Han almenado su vileza primordial con la traición esencial, con la felonía que no se redime ni aún coronada de necesidad, porque nunca, jamás, es necesario pactar con el crimen y el odio socapa de ningún afan, de ningún empeño, como acaba de hacer este Gobierno que, en la misma medida, padecemos y merecemos por haber entregado nuestra voluntad y nuestro destino colectivos a la ruleta trucada de las urnas, a su alquimia asimétrica y a la burundanga de su primitiva melopea que iguala en el voto el odio a España y el amor a la Patria.

He ahí la metástasis que nos destruye, que llenó de lepra a la Nación Histórica y que está matando de tontiloca ignorancia democrática a la Nación Política. Todo es democráticamente válido, aceptable y respetable, siempre que no remita, ni evoque, ni defienda el pasado que nos hizo grandes ni a los hombres que nos hicieron auténticamente libres por habernos hecho efectivamente prósperos, desde la producción nacional, colectiva y social hasta el fondo de nuestros bolsillos, sin la intermediación de ladrones institucionales que menguaran con la rapiña fiscal el beneficio de los trabajadores españoles.

Esa es la única excepción a la tolerancia de amplios esfínteres de esta democracia que nos destruye porque construye sus fundamentos políticos y sus reglas sociales con los que odian a España programáticamente, con los que escriben sus códigos y sus anhelos políticos con la sangre de los compatriotas que cayeron defendiendo (siniestra, patibularia paradoja) un Sistema que los abandonó en vida y los traicionó en la muerte, al darle patente de legitimidad democrática a sus verdugos situando en el mismo plano de legalidad política el odio y el amor a España.

He ahí la prima y última ratio del pacto presupuestario socialcomunista con los asesinos de España, los bilduetarras y los hispanicidas del separatismo catalán, para que los enemigos de la Patria le den unas migajas más de tiempo en el Poder a los traidores a España. ¡Qué asco, coño, qué asco!