Llevamos ya años asistiendo a una campaña de acoso y derribo contra la Monarquía y, en consecuencia, contra el modelo de Estado que con mayor o menor entusiasmo nos dimos los españoles en 1978, campaña que se ha intensificado en los últimos meses, como es por todos conocido. Como ya he escrito en este mismo medio, creo que la famosa donación y el comportamiento adúltero del ex Rey son solo la excusa perfecta para poner en marcha la maquinaria de demolición de la monarquía y dar paso a la III República -plurinacional, socialista y bolivariana-, pero también creo que el propio Emérito, el actual rey Felipe VI y, especialmente, los funcionarios de Casa Real que están para aconsejarles han cometido sucesivos y gravísimos errores al gestionar la respuesta a esto ataques; en realidad creo que no han hecho nada bien.

La cacería (y nunca mejor dicho) empezó a raíz del famoso safari en Botswana, allá por el año 2012; un viaje evidentemente inoportuno, pues en España estábamos en plena crisis, y además hecho innecesariamente “de tapadillo” y con compañías muy inadecuadas, pero nada más. Si Casa Real hubiera informado que el Rey se tomaba unos días de vacaciones y que se iba de caza a Botswana, una actividad perfectamente legal y honorable (olvidándonos de los acompañantes), salvo los republicanos recalcitrantes, que haga lo que haga el Rey siempre berrean, y quizás los lunáticos animalistas aquí no hubiera pasado nada. Pero no es eso lo peor, lo peor en mi opinión es la estúpida y ridícula petición pública de perdón que le forzaron a hacer, como si de un adolescente al que hubieran pillado fumando se tratara, algo patético (solo le faltó llorar) y que destrozó de un plumazo el aura de superioridad que debe acompañar a un Rey, pues si se pierde ese respeto y se le convierte en un ciudadano común la monarquía pierde una parte importante de su razón de ser. Probablemente pensaron que con ese acto impropio de un Rey habían parado el ataque. Primer error.

Dos años después, en junio de 2014, con el entonces Rey todavía suficientemente en forma para cumplir con sus funciones y con España aún inmersa en la gran crisis de 2008, le fuerzan a abdicar, y si no le fuerzan al menos se lo permiten, y lo hace repentina e inesperadamente, sin ninguna explicación creíble (los más cándidos pensaron que era un castigo por el safari en Botswana y los peor pensados imaginaron todo tipo de razones inconfesables y ocultas) y sin una mínima etapa de transición durante la que, como se ha hecho en muchas otras monarquías, el Heredero tomara el peso de la agenda y de las funciones de representación, pero contando durante un tiempo con el paraguas del Rey “padre”. No contentos con eso, le ningunean bochornosamente, ignorándole incluso en actos de Estado en los que debería haber tenido un papel preponderante, como en los fastos del 40º aniversario de la Constitución de 1978. Segundo error.

Tercer y gravísimo error: no declaran voluntariamente, antes de que la golfa de su amante lo utilizara para chantajearle, el asunto de los millones regalados por el Rey saudí a una fundación suiza presuntamente constituida por el ex Rey. Dado que cuando algo lo sabe más de una sola persona deja de ser un secreto, siempre es mejor ser tú el que elige el momento y ser tú el que da la primera versión. Si hubieran controlado la detonación los efectos no hubieran sido tan devastadores. Es innecesario decir que el gran error de origen es haber aceptado esa donación y el siguiente es no haberlo declarado a la Hacienda Pública, si es que tenía que hacerlo (yo tengo serias dudas, pues no creo que una fundación constituida en Suiza tenga que declarar nada en España, salvo que el contribuyente Juan Carlos de Borbón, persona física, haya recibido fondos de esa fundación suiza o haya utilizado bienes de esa fundación para su propio disfrute, lo que no está probado), pero una vez que has metido la pata, aparte de liquidar los impuestos que procedan, si proceden (con el correspondiente recargo, en su caso), hay que “cantar” para controlar los daños y además contar “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”, por muy fea que ésta sea, pues así se evita que el enemigo la pinte como más fea aún; por ejemplo, las acusaciones de “corrupción”, haciendo creer que esos fondos son una imaginaria “comisión” por la adjudicación de la obra del AVE Meca-Medina son completamente infundadas, pues todo ocurrió tres años antes de adjudicarse la obra y además sería la primera vez en la historia que el adjudicatario de la obra, el “cliente”, le paga una comisión al contratista, el mundo al revés; y también carece totalmente de fundamento la acusación de “blanqueo de capitales”, pues para ello deben ser fondos de origen ilícito, lo que evidentemente no es el caso. Como Casa Real no se ha dignado a explicar en detalle cuando, cuanto, de dónde y quien recibió los fondos, ni qué se hizo exactamente con ellos después (aparte de poner no se sabe si una parte o la totalidad a nombre de la fulana, no se sabe tampoco con seguridad si en depósito -que parece lo más probable- o si fue un regalo -lo que no es creíble, dado el importe que se menciona en los medios-) la historia se presta a cuantas manipulaciones, bulos y mentiras interesadas se deseé.

Cuarto error: reacción desmesurada y hasta cierto punto histérica del actual Rey cuando se hizo público el asunto de la donación; renuncia a la herencia (salvo al título de Rey, que aunque no sea una herencia propiamente dicha se le parece mucho) y retira la asignación que el Emérito recibía del presupuesto de la Casa Real. Con esa actuación, su propio hijo le estaba condenando sin juicio, estaba ejecutando ‘ipso facto’ la sentencia, estaba magnificando los hechos que se le imputan (no judicialmente, pues hasta la fecha ninguna autoridad ni judicial ni de ningún otro tipo, ni en España ni fuera de España le está ni siquiera investigando), estaba dando a entender que el ex Rey tenía una fortuna escondida en algún sitio, de modo que no necesitaba la asignación para vivir y, en definitiva, le estaba poniendo “a los pies de los caballos”. El ex Rey, con la legislación en vigor, y en particular con el Real Decreto 470/2014 en el que se modifica el R.D. 1386/1987 sobre “Régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los Regentes”, que no ha sido derogado ni modificado, no solo conserva legalmente el título de Rey (ni siquiera se menciona lo de “Emérito” en el R.D.), sino que se dice expresamente que permanece como miembro de la Familia Real, que tiene derecho a ser tratado como Majestad y a recibir honores (militares) similares a los establecidos para el Heredero de la Corona y que es el quinto (después del actual Rey, su consorte y sus hijas) en orden de precedencia en el Ordenamiento General de Precedencias del Estado, además (y esto ya no es del R.D. 470/2014) de seguir ostentando el rango de Capitán General (en la reserva) en el escalafón militar. Mientras nadie derogue todo eso, quitarle su asignación y, de hecho, “expulsarle” de la Familia Real y condenarle al ostracismo es algo muy parecido a la prevaricación y, desde luego, contraproducente e injusto.

Y quinto error: el destierro del ex Rey, probablemente obligado por su hijo (esto es especulación mía) a su vez forzado por esta piara de facinerosos que ocupa el Palacio de la Moncloa y, especialmente, la carta que envía el ex Rey a su hijo, donde implícitamente reconoce que su presencia en España hace daño a la Institución y la respuesta de su hijo, donde entre otras cosas le agradece que se marche … Si esas cartas las hubiera redactado el “Chepas” no habrían sido más nocivas. Si la conclusión del Rey y de sus asesores de Casa Real fue que lo mejor era que el ex Rey se “quitara de en medio” una temporada, bastaba con que informaran que se marchaba de vacaciones por tiempo indefinido a casa de su amigo Fanjul, en República Dominicana. Y punto. Si lo que pretendían, en cambio, es saciar a las fieras entregándoles como trofeo el destierro del ex Rey, es obvio que no lo han conseguido, más bien al contrario, pues les han dado munición para seguir malmetiendo no solo contra el Emérito sino contra la Institución.

En definitiva, una estrategia cobardemente defensiva desde el primer momento, cediendo terreno continuamente sin ganar nada a cambio y dando más y más carnaza a los tiburones que los quieren descuartizar. Es una pena, pero como ha dicho algún articulista estos días, “los Borbones siempre mansean”

Dicho en lenguaje vulgar, “se nos ha juntado el hambre con las ganas de comer”: mientras padecemos a un grupo de bandoleros empeñados en derribar a toda costa lo que ellos llaman “el régimen del 78”, tenemos la desgracia, primero, de que el ex Rey haya cometido en el pasado enormes meteduras de pata en su vida privada (por ser amable) y, segundo, de que él, su hijo y todos los que les deben aconsejar (empezando por la consorte, que me temo que ha debido intervenir más de la cuenta en este desastre) hayan cometido y sigan cometiendo estruendosos errores en la gestión de la crisis y en la comunicación.

Así, apaga y vámonos.