Cuando a Julio César le preguntaron qué quería ser, contestó: “César o nada”. En su altiva y lacónica respuesta está toda la inmensa grandeza de aquél hombre cuyo nombre encarna y bautiza el Gobierno Imperial desde Roma al Monasterio de Yuste, y consagra como una verdad revelada el viejo dicho latino que afirma “Nomen est omen”: el nombre lo es todo. Para bien y para mal.

Descendiendo, literalmente, y degradándonos, históricamente, desde la Ciudad Eterna y Yuste hasta la Cloaca Máxima parlamentaria que es el Congreso de los Diputados, asamblea de Judas y Barrabases (¿veis cómo, efectivamente, nomen est omen?) no encontraremos en ese redil de trileros, traidores y ladrones ni un solo César, pero sí muchos bípedos parasitarios que responden con precisión etimológica a su nombre. Siendo Rufián, el charnego con vocación de Luis Companys, el más evidente de todos ellos, no le va a la zaga, por méritos propios, Inés Arrimadas.

Con su cara de Lolita y su vocecita de afonía crónica, doña Inés ha vuelto a arrimarse al PSOE para darle a Pedro Sánchez un salvoconducto de quince días más en el Estado de Mazmorra, con el que socialistas, comunistas y demás arrimados quieren ponerle mordaza y sordina a la revuelta nacional de las cacerolas y las mascarillas. Doña Inés se quedó viuda y huérfana, que en política esos dos estados civiles se pueden dar en uno solo, cuando el príncipe de los desnudos de calendario perdió más escaños de los que le cabían en la faltriquera, y se fue a hacer bolos por las ferias de España con Malú.

Desde entonces, doña Inés, que es en carne mortal el verso inmortal de Neruda “me gustas cuando callas porque estás como ausente”, busca una barraca a la que arrimarse porque en la de Albert Rivera ya no hay sitio para su petate. Domesticada en el constitucionalismo a calzón quitado, en el patriotismo democrático y en el parlamentarismo de secano y telediario, la pobre doña Inés se arrima como un cangrejo ermitano a la concha de Pedro Sánchez en una búsqueda freudiana del príncipe despelotado de los calendarios para marujas tórridas.

Como la pobre no da más de sí no se da cuenta de que con sus arrimadas al PSOE está dejando la cuenta electoral de C,s como Pedro Sánchez las cuentas del Estado, y que cuando llegue (está a la vuelta de la esquina) el definitivo naufragio de su chiringuito político, tampoco habrá sitio para su petate en la menguada barraca socialista, que se pondrá como un tren pakistaní de lealtades a falta de pago colgando del pescante, del estribo y de las ventanillas.

Será entonces cuando doña Inés compruebe, gracias a sus arrimadas al PSOE que, efectivamente, “nomen est omen”, y que, no obstante, seguirá gustando mucho pero tan calladita y ausente del Parlamento, como presente en el verso de Neruda. Cosas de la poesía, “doña Inés del alma mía”.