Sí, cuanto voy a exponer tiene su origen en el Sr. Rodriguez Zapatero, si bien, su sucesor, el Sr. Sánchez, es un aventajado discípulo en el arte de la tergiversación de la historia y en la implantación del odio en una importante parte de nuestra sociedad. Y no resto culpabilidad al Sr. Rajoy, quien por omisión, que no por acción, también tiene un grado de responsabilidad nada despreciable.

 

Me refiero a la creciente crispación que observo en la sociedad y en los medios, especialmente en los que hacen de correa de transmisión del Gobierno y sus adláteres comunistas que, a la postre, trasladan aquella al españolito de a pie.

 

La Ley de Memoria Histórica en vigor, y no digamos su reforma que se presentará en breve en el Congreso, son los principales elementos de una estrategia que pretende borrar de las crónicas grabadas en el tiempo los 40 años que España vivió bajo la capitanía del Generalísimo Franco.

 

Son normas dignas del más ortodoxo estilo soviético o, en su versión más moderna, del tragicómico de las repúblicas bolivarianas, las que en estos momentos intentan trastocar de pleno la convivencia entre españoles, que tanto costó lograr, o, lo que es peor, retrotraernos a una quimérica e idílica Segunda República, que acabó como acabó, es decir con una guerra civil horrorosa.

 

No tiene España al parecer suficientes problemas por delante como para exhumar otros con los que enfrentarnos ahora, enterrados hace ya 80 años y que, digan lo que digan algunos -unos bienintencionados pero maleables y otros con intenciones no tan altruistas como quieren propugnar, cuestiones que ya estaban cuasi olvidadas o con heridas largamente cicatrizadas.

 

Cuanto sucedió en aquellos años del siglo pasado debería ser objeto de los historiadores y no confrontarse ahora en la arena política como medio de hacerse un nombre a costa de resucitar viejos rencores, en muchos casos de una generación casi desaparecida ya. Ayer asistí a un enfrentamiento entre tertulianos carentes de toda cultura histórica lanzándose muertos a la cabeza con un fervor ciertamente preocupante.

 

¡No es esto, no es esto!, dijo en una ocasión Ortega y Gasset asustado ante el devenir que tomaba el rumbo de la II República y parece que hoy se hace necesaria una voz que reitere el mismo sentimiento.

 

El anuncio que el 17 de junio pasado hizo el Sr. Sánchez sobre que que iba a exhumar en breve los restos embalsamados del General Franco del Valle de los Caídos ha propiciado una serie de acontecimientos preocupantes que dan mucho que pensar.

 

De una parte nos encontramos en las islas sociológicas que constituyen las redes sociales (FB, Twitter, WhatsApp e Instagram) toda clase de comentarios que demuestran un sectarismo y odio asombrosos, además de una ignorancia supina. Proliferan ahí con impunidad las amenazas y los insultos hasta extremos increíbles.

 

De otra parte observamos acciones en la calle promovidas por grupos inquietos con lo que está sucediendo, quienes, no dispuestos a permanecer impávidos ante lo que preven puede llegar a suceder, empapelan todos los días las sedes del PSOE y sus acólitos comunistas.

 

Vimos hace unos días un intento perfectamente coordinado (cuatro focos de fuego a la misma hora y en distintos lugares no son casualidad) de prender fuego al Valle de los Caídos. Una acción llevada a cabo por activistas de la izquierda radical. ¿Acción y reacción?

 

Cientos de militares retirados que ocuparon recientemente puestos de alta responsabilidad en las FAS muestran con indignación las ignominias que se vierten contra el Franco soldado de España al tiempo que asociaciones que no representan a nadie y que están en activo, responden osadamente con comunicados inanes mientras que otros de orientación claramente comunista gritan con rabia incontenida a la propia declaración citada (afortunadamente son cuatro gatos con hojas de servicio insignificantes y poco más).

 

Los medios de todo tipo -audiovisuales y digitales- se lanzan a una campaña mediática en apoyo de la exhumación basándose más en insultos que en argumentos de peso pues su indigencia intelectual es proverbial aunque tratan de compensar esa carencia vital con un oportunismo demagógico que constituye la carnaza de resentidos e ignorantes, estos últimos en una fase de crecimiento preocupante.

 

Y así nos encontramos con una clara estrategia que pretende de una parte desviar la atención del pueblo sobre los verdaderos asuntos que son de su preocupación al más puro estilo “chomskyano” y de otra intentar colocar a sus débiles y relativistas opositores políticos - PP y C,s- ante disyuntivas sobre las que no tienen bemoles para responder.

 

Llama la atención el cómo fuerzas oscuras compran voluntades mediáticas hasta extremos próximos a la guerra sucia; nos quieren imponer la exhumación del Generalísimo Franco a través de un Decreto Ley, una acción esperpéntica toda vez que esta norma acorde a lo que dice la Constitución está reservada para asuntos de “extraordinaria y urgente necesidad” para la nación y la exhumación es evidente que no lo es. Y digo que llama la atención que insignes periodistas y otros no tan cultos tomen esta acción o medida como normal. Es preocupante la senda que asumen, camino de la bolivarización de nuestra nación con una parsimonia que lo único que me sugiere es que lo que escriben sólo puede responder a una compra-venta de voluntades bien sea por medios económicos o de otra índole similar.

 

Y al tiempo la Iglesia Universal no acaba de definirse con claridad en lo que puede ser la mayor traición de su historia a la persona a la que le deben todo. Sin Franco la Iglesia española habría desaparecido por completo de España y corre peligro de seguir en este camino ahora por el sendero de la inacción y la omisión. Confiemos en que al final sean conscientes de que lo que viene detrás de la posible exhumación de Franco no será otra cosa que la desacralización del Valle, la posterior expulsión de los benedictinos y, en última instancia en breve, la demolición de la gran Cruz. Es preocupante su silencio ante acciones similares acaecidas ya en los últimos meses.

 

Y todos estos factores son los que están crispando la sociedad española y que algunos medios carroñeros recogen para subir los índices de audiencia de determinados programas de pseudodebate. Es obligación de todo gobernante que se tenga como tal el impedir esta lamentable situación que no conduce a nada bueno. Es posible, y no descarto que así sea, que al Sr Sánchez le venga muy bien todo esto para su estrategia de mantenerse en el poder a toda costa pero desde la FNFF apelamos a un quizás iluso anhelo de que se dé cuenta que no está propiciando otra cosa que el enfrentamiento entre españoles y es su responsabilidad el evitarlo, si bien parece iluso pensar que vaya a hacerlo precisamente quien ha alimentado la provocación.

 

He mencionado a la FNFF por la sencilla razón de que nuestra función no es otra que la defensa de la historia -si quiere para lo bueno y para lo malo- y ahí nos va a encontrar enfrente -no lo dude- pero igualmente le digo que estamos dispuestos a cooperar a la reconciliación entre españoles y llegar a puntos de acuerdo. Como estudiosos de la historia le recomendamos que, si puede, lea el “Manifiesto por la historia y la libertad” que, firmado no hace mucho por españoles de todo signo político, figura en la página central de nuestra web y que le puede ilustrar y alejar de postulados marxistas a poco que lo lea con detenimiento y se aleje de esos socios que ahora le mantienen pero que en cuanto puedan le dejarán en la estacada.

 

Y ya termino con el probable e iluso anhelo de que lea lo que dijo su partido en 1986: “ningún Gobierno ecuánime puede renunciar a la historia de su pueblo y, menos aún, desde posiciones de mezquindad o rencor. Manifestamos nuestro respeto a quienes desde posturas contrarias a la de la   sociedad democrática, lo dieron todo por la España que ellos creían mejor”. Ahí estuvo ya la reconciliación entre españoles, esa que ahora el Sr. Sánchez pretende romper.

 

Jugar con determinadas cremalleras, las que vuelven a abrir odios ya cubiertos por el polvo del tiempo, al igual que pasa con algunas grietas del planeta, sólo puede dar lugar a consecuencias imprevisibles y trágicas, como las que surgen de volcanes que yacían dormidos y que vuelven a vomitar su espantoso fuego a través de dichas fisuras del terreno, invisibles en la paz pero mortales en la guerra de los resentimientos avivados con premeditación, dirección e intenciones inconfesables.

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