El día 8 de marzo hubo, como todos sabemos, muchísimas manifestaciones en el país. Y ese día era señalado en el calendario progre, acuñado por los izquierdistas más rencorosos e indecentes a la vez. Y también conocemos, y no hay que ser muy listos, que el famoso virus estaba acercándose a base de numerosos contagiados, a nuestra población, y en concreto y con más profundidad, a la capital.

Qué casualidad que ha salido el ministro de Sanidad diciendo recientemente que ya en febrero conocían que el tema se les había ido de las manos. Y si lo sabían, ¿cómo dejaron celebrar ese tipo de manifestaciones multitudinarias? Para colmo, luego se ha sabido que entonces se produjo el mayor contagio hasta la fecha. La población de Madrid está consternada, asustada y a la misma vez, encorajinada para con este cúmulo de despropósitos, y más si cabe, con los cabezas visibles del ejecutivo.

Sería propio de un sistema eficaz y digno que, una vez pasadas las fechas de la crisis sanitaria que nos atañe, podemos ver cómo esta gente paga, de una forma cruel, el precio que nos va costar salir de esto. Porque ellos son los culpables para batir el récord en tiempos de infección, así como de cantidad de afectados. Como dijo Pedrito, un país a la vanguardia. Sí, eso, a la vanguardia, pero a la vanguardia de infectados y vidas cobradas.

Y a aquellos que decían que no tenían miedo al virus y que era fundamental celebrar el 8-M, pues ahora se están comiendo sus palabras. La misma vicepresidenta está contagiada. No es de alegrarse del mal ajeno, pero la justicia divina existe, y también existe Franco, que ha resucitado entre tanto idiota, para mostrarle a estos capullos que, a los muertos, sean quienes sean, se les respeta. Que así sea…