Leyendo hará un par de días el artículo de Luys Coleto para este mismo periódico, titulado “La gran estafa del cambio climático”, me entristeció  muchísimo la gran convicción de que el ser humano no tiene nada que ver con el calentamiento global, cuando en mi opinión estamos frente a una emergencia global donde el tiempo se agota y donde somos piezas clave para la solución.

Quizá soy yo, señor Coleto, que ya con 21 años, anhela ver el Amazonas reconstruido, reduce su consumo de plástico para que el oceano no acabe infestado de basura, reza para que los incendios cesen de consumir hectáreas e intenta cada día hacer algo bueno por este planeta.

Por lo tanto, ¿Realmene cree usted, señor Coleto, que el ser humano con su juicio interno, libertad y acciones no es responsable de nada de lo que pasa a su alrededor? ¿No es responsable de escoger qué productos comprar, si reciclar o no, si gastar más agua o menos, si comprar más carburante o no, si consumir plástico o no, si llevar una dieta equilibrada o no? ¿Realmente cree usted que el ser humano vive sin que sus acciones impacten al planeta, y por lo tanto, a las personas y animales que viven en él?

Y no se engañe porque yo no formo parte de ningún “movimiento presuntamente antisistema que rechaza el crecimiento económico”, al revés, tengo el tacto suficiente como para ver que el planeta se consume por nuestro desinterés, y tengo la agudeza suficiente como para saber que no hay que escoger un bando u otro frente a un problema tan real como éste. Y ojalá los gobiernos se interesen más por economías verdes sostenibles para un desarrollo más próspero.

Yo sigo una dieta basada en plantas (que puede llegar a ser riquísima y abundante), ya que la industria ganadera es responsable del 80% de la deforestación mundial y el 91% de la deforestación en el Amazonas. Y todo por el consumo diario de carne que muchas personas no son capaces de rechazar. Hoy en día hay alrededor de 7 mil millones de personas a las que alimentar y para el 2050 se prevee que habremos aumentado a 9 mil millones. Dicho esto, es importante tener en cuenta que según la Asamblea de la ONU por el Medioambiente, se necesita 2.500 litros de agua para producir 1 kilo de hamburguesa que consta de 17g de proteína, y que para producir 1 kilo de “hamburguesa vegetal” se requiere 75-95% menos de agua, 93-95% menos tierra y 87-90% menos emisiones, y encima tiene ¡16g de proteina! Así pues, ¿No está en manos del consumidor decidir a qué industria apoyar o no?

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Yo voy en tren siempre que puedo a los sitios, aunque la suma de todos los transportes mundiales apenas son responsables de 13% de las emisiones de gases efecto invernadero, cuando la industría animal es responsable de entre el 18-24%.

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Yo reciclo, aunque solo el 25% de los residuos llegan a ser aprovechados. Por eso también reduzco mis residuos, compro a granel, sin plástico y le doy la lata a mi familia y amigos para que se mentalizen de que el plástico tarda entre 150 y 1.000 años en degradarse. Según la ONU se prevee que para el 2050 haya más plástico que peces en el mar, ya que anualmente 9 millones de toneladas de plástico acaban en el océano, afectando la vida marina.

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Yo compro ropa sostenible, local y de segunda mano porque hay sobreproducción, explotación, y porque el “fast fashion” es otro gran problema dentro del cambio climático, ya que más de 16.000 toneladas de ropa acaban en vertederos. Y además es la segunda industria más contaminante , después de la cárnica, por su gran consumo de agua, el impacto del C02 en el aire y químicos que terminan en el río ¿Y no será esto un capricho del consumidor y de nuestra sociedad materialista?

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Y después de mis esfuerzos diarios, y de mis grandes ilusiones y esperanzas por rescatar y cuidar el planeta que nos ha dado Dios, se me rompe el alma en pedazos al leer artículos como el suyo, donde reina el escepticismo y el pasotismo.

Pero no importa, porque yo creo que hago un bien al planeta, y si no fuera así (que lo dudo mucho) seguiría siendo igual de feliz. Y seguiría teniendo la certeza de que mi dinero, energía y tiempo no se lo doy a las grandes empresas que explotan a los animales, exclavizan a los trabajadores y al final desgastan este planeta.

El cambio climático no es una farsa, es algo tangible que notamos con las subidas de temperatura, que vemos con los incendios de Australia y California y que sabemos por la pérdida constante de la flora y la fauna. Todo depende de nosotros, del ahora, de cada minuto y de nuestras acciones a diario para restaurar el planeta.

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Referencias:

Taller internacional sobre Emisiones Agrícolas de gases con efecto  invernadero, Montevideo, 2018

Agencia de Protección medioambiental, 2019

Asamblea de la ONU por el Medioambiente, 2019