Lo que necesita España para salir de esta caótica situación en la que, pasito a pasito desde hace cuarenta y seis años, nos han ido empujando hasta enterrarnos en ella es honradez, cerebro, creatividad y dedicación. Personas inteligentes (que las hay en España; echad un ojo en VOX ¡y también fuera!)  que además estén debidamente preparadas; profesionales con experiencia en la vida civil, capaces de desarrollar y llevar a buen puerto los planes que la lógica exige para alcanzar la buena gobernación (que no gobernanza) de nuestro país.

La Inteligencia es imprescindible porque la gilipollez, después de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y ahora Pedro Sánchez nos ha vuelto a demostrar su enorme carga de frustrante negatividad por mucho empeño que alguno  de esos canallas hipermillonarios/as hijos/as de infinidad de padres desconocidos, casi todos filibusteros de las Antillas, lo que marca el origen de sus fortunas, y madre que desarrolla su profesión en el Polígono Cobo Calleja (entre las decentes putas) que ocultos en la oscuridad menos penetrante, mueven los hilos del guiñol a sus bastardos intereses y a su cabrónico antojo, utilizando para ello personajes zafios, vanos, incultos e incapacitados para lo positivo como parece demostrarlo (la deuda española ha batido su récord 1,45 billones) los resultados a los que ha llegado la tropilla que en este punto y hora los españoles, porque escasean los cojones, estamos obligados a sufrir.

Si; somos muchos los españoles que sufrimos viendo convertida nuestra patria en un mercadillo chungo en el que los mercachifles sin decencia ni honor, reyezuelos del "compro, vendo cambio"; los "sancheces", las "monteros", las "diazes" y demás piezas de desguace humano, comercia en propio beneficio sin que les importe un pijo que esa actitud consiga que cunda en el exterior el desprecio por todo lo español, y que por ello, se haya llegado a la ruina total en el interior.

Mejor nos podría haber ido si en vez de ellos, ellas y elles, quienes se sentaran en los bancos azules fuera los Nicol, el castizo pato, la pija Daisy, el "amarlaskado" león Rodolfo y la entrañable sorda doña Rogelia. La gran familia de  Mary Carmen que sin duda nos habría endulzado el trago, por amargo que este  pudiera llegar a ser.