Con mis artículos no quiero aburrir, quiero ser directo y hacer pensar. Y un ejemplo es de lo que voy a tratar: los jóvenes como yo y su idiosincrasia.

Es triste ver ahora a los jóvenes cómo, desde edades muy tempranas, desarrollan habilidades poco gratificantes (aprenden todo lo malo), y lo mejor, lo olvidan, o no les interesa.

Recuerdan nuestros mayores cómo antiguamente, la mayoría de los niños aprendían un oficio con 10 años de edad; y ahora, lo único que saben hacer es pedir dinero, insultarse entre ellos como si de un nombre se tratase, y despreciar todo lo que el sistema les pone en el camino: formación, comida, educación, cobertura social, etc.

Antes el maestro regañaba al niño, y este se acobardaba y escarmentaba; porque siempre ha habido hijos de puta. Pero ahora, el niño insulta al maestro, y este tiene poco que hacer, porque el sistema se les echa encima, desde el padre hasta la estructura progre de alrededor.

Ahora los chicos presumen del historial de niños o niñas que llevan detrás, según el sujeto en cuestión; o de acostarse a las tantas y levantarse para comer. Incluso de llevar todos las asignatura suspensas. ¡Lo nunca visto! Y esos son sus éxitos, las consecuciones del hoy día, aquello que nos aterroriza cuando la juventud que nos levantó se nos vaya, y queden los individuos estos más locos que con sentido común. Solo la intercesión divina, o una epidemia gigantesca pueden hacernos escarmentar…