El gran disparate nacional que ha organizado Pedro Sánchez y el grupo de amiguetes que componen el Gobierno de España amenaza ya seriamente el presente y el futuro de los ciudadanos. Así lo pone de manifiesto el último informe de Cáritas, que avisa de la situación de pobreza severa en la que viven 11 millones de personas en nuestro país, una cifra verdaderamente espeluznante. Si sumamos el dato del número de pobres con el relativo a los suicidios entre la población más joven (unos 4.000 al año), tenemos un panorama nunca antes visto. Un jaque mate estructural del que, por supuesto, no nos va a sacar esta banda de perezosos y despistados que se reúne en La Moncloa todos los martes.
 
Los últimos sondeos indican que Pablo Casado sigue ganando en intención de voto, salvo la encuesta del CIS que ya no se la toma en serio ni el propio Tezanos. El líder del PP sabe que falta mucho tiempo para las generales, e intenta que los comicios de Castilla y León en febrero, y Andalucía, los próximos meses, le sirvan para aumentar su credibilidad y seguir ganando puntos de cara a su hipotética llegada a La Moncloa, si decide finalmente "ajuntar" a los fachas de VOX, esos apestados a quienes, durante la frustrada moción de censura contra Pedro Sánchez, Casado acusó poco menos que de haber matado a Manolete, entre otras desgracias nacionales. Un error estratégico del que ya veremos si no tiene que arrepentirse en el futuro.
 
Casado ha visto en el reparto de los fondos europeos para la reconstrucción tras la pandemia, llamados Next Generation, un nuevo motivo para desacreditar a Sánchez ante las autoridades europeas. Y es que, como no podía ser de otra forma tratándose de quienes se trata, el Ejecutivo ha ido regalando millones de euros a las comunidades autónomas que le han parecido mejor, sobre todo aquellas donde gobiernan socialistas, dejando a otras donde manda el PP a verlas venir. Un asunto que debería ser estrictamente técnico, con números y datos sobre la mesa, materia de economistas y gestores, se vuelve a gestionar con criterios puramente partidistas. La misma historia desde hace cuarenta años: la puerilidad, la arbitrariedad, la corrupción como manera habitual de estar en la vida pública.
 
Dentro de apenas tres semanas se abrirán las urnas en Castilla y León, donde todas las encuestas predicen una clara victoria del PP, después de esa cohabitación rara y complicada con Ciudadanos, repitiéndose el patrón de desconfianza y ruptura final entre ambos partidos, igual que ya pasó en Murcia y en Madrid. Mañueco creyó que el peculiar Francisco Igea le estaba haciendo la cama con ayuda del PSOE, y se apresuró a adelantar los comicios al próximo 13 de febrero, dejando a los de Inés Arrimadas con media estocada que veremos en qué posición quedan de cara a las generales de 2023. Decían esta semana en algún foro que los miembros de C´S son como los protagonistas de la película Los Otros, que están muertos pero todavía no lo saben. Pues algo así.
 
VOX ha presentado en Castilla y León a Juan García Gallardo, un joven abogado con buena preparación pero nula experiencia política, para intentar arañar votos a la indiscutida victoria del popular Fdez. Mañueco. Al joven letrado le han recibido los medios de comunicación con el rechazo que cabía esperar, sacando del archivo de sus redes sociales expresiones coloquiales que, sacadas de contexto, le hacían parecer homófobo y racista. Mientras, Abascal ha decidido llevar la parte mollar de la campaña, porque seguramente ve la importancia de que su partido confirme en CyL las altas expectativas electorales que los sondeos le otorgan a nivel nacional.
 
 
De nuevo, los populares están en ese difícil equilibrio con VOX con el que se ven obligados a vivir políticamente de forma continuada. El equilibrio entre el desprecio y el respeto, entre el desdén y la necesidad de tender puentes, entre la estabilidad que demandan los ciudadanos y el enfrentamiento que necesitan ambos partidos para ganarse su propio electorado. Lo vemos con frecuencia en el Ayuntamiento de Madrid, donde Almedia y Ortega Smith se han convertido en una especie de dúo Pimpinela, con enfados políticos y reconciliaciones casi permanentes.
 
Quizá lo peor de todo es que España no está ahora mismo para peleas estratégicas, ni para enfados de teatro, ni para encuestas. La situación social y económica es de una enorme gravedad, este Gobierno de Sánchez se ha convertido en un verdadero peligro público, y por suerte o por desgracia para los españoles solamente hay una alternativa política a este caos en que ha devenido la nación. 11 millones de personas pobres y 4000 suicidios al año no son cifras que podamos tomarnos a broma ni a la ligera.