara.

Otra “crítica” a este tipo de políticas es que las perjudicadas son en primer lugar las mujeres de valía que podrían ver así puesto su trabajo en tela de juicio. Esto tiene su parte de verdad, evidentemente. Pero en primer lugar los perjudicados por esta discriminación positiva son los varones que dejarán de participar en conferencias y ponencias para cumplir con la imposición de la presencia femenina, una vez que el criterio del mérito se abandona y se introduce la perspectiva de género. Sólo de manera secundaria las perjudicadas son las mujeres capaces.

Es exactamente análogo a lo que sucede con la epidemia de denuncias falsas por violencia doméstica, fomentadas por una repugnante legislación que también aplica una perspectiva de género. Las principales perjudicadas no son de ninguna manera las mujeres realmente maltratadas, sino los hombres falsamente denunciados.

Concluyendo ya, es oportuno insistir en que con este tipo de cosas también las mujeres de valía salen perjudicadas, aunque sea de manera indirecta. Y es que hoy en día existe tal obsesión por favorecer a la mujer, tal afán por regalarle prebendas y privilegios, por imponer su presencia en todas partes, que hasta prueba de lo contrario hay que desconfiar, por principio, de cualquier mujer que sea nombrada para cualquier cosa, y muy especialmente para puestos de responsabilidad. Esto es verdad ya desde hace años y se han ganado a pulso esta desconfianza, que estará cada vez más justificada a medida que la igualdad de género e iniciativas como la comentada en estas líneas impongan su sinrazón.

Iniciativas repugnantes, vomitivas y liberticidas contra las que hay que luchar sin tregua en nombre del conocimiento, la inteligencia, la cultura y la libertad.