Ayer fui a misa. Una extraña sensación, un sentimiento encontrado después de dos meses sin celebraciones, sin rito, sin contacto físico con lo sagrado. Gel, asientos cruzados por bandas plásticas de prohibición, aforo limitado, dos personas por bancas alternadas, mascarillas, poco más de 10 o 12 feligreses, guantes. Una nueva comunión distanciada.

La reclusión y el confinamiento de la fe en el ámbito de lo privado es un viejo proyecto globalista impulsado por el llamado progresismo. Para éste, la fe cristiana manifestada públicamente es una ofensa hacia los colectivos minoritarios que sí han impuesto su fe prometeica y atea en todos los ámbitos de nuestra sociedad pandemizada.

La sexualidad puramente biológica, el placer hedonista, individual y artificial, rotulado con las más variopintas siglas y coloridas banderas estrambóticas, intenta remplazar a Dios, desplazándolo de lo público al ámbito privado, hacia lo más profundo del último armario en el que buscan esconderlo antes de eliminarlo definitivamente. Esta nueva religión, sí ocupa lo publico en esta sociedad sin disenso. El sexo sí es público, incluso con sus “perspectivas de género ante la pandemia”, en la calle, informativos, publicidad… Dios es anticuado, privado.

Pero cuidado, la vara de medir no es igual para todos. Leo como todos los días la prensa italiana, Il Giornale, una de las cabeceras más importantes y de prestigio, fundada por Indro Montanelli. Me llama la atención el artículo firmado por el periodista Marco Gombacci titulado “La doppia morale della Spagna. Duri con Chiesa non con islam” (La doble moral de España. Duros con la Iglesia, pero no con el Islam). En él se puede leer: “La oportunidad de permitir en la época del coronavirus, las celebraciones de las misas encendieron el debate también en la (ex) católica España. El gobierno socialista dirigido por Pedro Sanchez ha promulgado un decreto que prohíbe categóricamente las funciones religiosas con el fin de evitar la propagación del virus Covid19. Esta prohibición, que se hizo cumplir estrictamente para los fieles cristianos que fueron multados o expulsados de los lugares de oración, sin embargo, para los musulmanes se decidió hacer la vista gorda ante el temor a problemas de orden público”. Una verdad como un templo que dispara las alarmas en Italia, pero que aquí es algo que pasa casi desapercibido. El artículo continúa describiendo y enumerando los distintos episodios referentes acontecidos en España, advirtiendo que este ataque a la iglesia podría ser solo el principio.

Extraños compañeros de viaje tenemos desde hace algún tiempo ya por estas tierras, la fiesta del Orgullo Gay más grande del mundo y el Ramadán. Nada es casual como tampoco la nueva normalidad al final de las fases en las que estamos inmersos. Libertades individuales fundamentales para unos, prohibiciones para otros y arcoiris y sumisión para todos.

Ayer fui a misa. En la parroquia, la imagen de La Dolorosa, sus lágrimas de Madre y su corazón atravesado por puñales me pareció casi como un presagio. Que su manto protector nos ampare, como lo hizo siempre, una vez más. Amén.