La democracia es en gran medida la lucha de las oligarquías o partidos  por crear opinión pública favorable a ellas. Esa opinión la crean fundamentalmente los medios de masas. Cuando estos se decantan casi unánimemente por una opción, como en los países comunistas, ya no hay democracia, y esto es lo que ha ocurrido ahora en Usa. La diferencia es que en la URSS se debía a  la presión del estado, mientras que en Usa ha sido una opción particular “libre” de cada medio. El resultado es, sin embargo, el mismo, con otra diferencia: en Usa no han podido impedir que la mitad de la población se haya manifestado en contra, dejando en evidencia que los MMM van contra las ideas e intereses de esa mitad de la sociedad, lo que, de entrada, hace tambalear la dominación de los amos de la Triple M y de otras muchas cosas.
   ¿Cómo ha podido suceder? Lo que he llamado “ideología anglosajona”,  cifra la noción del sentido de la vida, la política  y  la historia en la técnica y el dinero. Y la técnica y el dinero, concentrados en pocas manos, tratan de imponer sus intereses, en nombre, bien entendido, de la humanidad, el progreso y ¡la democracia!, de los cuales se erigen en jueces y representantes. En las elecciones, el dinero es clave, es la sangre que riega las ideas, los medios y las lealtades. En las anteriores elecciones, los amos de la Triple M, de Hollywood, de los sindicatos (tradicionalmente corruptos), de las universidades (productoras  hoy  de aberraciones asombrosas, incluido el suicidio social) estaban tan ciertos de tener bien manipulada la opinión pública, que hacían chistes sobre Trump (Por cierto que su candidata Clinton, “primera mujer presidente”, era una auténtica criminal ultraabortista y un tanto demente: solo hay que ver el vídeo de su reacción ante el salvaje asesinato de Gadafi). Pero Trump, asombrosamente, ganó con mucho menos dinero. La reacción  “demócrata” se manifestó en mil violencias, incendios y manifestaciones histéricas. Pero la lección fue aprendida, como la revista Time ha mostrado, de modo innecesario  por lo demás, pues estaba bien a la vista. En una “conspiración en la sombra”,  sindicatos, activistas  de ultraizquierda   y “titanes de los negocios”  cerraron filas y aflojaron bolsas, “no para –dice Time– ganar las elecciones, sino para asegurar su “limpieza” frente a un Trump que jamás las amenazó, como habían hecho titanes y ultraizquierdistas violentos durante cuatro años. Se trata sin duda de un nuevo concepto de la democracia. 
 El fraude en las elecciones useñas estaba tan claro como en las españolas del 36. En estas, la violencia y la falta de control en el escrutinio (confesada por el propio Azaña) bastaban para considerarlas falsas. Luego, ochenta años después, la documentación de las actas lo ha confirmado, pero aún sin esa documentación estaba claro su carácter. Con todo, fueron más democráticas que las actuales useñas en el sentido de que los dos bandos dispusieron de abundantes medios de masas y opinión, no hubo un práctico monopolio de ellos, como ahora en Usa.  
Creo que la historia debe retrotraerse a la implosión de la URSS. De pronto la ideología anglosajona pareció destinada a imponerse universalmente. No solo tenía su idea de la libertad, con la que había derrotado finalmente la tiranía soviética, también tenía, y de modo apabullante,  el dinero y la técnica, en especial la militar. Nada podría oponérsele. Esa idea condujo a costosas campañas militares en países musulmanes,  que fracasaron, aunque dejando tras sí varios países destrozados. Este fenómeno podría compararse  al de quien tensa sus fuerzas empujando para remover un obstáculo (la URSS), y al desaparecer este pierde el equilibrio y cae por su propio impulso. Y en la propia Usa ha conducido a la imposición ideológica conocida como corrección política (también la URSS tenía su corrección política)… que fracasó también con Trump. Y asimismo ha fracasado en estas elecciones últimas,  pues ha quedado en evidencia que la mitad de la población useña  no está dispuesta a pasar por el aro. La batalla solo ha comenzado. Y  es una batalla por la democracia, se piense lo que se quiera de las políticas concretas de Trump. 
Lo sucedido en Usa ha llevado a hablar de “estado profundo”, “conspiraciones”, “sinarquía”… Es verdad que esas cosas existen, siempre grupos oscuros han intentado hacerse con el poder y ponerlo a su servicio. Sin embargo, nunca lo han logrado más que pasajeramente aquí y allá. Lo impide la propia condición humana.