El Gobierno aprueba el nuevo currículo de la ESO donde no se va a evaluar a los alumnos con notas numéricas de forma obligatoria, no habiendo límite de suspensos para promocionar de curso a curso, dejando estas decisiones en manos autonómicas en un nuevo salto a la anomia educativa. Y, además, se elimina la asignatura de filosofía con carácter obligatorio en cuarto de la ESO. De esta manera se logra que la capacidad de pensar en nuestras sociedades modernas quede reducida a sus elementos más primarios, acentuando la desaparición hasta su expresión más reducida de los mimbres mentales para poder alcanzar un juicio profundo sobre las cosas y el mundo en general. Dicho de otra manera, va a quedar reducido a escoria tras el incendio donde se quema la cultura.  Un incendio que está durando demasiado; donde nuestro sentido del ser deja de parecer. Un incendio en el que como hacían los nazis en la Alemania de Hitler se quemaban los libros para que nadie pudiera rescatar los elementos del conocimiento humanístico como sociedad histórica, y así crear “ex novo” una sociedad nueva. Lo llamaban “hombre nuevo”.  

Por eso no se requieren notas numéricas, para que el alumno no perciba que no sabe nada, que no pueda hacer una evaluación formativa y proponerse metas superiores y progresivas de conocimiento.

 A la artífice principal del desmoronamiento de la estructura cognitiva de nuestras sociedades autonómicas, desconcentradas, tarifas que destruyen la idea de la nación unitaria tal como predica la Constitución, se le ha premiado con una embajada en Roma. Habrá que preguntar qué servicios ha prestado y a qué propósito que justifique esta molicie degradante.

Qué o quién es el que está detrás de este montaje de descomposición es la pregunta que cabe en estos dramáticos momentos de nuestra evolución como colectividad Donde todo se está desmoronando en una voladura perfectamente programada. ¿Qué es lo que hay detrás de todo este desvarío que nos lleva a acabar como un azucarillo en el agua desapareciendo como comunidad histórica? Los traidores son muchos y, al parecer, bien retribuidos por instancias oscuras, pues, si no, no se entiende tamaña persistencia en la destrucción de lo más esencial que caracteriza a una sociedad avanzada y en progreso, que es una educación de calidad, sustentadora del árbol del conocimiento en un país no fragmentado y como artificio principal de la evolución de nuestras sociedades y del desarrollo económico, científico y humanístico.  España está desahuciada por haberse destruido sus elementos estructurantes y vinculantes. Quien no lo vea es que no tiene ojos que perciban una realidad acuciante.

En uno de sus mejores artículos, escrito diciembre de 1932 en la revista Acción Española, Ramiro de Maeztu desarrollaba su pensamiento respecto al porqué la Hispanidad había caído en una crisis agónica de autodestrucción. Las palabras de Ramiro de Maeztu en aquellas fechas son perfectamente aplicables hoy en día como instrumento de diagnóstico de la enfermedad que llevamos desarrollando en la Hispanidad desde hace 200 años y que terminó en 22 Estados artificiales, dirigiéndolos a la más profunda decadencia.  Esa defección, bajo el mismo fenómeno y con los mismos síntomas, está afectando gravemente a nuestra nación desvencijada. Ramiro de Maeztu fue asesinado por las milicias republicanas en octubre de 1936 simplemente por el hecho de pensar de manera autónoma y de no someterse a los dictados de los ejecutores de los planes Stalin en España.

Decía Ramiro de Maeztu, en aquel paradigmático artículo, que la crisis tenía como raíces el extranjerismo y el naturalismo. Extranjerismo como incapacidad de reconocerse a sí mismos en los valores que conformaron una civilización que hoy llamamos occidental, con una hispanidad fundada desde el lecho de muerte por Isabel la Católica a través de un legado donde se mandataba a su esposo respetar la dignidad el ser humano allí donde pusiera el píe un español en la expansión de la idea evangelizadora. Ese signo de los tiempos de las monarquías tras el mandato de la que debiera haberse consagrado como santa se destruyó desde las nuevas modas advenidas tras la revolución francesa. Copiamos lo peor de lo ajeno y abandonamos lo propio en lo que fue un suicidio antropológico acompañado del naturalismo de Rousseau. Según palabras del propio Maeztu ese naturalismo impregnó hasta lo más profundo los sistemas educativos en lo que se vino en llamar “Escuela Nueva” hasta hoy.  Se trataba de erradicar cualquier principio fundante de nuestra construcción mental colectiva de tipo humanista y hacer tabla rasa de lo anterior; porque Rousseau consideraba que el hombre se degeneraba por la influencia histórica y cultural transmitida por la sociedad, y había que dejarle ser dueño de sus propios impulsos sin encajonamiento mentales.  ¡Qué buenos discípulos tiene hoy Rousseau en el Gobierno y en la política!

Resulta curioso que la entrada de las nuevas ideas, que pulverizaron los conceptos previos derivados de la Escuela de Salamanca, conllevaron la destrucción de los lazos de unión de aquellos virreinatos y de la propia cuna de la civilización, de España. Y de ello tuvimos causa y culpa los propios españoles por asumir principios exógenos y hacer “mutis por el foro” de las concepciones que tanto tuvieron que ver en el honor y honra, y en lo que los místicos llamaban “la Gracia”.  El Siglo de Oro tirado por la borda, y lo peor de todo es que ello ocurrió con una absoluta inconsciencia de los sujetos participantes en la nueva formulación de las masas como rebaño de seres manipulables.

Decía Ramiro de Maeztu respecto al naturalismo: “El naturalismo defiende y justifica al hombre tal cual es en la actualidad, con sus pecados y pasiones, frente a las instituciones históricas, que pretenden disuadirle del mal y estimularle al bien. Una formulación científica de este naturalismo es afirmar, con Bertrand Russell, que el impulso tiene más importancia que el deseo en las vidas humanas. La más conocida es la de Rousseau y su predecesor Lahontan al mantener la superioridad del hombre en el estado de naturaleza sobre el civilizado” “Constituye el elemento demasiado humano que hay en cada uno de nosotros, se encuentra en el aristócrata más linajudo y en el artista más exquisito, es el eterno Adán que quiere salirse con la suya porque le da la gana, y luego inventa las razones con que justificarse, que nunca son tan esenciales como el anhelo de hacer lo que quería. No es tanto una heterodoxia determinada, como el fondo permanente —el de Lutero, el de Enrique VIII—de donde salen todas las herejías. Y ahora imagínese también el efecto que ha de producir en América la crítica naturalista de nuestras instituciones tradicionales, crítica, de otra parte, más justificada de año en año por el continuo descenso de nuestras clases gobernantes. Nada es respetable; todo ha de ser destruido: lo mismo la dinastía que la nobleza, la Iglesia que la Historia, la Universidad que las Academias, el Ejército que la que se llamaba hacia 1890 «la justicia histórica», cuando aquel crimen de la calle de Fuencarral (nuestro asunto Dreyfus). Lo que tuvo que engendrar esa crítica fue un desvío y un desprecio hacia España y hacia sí mismos, en el que todos los pueblos hispánicos tenían que amenguarse, porque el ser mismo de las naciones depende, en buena piarte, de su valoración y en que sólo por un milagro podían volver los ojos con afecto hacia la madre patria.”

Jean de Viguerie remata ochenta años más tarde la línea de pensamiento de Ramiro de Maeztu en su obra Les pédagogues. Essai historique sur l’utopie pédagogique. Dice este autor refiriéndose a Rousseau… “Les libres sont poscrits. Les seuls titres admis dans toute l’education d’Emile, son Robinson Crusoé, les Vies paralleles de Plutarque, et les Aventures de Télémaque de Fenelon. <> dit Jean-Jacques. <<L’enfant qui lit, ne pensé pas. Il ne fait que lire… Il apprend des mots>> <> Un enfant  s’attriste, dés qu’on lui en parle. En outre <<l’abus des llivres tue la science>> Rousseau condamne le savoir etc, logiquemente, condamne le livre qui le transmet.  Le savoir égare, et le libre accentue l’égarement. La condamnation a aussi un caractére politique. Rousseau ne reconnait pas la cité, et lui substitue l’artifice du contrat social. II refuse l’heritage que la cité porte en elle, l’heritage transmis par le tradition et par les livres. Emile est seul sur la terre.”

Dicho de otra manera… tras la llegada de los borbones un nuevo enfoque sustituyó al anterior que ya  no significaba algo fundamental. Había que asumir a Rousseau como nuevo apóstol de una nueva forma de vida y cosmovisión, hacer tabla rasa de lo anterior. Edificar un nuevo edificio sin apercibirse que los cimientos del anterior servirían mucho mejor para sostenerlo, evitando una nueva construcción.  El niño como ser en construcción debía responder a sus propios estímulos e impulsos sin que nada ni nadie condicionara su crecimiento espontáneo.

Claro. Desde ese enfoque educativo se ha llegado a la desestructuración de todo el conocimiento. Ese nuevo ser prototípico. de algodón, queda al albur del primer viento que lo volatice. Será una persona sin basamento moral y sin principios trascendentes; una  persona voluble, afectable, sin capacidad de resistencia a la frustración, sin valores.

Un hombre prototípico del socialismo me expresó una vez en una cámara parlamentaria… “la moral es subjetiva, nada hay de moral en el mundo objetivo, en el real” Y se quedó tan ancho.

Nada nos puede extrañar pues la debacle en todos los órdenes que nos afecta, empezando por la fragmentación del “Estado”, siguiendo por el incumplimiento flagrante de la Constitución, pasando por la quiebra económica derivada del gasto desmedido y superfluo para alimentar a estómagos agradecidos y clientes políticos, la disolución de la soberanía en entes abstractos al margen de la mal llamada “voluntad general”, la desvirtuación hasta el esperpento de la llamada democracia hasta convertirla en un “demosuicidio”, la falta de autonomía energética, la ruptura de los lazos sociales y las endogamias egocéntricas y el individualismo más atroz jamás conocido, las desviaciones patológicas del comportamiento, la invasión incontrolada y permitida desde satrapías como la marroquí, el atropello a derechos individuales que eran considerados en la llamada “transición” inviolables pero prontamente mancillados con toda impunidad.  La falta de justicia derivada de la intervención tiránica en el poder de lo mismo. Y así en un etc. que ha hecho de España un país irreconocible.  Ya lo dijo un vicepresidente del Gobierno que no la iba a reconocer ni la madre que la parió, una madre que se ha convertido en putativa.

Pero el problema va más lejos. Es que España ya no existe. Han quitado el adjetivo español hasta en los cuarteles. La Armada ya no es “española”, es Armada a secas.  No se sabe si armada o desarmada, si asolada o consolada.