Este dicho tiene su origen en tiempos muy remotos, cuando reyes y poderosos ordenaban matar a los emisarios, entonces personas físicas,  que les llevaban noticias malas o anunciaban hechos inconvenientes. Parece ser que tan drástica medida se suavizó en la Edad Media, en la que el mensajero solo era azotado sin llegar a matarle cuando era portador de noticias poco gratas para el poderoso.

 

      La evolución civilizada ha llevado a hacer desaparecer tan salvajes y sangrientos hábitos, pero no la costumbre inalterable del poderoso de eliminar por otros métodos a todo aquel que contradice las actitudes e imposiciones que emanan del poder como dogmas incuestionables. Si además  la crítica augura resultados nefastos para los sufridores de ese poder, la reacción será furibunda aunque se sustituya el hacha de decapitar o el látigo de flagelar por procedimientos más  sofisticados y sibilinos, adecuados al siglo de la tecnología en las redes sociales mediante bulos, la desinformación directa y por supuesto  descalificando al mensajero  mediante medias verdades o mentiras completas.

 

      Así está ocurriendo en el caso de la Declaración de los militares  retirados sobre la situación en la que el gobierno de coalición y sus apoyos han situado y conducen a España.

 

      Nada más conocerse la existencia de dicho documento, incluso antes de su publicación, los asesores en contramedidas para hacer frente a las críticas al gobierno que los colocó bien remunerados se pusieron a trabajar duro y rápido para atajar opiniones que dañaban a sus pagadores. Lo primero fue arremeter contra el carácter militar de los firmantes. Aunque retirados, la opinión de miembros de las Fuerzas Armadas tiene un peso específico importante, dado que la inmensa mayoría de ellos, han resistido y se resisten al empeño de los partidos políticos de imponer sus ideologías partidistas que en muchos casos, unos más que en otros, no se corresponden con los intereses del conjunto de los españoles ni con los valores de España que defienden los miembros de los Ejércitos en general y que comparten muchos españoles como se constata en las Jura de Bandera de civiles y la valoración que las encuestas dan a las Fuerzas Armadas y a las de Seguridad del Estado. 

 

      Así mismo, los adherentes a la declaración creemos que tanto las razones de nuestra preocupación por lo que sucede y para avisar de la deriva a que nos conduce el gobierno de coalición y sus socios auto proclamados antiespañoles, es compartido por una mayoría de nuestros compatriotas, aunque el sistema de contra medidas disminuyan eficazmente su trascendencia mediante la desinformación o simplemente el silencio mediático.

 

     

        Sin embargo, en el caso de la declaración de los militares han cambiado la manera de “matar al mensajero”. Por supuesto que no ha sido desmintiendo los motivos de crítica que se exponen, ni siquiera haciendo una replica a las mismas. Si se repasan los contraataques a nuestra preocupación y advertencia no encontrarán argumento alguno sobre el contenido del documento, la técnica elegida por los expertos ha sido la de arremeter contra el continente de los setecientos firmantes colectiva e individualmente con la insana intención de descalificarlos para anular su razonamiento sobre los hechos denunciados.

 

       En esta linea los (des) informadores oficiales unen a la condición de militares, aunque sean retirados, los calificativos de golpistas, fascistas, franquistas....etc

Golpistas ni lo somos ni lo fuimos en activo pese haber sufrido determinadas discriminaciones injustificadas y que soportamos porque nuestras miras están mucho más elevadas que las cortoplacistas de  los políticos.

Lo de fascistas, ya está comprobado que es el insulto que utilizan los comunistas y sus adláteres cuando se quedan sin argumentos para rebatir a sus oponentes.

Por último lo de franquistas también se va haciendo otro mantra de la izquierda sin respuestas. En este caso lo hacen relacionando la coincidencia de firmantes de la presente declaración y la que se publicó con motivo de los ataques sin límites al Generalísimo Franco como preparación de la profanación de su sepultura. Se olvidan otra vez, seguro que intencionadamente, de que aquellas firmas defendían la figura de Franco como soldado ejemplar merecedor del reconocimiento por los soldados de España de acuerdo con lo mandado en el artículo 21 de las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, aprobadas por el Congreso como Ley Orgánica.

 

     A este intento de descalificación colectiva podemos unir las dirigidas personalmente a algunos de los firmantes como el nieto de Franco, General Chicharro, General Coloma......y también a quien suscribe estas lineas. Por no entrar en detalles ajenos si deseo expresar que la “plumilla” encargada de rememorar mi curriculum, además de hacerlo de forma muy incompleta, en su mayor parte se basa en las declaraciones del ex ministro Bono y que desmentí en su día por escrito en el blog del General Dávila.

      En pocas palabras: Siguiendo las normas ancestrales el poderoso ha pretendido “matar al mensajero” con métodos del siglo XXI pero además faltando a la verdad. Bueno eso también es parte del método.