Mi garganta profunda no lleva sombrero Borsalino ni la gabardina del inspector Gadget. Mi garganta profunda es la única cabra decente en un país de cabrones a cencerros desplegados. Mi garganta profunda es la Cabra de la Legión, que lleva años atragantándose con la Ley de Memoria Histórica... y eso que dicen que las cabras comen de todo. Falso. Los que sí tragan con todo son los cabrones de los cencerros de la amnesia políticamente correcta. Mi cabra sólo tiene la garganta profunda para contar, no para tragar. Es una cabra muy exquisita, por eso es la Cabra de la Legión, de lo contrario sería una cabra parlamentaria. Tal es el poder de redención de la Legión, en cuyas Banderas los cabrones se transforman en héroes no gracias a la metamorfosis kafkiana, que funciona muy bien con los políticos, sino a la mística y al valor de Millán Astray y de Francisco Franco.

Me cuenta mi garganta profunda que en la Capitanía General de Sevilla se acaba de celebrar la entrega de los Premios Ejército de Maquetas. La obra que se alzó con el primer premio es una maqueta en la que, con motivo del centenario del Desastre de Annual y la posterior victoria de Melilla, se representaba a Millán Astray y al Comandante (subrayo, Comandante no Generalísimo) Francisco Franco acompañados de un legionario y de la cabra. Hermosa, épica y justa representación a la que, et voilà, le aplicaron a la voz de ¡Ar! el photoshop de Stalin, esa técnica que las gordas utilizan para quitarse lorzas y los cabrones del cencerro de la Memoria Histórica para quitarse problemas borrando el recuerdo de los héroes del Ejército y de la España Nacionales, tal y como el tirano comunista borraba de las fotos a sus tovariches bolcheviques, antes y después de hacerles la manicura y la pedicura en los sótanos de la Lubianka, de donde salían convertidos en pulpa fascista, por supuesto.

Comoquiera que las prisas siempre son malas consejeras, y más si están jaleadas por los clarines del miedo, en el catálogo de las maquetas presentadas a los Premios Ejército sí estaba impresa la foto de la maqueta galardonada con el primer premio sin que nadie le hubiese pasado la bayeta estalinista. Imperdonable desafuero de algún cabrón de los cencerros de la Memoria Histórica. Solución salomónica: esconder los catálogos en los sótanos de la Lubianka de la historia democrática para que los ratones de la corrección política se den un festín pantagruélico.

Lo que mi garganta profunda no ha sido capaz de explicarme es cómo ha sido posible que, apellidándose como se apellida, Damián Primo de Rivera Oriol, le hayan dado el Premio Ejército de Maquetas a él. Mi cabra legionaria no lo sabe pero, como tiene más Mili que Cascorro, sí barrunta que al responsable de galardonar a un Primo de Rivera le está esperando un destino en Elba o Santa Elena... para que vaya haciendo memoria. En fin, enhorabuena a Primo de Rivera, a Millán Astray y a Francisco Franco por tan merecidísimo premio. ¡Viva la Legión y Arriba España! Como corresponde a la Memoria y a los apellidos de los premiados.