A raíz del tweet de la agrupación del distrito Centro de Izquirda Unida Madrid realizaremos un bosquejo de los aspectos principales por los que la España franquista se había convertido en uno de los países más desarrollados del mundo, y para lo que Carrero Blanco jugó un papel clave.

A parte de la honradez e incorruptibilidad, Carrero Blanco es recordado por su lealtad y cercanía a Franco, gozando en todo momento de la plena confianza del último (confianza en que con los años Franco se había reafirmado, y que incluso se había aumentado con el transcurso de los decenios), y que comportó una gran capacidad de influencia de Carrero Blanco en el jefe del estado, y, por ende, en el régimen en su conjunto.

Tanto Franco como Carrero Blanco se caracterizaban por su nula cultura económica, y que se patentizaba en el hecho de haber mantenido una postura en lo relativo a la economía del país hasta el año 1958 de conservación del sistema imperante desde la posguerra —e incluso de profundizar en el socialismo—. Si bien es forzoso remarcar que en el año en cuestión (e incluso dos años antes), el segundo de Franco sabía que era necesario un cambio radical en la economía, y para el que, de hecho, ya se estaban ejecutando las primeras medidas.

A pesar de la concepción fuertemente estatalista que habían defendido Franco y Carrero Blanco hasta aquel momento —y que no es sino el fruto del contexto histórico en que se habían desarrollado las primeras etapas de sus vidas políticas, esto es, los años 30 y 40—, la extraordinaria inteligencia y sentido común observable en ambos dirigentes, les permitieron advertir la necesidad de una transformación radical de la economía hacia el libre mercado y la paulatina reducción del intervencionismo (aunque ello chocase con la forma de entender la economía del jefe del estado).

De suerte que, condicionado por la influencia de Carrero Blanco, el régimen decidió en el año 1957 efectuar un cambio de gobierno que pusiera en marcha unas políticas dirigidas a una reforma total de la economía, y que constituirían el inicio del período de mayor prosperidad en la historia de España; además este crecimiento conllevará una transformación profunda de la sociedad española, que merced a las políticas del franquismo se convertirá en una sociedad moderna, urbana y consumista a partir del cambio de mentalidad inherente a esa transformación, y factor esencial para la posterior democratización del país.

Los responsables del cambio de rumbo económico —que convertiría a España en uno de los países más desarrollados del mundo (9ª economía mundial en el 1974, con un peso de la industria del 38%, consecuencia de ser el país con mayor libertad económica de Europa) — serían los tecnócratas del Opus Dei, que ocuparían las principales carteras económicas, y en que influiría decisivamente Carrero Blanco. Se trataba de especialistas altamente cualificados, con una dilatada experiencia en los puestos de mayor relevancia en sus respectivas empresas u organismos, y con unas capacidades e inteligencia realmente excepcionales. Nombrado directamente por Carrero Blanco en la Secretaria Técnica de la Secretaria de Presidencia, Laureliano López Rodó, uno de los principales responsables de las futuras reformas, fue uno de los tecnócratas más brillantes del nuevo gobierno, y cuya contribución es equiparable a la del ministro de Adenauer, Ludwig Erhard.

Tras unas reformas fundamentales en dirección a la liberalización de la economía y la reducción de los funcionarios (recuerden que en 1975 España tenía menos de 740.000 funcionarios) y la racionalización de la administración (obra nuevamente de López Rodó), el 23 de julio de 1959 se promulgaría el decreto ley con que se iniciaría el Plan de Estabilización, cuyos principales puntos se pueden resumir en:

-estabilización y robustecimiento de la peseta (tal como se había hecho con el marco alemán).

Aumento de los tipos de interés y limitación de los créditos (tengan presente que los ciclos económicos y las crisis NO son producto del capitalismo, sino de la intervención estatal en la economía, sobre todo mediante la reducción de los tipos de interés y la resultante expansión crediticia).

-privatización de un elevado número de empresas ineficientes estatales.

Es forzoso subrayar que para el Plan de Estabilización y las reformas precedentes (1957-1959) ha sido necesaria también la reducción del papel de la Falange, cuyos líderes clamaban por profundizar en el modelo económico fracasado anterior al 1957; Carrero Blanco era el principal impulsor de esta limitación del poder del Movimiento, para el cual este proceso supondría la derrota final en marco del régimen.

Tras un año de aumento del paro —como consecuencia natural del saneamiento de la economía— las nuevas reformas —insisto, de carácter estructural— darían sus primeros frutos ya en el 1960, registrándose un crecimiento que ascendería hasta más del 7 % (y que se mantendrá hasta 1975, siendo durante estos quince años España el país con mayor crecimiento económico, sólo superado por Japón; cabe subrayar que el crecimiento del país nipón no fue natural como en el caso español, sino que ha sido el fruto de varias expansiones crediticias propiciadas por el estado). Este crecimiento ha sido producto en gran medida de la inversión extranjera —como en cualquier otro país desarrollado, también los EEUU—, la cual se ha podido atraer merced a las reformas fiscales (la España franquista fue el país con la menor fiscalidad del continente) y de liberalización de la economía.

Durante los años 60, y gracias a esa reestructuración de la economía encaminada a reducir el estatalismo (tal como demuestra Stanley Payne, España llegará a ser el país europeo en que menos recursos eran controlados por el estado) y las anteriormente referidas medidas pro-mercado, se produciría la industrialización del conjunto del país, el cual se convertiría en 1969 en el 11º país más industrializado del mundo. Y del mismo modo que el resto de países avanzados en sus respectivos procesos de industrialización, la sociedad española experimentaría un profundo cambio de mentalidad hacia el consumismo, además de convertirse en una sociedad esencialmente urbana, en que el 50 % de la población residía en grandes ciudades. Este enorme peso de la industria inmunizó España de las crisis financieras durante los años 70 como la Crisis del Petróleo, debido a que cuanto mayor es el peso de los sectores alejados del consumo (producción de bienes de capital, así como todos aquellos servicios alejados del consumo directo), habrá más ahorro genuino en la sociedad, y los precios de los bienes de consumo descenderán progresivamente, manteniéndose bajos de forma estable (y que impide el advenimiento de burbujas y crisis). Son precisamente el ahorro, el respeto por la propiedad y el peso de los sectores alejados del consumo lo que diferencia los países más avanzados y estables (como Alemania y las España franquista) de los países pobres, en cuyas economías el sector predominante es el del consumo directo. Cabe destacar que las industrias clave de la economía española actual son en su totalidad herencia del franquismo (recordemos que incluso a día de hoy en la economía española la industria tiene un peso mayor que en países como Francia y Reino Unido), si bien algunas como la automovilística (en que la totalidad de empresas importantes operantes en España han sido atraídas durante los 50 y los 60) han experimentado un considerable retroceso y debido a la política de los gobiernos que se han sucedido desde el 1981.

Volviendo a Carrero Blanco, su excepcional capacidad para evaluar situaciones y valorar la inteligencia y capacidades de sus subordinados (que en sí constituye una muestra de su altura intelectual, y que es algo de lo que carecen completamente amplios sectores de las sociedades) le otorgaba una brillantez en absolutamente todos los nichos de la política, y a todos los niveles. Tanto es así que Carrero Blanco constituiría, por primera vez, un sector de monárquicos en el seno del gobierno, quienes se habían dado cuenta, ya a finales de los 50 que la evolución natural del franquismo había de ser la restauración de la monarquía. La talla política de Carrero Blanco se manifestó también en la política exterior, en que advertía la necesidad primordial de la integración del país al mercado único europeo, así como de mantener una alianza con los EEUU; una línea en que se afirmaría en los 60 y los 70.