Me comenta un conocido: “¿Se da cuenta, señor Moa, de que usted es el único en España que propugna la neutralidad de España y su salida de la OTAN?  ¿Se da cuenta de que salir de la OTAN comportaría que la OTAN nos declarase enemigos, que seguramente apoyaría los separatismos vasco y catalán para disgregar a España y apoyaría también las ambiciones de Marruecos? ¿Se da cuenta de incluso VOX apoya a la OTAN? ¿Qué clase de análisis hace usted? Salir de la OTAN podría traer consigo la demolición, sí, la demolición del país. Nos guste o no, esa es la verdadera posición de España…”
Lo que ahí se plantea es que nuestra posición en la OTAN es la del comerciante al que la mafia ofrece “protección”… contra ella misma. Esta es la “verdadera posición”. Según la mayoría, debemos aceptarlo porque no habría alternativa. El “argumento” trata de ignorar, además, que los gobiernos que así razonan (porque es el fondo de ese razonamiento: la sumisión al chantaje) han promovido además los separatismos en España y  al admitir que la propia OTAN no cubra Ceuta y Melilla admiten de paso que antes o después se entregue ambas ciudades a Marruecos.
El “argumento”  supone también que la OTAN (Usa y la potencia de Gibraltar) son absolutamente poderosos y que sería contraproducente causarles algún disgusto.  Que su poder dista mucho del que se dice lo explican muy bien su serie de derrotas desde Vietnam a Afganistán, ante países de apariencia insignificante. En cuanto a España, no necesita a la OTAN para resolver sus problemas internos y para afrontar sus amenazas externas. Una neutralidad sostenida con energía y no hostil a la OTAN es perfectamente factible, pues si la OTAN se dedicara a aventuras con los separatismos y Marruecos podría encontrar una neutralidad inamistosa que no le convendría en absoluto,  dada la posición geoestratégica de España, y  le expondría además a  perder a su aliada Marruecos,  un régimen con serias debilidades internas. En todos los problemas internos y externos que sufre España nos encontramos siempre con unos gobiernos, sean PP o PSOE, que fortalecen a los enemigos externos e internos.
Contra la neutralidad se han conjurado todos los partidos, extendiendo a gran parte de la población  la idea de España como un país inevitablemente lacayo y servil.  He dicho a menudo que nuestro modelo en ese sentido debería ser Suiza, un país pequeño pero próspero y  universalmente respetado.  Por eso lo que tenemos que plantearnos es cómo crear opinión pública en favor de la neutralidad.