España es en sí misma una tormenta perfecta. Tiene todos los ingredientes que nos han convertido en un estado fallido. A la ausencia de una política exterior clara y definida, se le debe sumar el carajal autonómico, con 19 reyezuelos y un Rey de Reyes, que son incapaces en ponerse de acuerdo, incluso en cuestiones tan nimias como es la de elegir una fecha común para el examen de acceso a la universidad. Produce bochornos, sonrojo y mucha vergüenza, la falta de acuerdo en cualquier asunto, por muy insignificante que este sea. Hemos conseguido algo que parecía imposible, crear una inseguridad jurídica propia de un país tercer mundista.

Lo cierto es que no todos son discrepancia, hay cuestiones donde si se alcanzan acuerdos, se regalan prebendas y dadivas, se financian chiringuitos y se colocan a amiguetes en puestos de responsabilidad, por muy inútiles que estos sean. Hay acuerdo siempre para hacer el mal, nunca para mejorar y facilitarle la vida a los ciudadanos. El gobierno social comunista de Pedro Sánchez, tiene una rara habilidad, una cualidad que les diferencia del resto, la capacidad de entendimiento con todos aquellos que odian a España y los españoles. No es nada nuevo que la izquierda de este país se ponga siempre del lado de los delincuentes, sea extremadamente comprensivo con las bandas terroristas y los asesinos y empatice con todo grupo, asociación, fundación o partido político que desee romper España. Siempre laxo con separatistas y golpistas, y extremadamente duro y crítico con todo aquel que les afee su indigno comportamiento.

Pedro Sánchez y su banda han puesto en marcha lo que ellos han denominado eufemísticamente como “mesa de diálogo”, sin explicarnos muy bien en qué consiste ese dialogo con aquellos que llevan años instalados en la corrupción, el poder en Cataluña, años de latrocinio y persecución a más de la mitad de los catalanes, a los que insultan, menosprecian  y persiguen. Dialogo con los que han intentado romper España, dialogo con los poderosos, nunca con las víctimas del secesionismo, nunca dialogo con aquellos catalanes que han tenido que abandonar su tierra, su negocio, sacar a sus hijos de los colegios, donde eran acosados por el terrible delito de hablar español en una zona de España. El gobierno de Sánchez, lejos de proteger a los que sufren, se sienta con los golpistas para establecer los plazos de la desconexión con España, algo que ningún gobierno tiene legitimidad para hacer. Ni este ni ningún otro gobierno puede regalar o entregar lo que no es suyo, lo que no les pertenece.

El separatismo catalán huele la debilidad del Estado y la cobardía de un gobierno que les ampara, no solo para alargar la legislatura, Sánchez cede ante los separatistas por devoción, porque esta cómodo con la anti España. El separatismo, no contento con conseguir doblegar al gobierno de la nación, busca ahora la humillación, porque humillar al gobierno es humillar a España, es vengarse por el “susto” que inicialmente se les dio con la aplicación del artículo 155 de la constitución. Buscan sentar en la mesa de “diálogo”, a uno de los jefes de la banda golpista, directamente del talego a la mesa y así la humillación y la venganza serán completas.

El futuro de España no pinta bien. El gobierno es connivente, cómplice y colaborador de aquellos que más están trabajando para que este país deje de existir tal y como lo conocemos, el gobierno es directamente responsable de la más que previsible desconexión de Cataluña con el resto de España. Un objetivo anhelado y deseado por la izquierda, y que en esta ocasión tiene más cerca que nunca de conseguirlo.