Conmemoramos el 85 aniversario de su martirio por fusilamiento, víctima de la II República  infeccionada por la masonería atentatoria contra nuestra Patria, el 20 de noviembre del 36.

Figura estelar y providencial en nuestra heroica nación, bastión de fe católica desde 14 siglos, donde se han estrellado islamismos, judaísmos, liberalismos napoleónicos, herejes protestantes europeos y últimamente marxismos de la barbarie comunista anticatólica.

José Antonio Primo de Rivera (1903-10936), ha sido el puente providencial que saltando por encima de la II República nacida el 14 de Abril del 31, conectó con el régimen reservado a nuestra Patria por la divina Providencia, capaz de haber derrotado al comunismo en una miniguerra universal librada en el escenario de España, capitaneada por el invicto caudillo Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo unido a su pueblo católico y a su Jerarquía eclesiástica (tradicional), en una fusión cívico-militar, acendrada en el alma secularmente católica.

¿Qué caudillo, jefe de gobierno o estadista ha legado a sus compatriotas lo que Franco legó a la civilización occidental en estos últimos tiempos?

Por ahí hemos de juzgar al personaje y sus hechos desde la altura de las más penosas encrucijadas de la historia española y europea.

Tomar medidas urgentes; evaluación equitativa de recursos existentes y estructurar el régimen, fueron las tres tareas que Franco se marcó fundamentalmente siempre en el marco de la Unidad Católica de España.

“El antifranquismo, es el factor desencadenante de la quiebra de España” (Pablo Gasco de la Rocha). Y Eduardo García Serrano, dice que: “los españoles de hoy, reniegan de su historia y beben en la leyenda negra, siendo una guerra histórica empeñada en enterrar la Hispanidad”.

José Antonio fue puente entre estos dos regímenes hermanos gemelos de Miguel, su padre, entre 1923-1931 y el de Franco desde 1939-1975, por aplicar el pensamiento falangista nacido en el Discurso del Teatro de la Comedia, de Madrid, el 29 de Octubre de 1933, en cuyos 27 puntos se cifraban las pautas a seguir, para elevar de la miseria y las decepciones políticas de una España sin colonias y maltrecha, hasta la octava potencia industrial del mundo, con un prestigio reconocido universalmente, aún sin ayudas del plan Marshall, regresando ya en el año 1945 las embajadas que habían huido, tras la victoria (que no guerra civil) y Danta Cruzada, calificada nada menos que por Pío XII, de “Undécima Cruzada”.

El pensamiento falangista joséantoniano, con sus 27 puntos llenos de la sabiduría del sentido común de sociedad católica, unitiva en el mismo credo trascendente a lo temporal y a lo eterno, donde las fuerzas físicas y espirituales entusiasmadas en el sacrificio ilusionante por EL SER DE ESPAÑA, hambrienta de restaurar esas glorias de su heroica historia de tres siglos de imperio mundial, se fusionaron con la fe y el amor a revivir un futuro inmediato.

El brío militar de la Falange y los requetés, con el apoyo nacional cívico-militar, fueron las potencias arrasadoras, no calculadas por los enemigos de la Patria; a pesar de sus pobres recursos militares y materiales, Franco, con perspicacia militar, guiado por su amor a Dios sobre todas las cosas, tuvo fe en su victoria, porque dijo a los traidores gobernantes: “tenéis de todo, menos razón”.

Obligado recuerdo de impagable gratitud merece la celebración, la honra y la veneración de las figuras de José Antonio, Franco y los Gloriosos Caídos por Dios y por España en este 20 de Noviembre.

¿Y eso de mártir? Santo Tomás de Aquino dijo: “Quien defendiendo a la Patria contra enemigos que intentan acabar con la fe de Cristo y en su defensa padecen la muerte, son mártires de la fe”. No merece mejor gloria José Antonio Primo de Rivera.

De ahí lo de los “Gloriosos Caídos por Dios y por España”.