1) Una España regionalmente desigual

 

Para una profunda y seria reflexión deberían ser los datos de los numerosos padrones municipales que, anualmente, nos arrojan luz clara y meridiana sobre la realidad municipal  de España, que no hacen sino confirmar una tendencia socio-económica clara que viene dándose en los últimos años (y décadas) en este país. 

 

Nuevamente el pasado año 2017, y siguiendo con la dinámica iniciada desde la época de la desindustrialización, y de las migraciones a la ciudad, las regiones que conforman Castilla, y de las zonas rurales del interior, siguen estando a la cabeza en la pérdida de población.

 

Así, las dos Castillas, la mayor parte de Aragón, y parte de la Galicia rural registran las mayores reducciones de población en términos absolutos, y relativos, registrando estas zonas la mayor parte de la España municipal con poblaciones de menos 500.000 personas y que, anualmente, van perdiendo población progresivamente, siendo cada vez más abandonadas.

 

Estos datos ya vienen dándose de una forma más o menos continuada en las últimas décadas pero, cada vez más agravada a medida que se produce la industrialización moderna, el auge del capital industrial y financiero y en los últimos años agravado por el estallido de la crisis económica, que ha venido de la mano del aumento del paro.

 

Tampoco parece que mejoren los datos en lo relativo al despoblamiento interior que, nuevamente, afectan a Castilla por encima del resto del estado, ya que las comunidades con mayor número de municipios con menos de 80.000 habitantes son, principalmente, Castilla y León, y parcialmente el norte de Castilla - La Mancha, y gran parte del Aragón rural.

 

Sin embargo, si atendemos a los datos proporcionados por el Ministerio de Hacienda en el Proyecto de los Presupuestos Generales del último gobierno Rajoy para el 2018 en lo relativo a las inversiones  en las diferentes comunidades autónomas del estado español, resulta que son precisamente estas comunidades, como  Castilla y León (1.002,14 millones de euros), Galicia (936,79 millones de euros), Castilla-La Mancha (589,4 millones de euros), , o Aragón (407,13 millones de euros), de las comunidades que más dinero reciben en inversión por parte del gobierno central. 

 

La única excepción aquí sería la de La Rioja (63 millones de euros) que está por debajo de la media de inversión y pierde población, siendo encuadrada dentro de la categoría de municipios más despoblados de España.

 

Por lo tanto, esta contradicción (las comunidades que más inversión reciben del estado, son las que más población pierden), ¿cómo se puede explicar? ¿Por qué motivo se produce esta contradicción económico-demográfica en parte del estado español?

 

La explicación a estos factores, nos la ofrece el economista Daniel Rodríguez Asensio, que ofrece algunos datos interesantes para el caso castellano-leonés, pero que, como veremos, es aplicable a las otras regiones españolas estancadas.

 

Al final, la crisis económica capitalista,  la mala inversión de los políticos en la creación del empleo,  y la perdida demográfica de la población migrante, parecen ser el origen y la causa de este desigual desarrollo y el desnivel demográfico que sufre actualmente el país.

 

Según Asensio, en comunidades como  Castilla y León, a nivel económico;

 

"Se observa una primacía del sector de las Administraciones Públicas e Industria, en detrimento de los servicios, construcción, y  sector primario. La comunidad ha sido incapaz de modernizar su economía a través de la migración de recursos (y, por tanto, puestos de trabajo de mayor productividad) hacia el sector terciario. Se ha quedado en unos niveles más propios de los años 80, momento en el cual las economías aún podían vivir de las rentas generadas en la revolución industrial.

 

En el caso de Castilla y León, la mayoría de esa industria tiene nombre de empresas automovilísticas (y subcontratas, claro está), que mantienen sus fábricas en la región por las sustanciosas subvenciones que reciben. Mientras, la comunidad aumenta su presión fiscal a ciudadanos, familias y PyMEs, penalizando su capacidad de crecimiento y generación de empleo".

 

Este análisis es clave además si analizamos el caso específico de la despoblación en la región castellanoleonesa, habida cuenta de que, precisamente, las zonas más degradadas demográficamente corresponden a las menos industrializadas, como Zamora, Palencia, Ávila o Soria, mientras que las más industrializadas históricamente, como Valladolid, Burgos o León, se encuentran en una situación algo mejor.

 

Además, y a  diferencia de los años más duros de la crisis, donde se produjo una caída de la población inmigrante, la leve recuperación económica que experimenta este país desde el año 2016 ha invertido las tendencias en este sentido. 

 

Así, la población residente en España creció en 2016 por primera vez desde 2011 y se situó en 46.528.966 habitantes a 1 de enero de 2017, con un incremento de 88.867 personas. Aún con eso, la población migrante cae precisamente en estas zonas degradadas, como Castilla y León, Galicia, Castilla–La Mancha, Extremadura, Asturias, Aragón, Cantabria y La Rioja. 

 

Ello nos demuestra, entre otras cosas que, en contradicción con el discurso de determinadas organizaciones, la pérdida de población inmigrante en determinadas comunidades en crisis demográfica del estado español, motivado por la crisis y la caída del trabajo, ha supuesto y está, de hecho, suponiendo un varapalo importante para la demografía y la economía social de las regiones y comunidades españolas más deprimidas socio-económicamente hablando, lo cual evidencia hasta qué punto la estabilidad de la población inmigrante en España es un aspecto necesario, y positivo para nuestro equilibrio socio-económico, además de cultural, por el enriquecimiento que ello supone. 

 

Sin duda, y a tenor de las estadísticas del INE, en los últimos años de la presente década del siglo XXI, sin duda, la crisis económica ha generado un impacto negativo también en la población inmigrante en España que parece que, por primera vez en muchos años, empieza a invertirse progresivamente. 

 

Similares estadísticas negativas en la caída demográfica se pueden adjudicar a comunidades como Aragón que, ya para el año 2014, según el Heraldo de Aragón, achacaba la drástica disminución de su población a la salida masiva de extranjeros (se presupone que por motivo de la crisis económica), con más de 9.000 de ellos que se marcharon de la Comunidad a lo largo del citado año, golpeando, por tanto, de una forma muy negativa a esta comunidad autónoma. 

 

También, otra de las afectadas en esta tabla demográfica actual de España, como es Castilla-La Mancha, se ve afectada en su reducción demográfica por la mala gestión económica endémica de los poderes económicos en una región que no ha sabido industrializarse adecuadamente, a pesar de, como vimos, el aumento de subvenciones estatales a la comunidad autónoma, que evidencia que la crisis y el no aprovechamiento efectivo de los recursos estatales, siguen haciendo una mella importante en la economía y la sociedad regional. 

 

En este sentido, es muy contundente la interpretación de El Diario de Castilla-La Mancha, que achaca a esta región castellana una crisis demográfica orientada a la reducción de la fecundidad y natalidad por razones económicas, afirmando que ésta bajada demográfica (fundamentada en el aumento de migrantes manchegos a otras regiones, y a la ausencia de inmigrantes nacionales o internacionales a la región) hay que vincularla con la situación de crisis económica y el alto nivel del desempleo en la región. 

 

Así, claramente el agravamiento de la crisis y del desempleo no solo son causa para la merma demográfica local, sino que, según afirma el diario, podría, de no corregirse, arrojar a medio y largo plazo resultados aún más negativos para Castilla-La Mancha. 

 

¿Cómo pueden las autoridades políticas y económicas de esta región justificar que, a pesar del cada vez mayor aumento de la inversión local en la región para mitigar la crisis, sin embargo, el desempleo siga por las nubes y que la economía siga estancada por la incapacidad, como ocurre con sus vecinos castellanos del norte, de fomentar un desarrollo económico regional estable? 

 

2) Las raíces de la desigualdad regional 

 

Los datos son muy claros, y no solamente para este año, o para estos últimos años de la crisis o de la supuesta salida cercana de ésta. 

 

El panorama de desigualdad interregional en el estado español, la desigualdad en el desarrollo económico y la crisis permanente que viven algunas regiones del estado español son elementos endémicos, que vienen de muy lejos, de la época, del momento y del modo en que se desarrolló el capitalismo industrial y financiero en este país durante la época franquista, que creó las condiciones para fomentar auténticos páramos y desiertos económico-demográficos en grandes regiones del país, a costa del desarrollo acelerado de otras, para cumplir con las normas que imponía el bloque capitalista occidental en la guerra fría. 

 

Esta supuesta industrialización y modernización de las regiones españolas que debía haberse llevado a cabo durante los escasos 8 años de la república y los 40 del franquismo no se llegó a materializar más que en una leve industrialización de determinadas zonas rurales a costa del despoblamiento de amplísimas capas de la sociedad española.  España ha quedado degradada precisamente en su esencia que es la España municipal y rural.

 

El desarrollo desigual de las diferentes regiones del estado español es algo que ya venía dándose desde finales del siglo XIX, con el inicio de una industrialización sistemática en los grandes focos industriales del norte (País Vasco) y del Noreste (Cataluña), a costa de un infra-desarrollo y de un fuerte abandono económico de gran parte del centro (Castilla), Oeste (Extremadura) y Sur (Andalucía) peninsular. 

 

La época republicana apenas tuvo tiempo para iniciar un desarrollo industrial y agrario (I.R.A.) equitativo para todo el estado español, que introdujera mejoras y avances más democráticos económicamente. Con el establecimiento del franquismo es cuando se introduce una industrialización y desarrollo económico y demográfico desigual en el país.

 

Es, fundamentalmente, a partir de los años 60 con los Planes de Estabilización y Desarrollo del régimen franquista cuando, para intentar distribuir la industria por el territorio, se crearon los Polos de Desarrollo, cuya localización no tuvo en cuenta motivos económicos y sí políticos, y que lo único que contribuyó fue a crear una completa desigualdad entre regiones más desarrolladas y concentradas industrialmente (Madrid, litoral valenciano, País Vasco...) frente a otras que empezaron a quedarse rezagadas (Galicia, Castilla, Aragón, Asturias, zonas rurales y del interior en general...) y que luego recibieron definitivamente el golpe de gracia con el gobierno socialista en los años 80 a través de las deslocalizaciones industriales. 

 

Fruto de esta progresiva desigualdad entre zonas rurales y urbanas, entre polos desarrollados capitalista industrializados y zonas infra desarrolladas, surgieron fenómenos socio-demográficos peculiar en nuestro país, como es el caso de la llamada "Serranía Celtibérica", la llamada "Laponia del Sur".

 

Se trata de una superficie muerta y casi despoblada del interior español de algo más de 60.000 km² donde se concentran poco más de 500.000 habitantes, y se hallan más de 1200 municipios repartidos entre las provincias de Teruel, Zaragoza, Cuenca, Guadalajara, Burgos, Segovia, Soria, una pequeña franja en Castellón y Valencia, y La Rioja, correspondientes a las Comunidades Autónomas de Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Valencia y La Rioja, que casualmente coincide con las zonas endémicas de caída demográfica que, año tras año, y debido al atraso de décadas de infra-desarrollo en esta sub-región, no han conseguido, ni conseguirán, recuperarse socialmente. 

 

De todo este subdesarrollo rural, sin embargo, el gran campeón fue definitivamente la especulación inmobiliaria, que fue la gran ganadora de todo este proceso de mal desarrollo, un problema que padecemos hoy y que, como afirma el economista Vicenc Navarro, tiene su origen en el franquismo, donde se origina la gran dependencia que la economía actual tiene del sector bancario-inmobiliario. 

 

Este sector juega un papel clave en la configuración del espacio económico del país, y ha generado, como hemos visto, que en la actualidad, las regiones económicamente más desfavorecidas se vean afectadas por este modelo de desarrollo económico, que lo ha apostado todo a un determinado modelo de crecimiento económico especulativo, y que no ha puesto las bases, a pesar de las inversiones estatales, de un desarrollo más sostenible de la economía local. 

 

En las zonas rurales del interior peninsular, la actual situación de distribución de las tierras y concentraciones en pocas manos, despoblamiento y crisis económico-social, también tiene su origen en esta época. 

 

El crecimiento de la producción industrial no fue acompañado del crecimiento de la producción agraria durante los primeros años del franquismo, a finales de los años 40 e inicios de los 50, una tarea pendiente e inacabada. 

 

Por ello se elaboraron los proyectos de la Ley de Concentración Parcelaria y la Ley de la Fincas Manifiestamente Mejorables entre 1952 y 1954, las cuales liquidan los pocos minifundios y tierras que quedaban en diversas manos y fomentaron la tremenda concentración parcelaria de grandes latifundios en manos de unos pocos terratenientes que pervive actualmente. 

 

Sin embargo, estas leyes franquistas favorables al monopolio de los terratenientes, no tuvieron, como era de prever y aun hoy seguimos arrastrando, el éxito que el Ministro de Agricultura Rafael Cavestany preveía, debido a que los problemas que se derivaron de la inadecuada distribución de tierras se vieron agravados por el régimen de explotación, ya que las tierras sufrían el abandono de sus propietarios. 

 

Todo este subdesarrollo rural y del interior generó ya, a partir de los años 50 y 60 una importante migración interna, un gran éxodo rural del campo a la ciudad, donde las zonas menos desarrolladas y abandonadas a nivel económico e institucional fueron quedando, hasta nuestros días, progresivamente abandonadas a favor de los grandes polos de desarrollo urbano del centro, norte y este peninsular. 

 

La lectura que se puede hacer, a nivel sociológico y político de todos estos años de desarrollismo económico del estado español es que, una vez más, este desarrollo se está haciendo de una forma desigual, y a costa del despoblamiento de enormes regiones históricas del estado, que siguen sirviendo como mano de obra a las regiones más económicamente desarrolladas y avanzadas del estado, dejando a otras (la mayor parte de la Castilla histórica, Aragón, parte de Galicia...) abandonadas y desatendidas por las autoridades locales, autonómicas y estatales. 

 

Muy al contrario, si esas inversiones no se aplican en un verdadero desarrollo económico regional, que fomente la creación de empleo, y el desarrollo de la economía, y no de determinados sectores especulativos o politizados (administraciones locales), veremos que el despoblamiento, el empobrecimiento y el desarrollo desigual de la economía y de la sociedad española, se irán agravando cada vez más con el paso de los años, generando un estado español a diferentes ritmos cada vez más marcado. 

 

No va a ser posible que unas pocas regiones híper-desarrolladas, con concertación de capitales y población (Madrid, País Vasco, Cataluña...) sostengan y tiren del resto de las regiones del estado, que están siendo abandonadas, y debido a ello, despobladas a la fuerza debido a la inacción de los dirigentes políticos. 

 

Si no se hace un plan de choque para regenerar el trabajo y la economía en las zonas rurales y del interior, sin duda se corre el riesgo de generar grandes regiones de despoblamiento y deprimidas económicamente en una gran parte importante del estado, como ya se manifiesta en el caso de la mencionada Serranía Celtibérica lo cual, desde luego, no afecta solo a esas regiones, sino a todo el estado español. 

 

No puede ser tolerable ni aceptable que la zona natural y tradicional de convivencia, socialización y actuación político-económica del individuo, que es el municipio, la región y la comarca, queden totalmente arrasadas, abandonadas y desabastecidas.

 

Fíjense en como, por ejemplo, afecta la existencia de diversos estados económicamente desiguales al desarrollo económico de la Unión Europea a nivel macro, y adaptémoslo al caso español y a sus desigualdades internas en el mismo sentido. 

 

Si no vemos viable una Europa a diferentes niveles, mucho menos puede ser sostenible a largo plazo un estado español con unas desigualdades tan marcadas.