Muchos se han sorprendido con la decisión del vicepresidente del gobierno, el comunista Pablo Iglesias, de abandonar el gobierno y disputar la presidencia de la Comunidad de Madrid en las próximas elecciones autonómicas, previstas para el martes 4 de mayo. La decisión viene obligada. Pablo Iglesias acepto el regalo envenenado que Pedro Sánchez le ofreció, y entro en el gobierno de coalición con los socialistas. Desde ese momento su carrera política es un cumulo de despropósitos, perdiendo elecciones y apoyos de forma continuada, su imagen se deteriora por momentos y su formación corre serio riesgo de desaparecer o de quedar como algo residual y pintoresco. La decisión de Pablo Iglesias viene obligada por la necesidad de su propia supervivencia. Los despachos se le dan mal, lo suyo es más de altercados, mítines, insultos y amenazas. Pablo Iglesias es más de política tabernaria y chusquera y aquello que se le presento como una oportunidad, se le ha vuelto en su contra. Vuelve al terreno que más le gusta, a la confrontación y al activismo político.  La izquierda necesita tensionar y dividir para poder sacar rédito político. Iglesias lo sabe y las elecciones en Madrid son su última oportunidad.

Pablo Iglesias actúa como un mesías, como aquel que salvara a Madrid de caer en las garras del “fascismo”, entendiendo por fascista todo aquel que no acepte sus postulados ideológicos, todo aquel que no piense como él. La izquierda busca enemigos y si no los encuentra, acaba por inventarlos. El problema de la izquierda es que todos son igual de sectarios, y para gran parte de ella, Pablo Iglesias es el “fascista trotskista”, como así lo califico el encarcelado Pablo Hasel. El macho alfa se auto inviste de líder de toda la izquierda madrileña, sin tener en cuenta que la gran mayoría de su votantes, hace dos años votaron por la escisión provocada por Iñigo Errejon, precisamente porque no soportaban las formas y las maneras de Iglesias, un autentico macho alfa que relega a sus hembras a un segundo plano, restándolas protagonismo y decidiendo por ellas, marcando el destino que las tiene reservadas y las funciones que deben desempeñar. Yolanda Díaz será la vicepresidenta, Belarre será la nueva ministra de trabajo, la borrica de su mujer, continuara al frente del ministerio de la nada, asesorada por el comando de la tarta y las mujeres que se postulaban como candidatas en la comunidad de Madrid, deben apartarse para no ensombrecer el poderío del macho alfa, del líder de la secta.

La reacción de Pablo Iglesias es desesperada y posiblemente llegue tarde. Ha descubierto que Pedro Sánchez le estaba utilizando, que en ese tándem formado por Pedro y Pablo, solo Pedro estaba sacando rédito político y que los socialistas estaban devorando los restos de su organización. Iglesias da por amortizado este gobierno y solo fuera del mismo, puede concurrir a unas elecciones generales, con mínimas garantías de no desaparecer, pero antes debe conseguir que los comunistas de podemos consigan un resultado digno en Madrid. Las autonómicas de la comunidad, son el pistoletazo de salida para la celebración de una elecciones generales que deberían celebrarse de aquí a mas o menos un año, todo dependerá del resultado que obtenga podemos en las autonómicas del próximo 4 de mayo.

Es cierto que Iglesias deja el gobierno, pero no es menos cierto que es Sánchez quien deja a Iglesias para encamarse con Arrimadas. Iglesias sufre un ataque de “cuernos” y Sánchez, justo en mitad de la legislatura, cambia de estrategia y empieza a soltar lastre de cara a un posible adelanto electoral. Iglesias no es un compañero de viaje presentable, le ha exprimido, le ha utilizado haciéndonos creer que el malo y el indigente intelectual del gobierno era Iglesias y su banda y que su coalición venia obligada por las circunstancias. Se acerca a Inés Arrimadas solo como algo cosmético, para ganar tiempo y aparecer como centrado, frente al radicalismo de los comunistas de podemos. Iglesias llega tarde a la jugada y después del 4 de mayo, con casi toda seguridad, será ya un cadáver político por el que muy pocos lloraran, posiblemente algunas hembras y algún nostálgico del comunismo más rancio y casposo.