Nadie, y menos yo, sabe con certeza como va a ser la crisis en que nos hemos visto metidos por el maldito Covid y por la negligencia e incapacidad de nuestros gobernantes, pero lo que sí sabemos es que va a ser dura y probablemente larga.

El único organismo solvente -que yo conozca- que se ha atrevido a hacer predicciones más allá de 2021 ha sido el Banco de España (BdE), que a principios de este mes publicó sus “Proyecciones macroeconómicas para el periodo 2020 a 2022”[1]. El BdE define dos escenarios centrales, que llama de “Recuperación temprana” y de “Recuperación gradual” y un tercero, el más negativo, que llama “Escenario de Riesgo”.

Fijándonos solo en los dos escenarios centrales, y usando una proyección intermedia[2] entre ambos, lo que prevé el BdE en cuanto a las tres variables macro que más suelen preocupar al ciudadano es lo siguiente:

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Es muy difícil discutir las proyecciones del BdE sin tener la información y la capacidad de análisis de esa institución, pero si se puede comparar lo que dice el BdE sobre la actual crisis con lo que ha pasado en España en las otras crisis que hemos sufrido en las cuatro últimas décadas y que, afortunadamente, solo son dos: la pequeña crisis de 1992-1993 y la gran recesión de 2008-2013.

El gráfico siguiente muestra la evolución del PIB trimestral desde el primer trimestre de 1980 (1980Q1[3]) hasta el último disponible, el primer trimestre de 2020 (2020Q1), todo ello a precios constantes de 2019Q1[4], para eliminar el efecto de la inflación que, como es sabido, genera un crecimiento “aparente” que no mejora el bienestar de los ciudadanos.

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La crisis de 1992-1993 duró 5 trimestres (desde 1992Q2 a 1993Q2) y supuso una caída del PIB trimestral de solo el 1,5%. La gran recesión de 2008-2013 duró, en cambio, 21 trimestres (más de 5 años), desde 2008Q3 hasta 2013Q3 y supuso una caída del PIB trimestral del 8,9%, de modo que no recuperamos los niveles de PIB de 2008Q2 hasta 2017Q1, prácticamente 9 años después. En otras palabras, la gran recesión de 2008 supuso nueve años perdidos en términos de crecimiento, entre otras cosas.

En esos 40 años, y con esas dos crisis entre medias, la economía española creció a un ritmo medio del 2,2% anual, que no está muy mal para un país desarrollado como se supone que somos (compárese con los crecimientos del resto de Europa) pero que, desde luego, no es para “tirar cohetes”. En los periodos entre crisis, hemos conseguido crecer a un ritmo ligeramente por encima del 2,5% anual (entre 1980 y 1992 y entre 2013 y 2019) y al 3,5% anual (entre 1993 y 2007).

Si ponemos la misma gráfica para la renta per-cápita, que es lo que realmente mide el progreso y el aumento del bienestar de una Nación, lo que vemos es peor, pues a la vez que ha aumentado el PIB también lo ha hecho la población (fundamentalmente por la inmigración[5]), por lo que la renta per-cápita ha crecido en estos últimos 40 años, en media, a un ritmo de solo el 1,6% anual, de modo que en 40 años (una generación y media) solo hemos conseguido multiplicar nuestra renta por 1,8 veces.

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Como se observa claramente, a partir de 2000 hay un “aplanamiento” de la curva (la renta per-cápita crece más despacio) que no se observa en la curva del PIB: ese es el efecto de la llegada masiva de inmigrantes[6], como se aprecia claramente en la evolución de la población total:

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¿Y qué ha pasado con el empleo?

Es sabido que nivel de PIB y nivel de empleo (población ocupada) están directamente relacionados a través de la productividad. El desempleo es una consecuencia, pues es la diferencia entre la población activa (la que está trabajando o queriendo trabajar) y la población ocupada, por lo que varía no solo por variaciones en la población ocupada (creación y destrucción de empleo) sino por variaciones en la población activa (por ejemplo, llegada de más inmigrantes). Por tanto, conviene ver que ha pasado con el empleo antes de hablar del paro

Esta es la evolución de la población ocupada (empleo) desde 1980:

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La población ocupada, lógicamente, sigue una evolución paralela a la del PIB[7], pero creciendo sistemáticamente menos que el PIB: entre 1980 y 2019 el PIB se multiplicó por 2,4 veces mientras que la población ocupada lo hizo solo por 1,7 veces, debido al aumento de la productividad (medida como “valor añadido por trabajador y año”), lo que ha hecho que la productividad se haya multiplicado por 1,4 veces, pasando de 44 mil €/trabajador-año en 1980 a 60 mil € en 2019.

Este aumento de la productividad es objetivamente bueno, pero se ha hecho -fundamentalmente- a base de “producir lo mismo con menos personas”, en lugar de “producir más con las mismas personas”, lo que hubiera sido mucho más positivo. Si en España hubiéramos conseguido esas mismas mejoras de productividad a base de aumentar la producción (para lo que hay que conseguir mercado, obviamente) hoy estaríamos en un PIB de unos 2,3 billones de €[8] (en lugar de 1,2 billones) y una renta per-cápita de casi 50.000 € (frente a los 26.700 € reales).

El aumento de productividad a base de “hacer lo mismo con menos personas” lo que ha ocasionado es un aumento progresivo de lo que podríamos llamar “desempleo estructural”, es decir, el que no desaparece ni en momentos de fuerte crecimiento económico. De hecho, esto es lo que ha pasado con el paro en España los últimos 40 años:

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A principios de 1980 teníamos 1,4 millones de desempleados (10,6% de la población activa), que subieron hasta 2,6 millones antes de la pequeña crisis de 1992, básicamente por lo que se llamó la “reconversión industrial”. La crisis de 1992, que recuerden supuso solo una caída del PIB del 1,5%, añadió otros 1,3 millones de desempleados, hasta casi 4 millones. Durante los años de crecimiento económico de 1993 a 2008, cuando el PIB aumentó un 66%, se consiguió reducir el desempleo solo en 2,1 millones, de modo que llegamos al año 2007 con 1,8 Millones de parados. La gran recesión de 2008 destruyó 4,5 millones de empleos, por lo que a principio de 2013 estábamos con unas cifras estratosféricas de paro: 26,9% de la población activa y 6,3 millones de parados. Desde que se tocó fondo, en 2013, hasta 2019 se han conseguido reducir el paro en 3,1 millones, hasta el 13,8%[9].

Y llegó el Covid con Sánchez y sus secuaces al timón de la nave.

Antes de hablar de lo que se nos viene por delante, no puedo evitar hacer un comentario sobre uno de los “dogmas de fe” de este periodo que llaman ‘democrático’ y que todos tragamos sin rechistar: “La Transición ha sido el periodo de mayor progreso y aumento del bienestar de la historia de España”. Se puede opinar sobre casi todo, se puede mentir también sobre casi todo pero, amigo, cuando hablamos de números ya no valen las mentiras ni las opiniones.

Cuando murió el Generalísimo, el desempleo afectaba a unas 600 mil personas, el 4,4% de la población activa, lo que es prácticamente pleno empleo. Hoy, y antes del Covid, afecta a 3,2 millones (el número de desempleados se ha multiplicado por más de 5), y en unos meses estaremos de nuevo en casi 6 millones, como luego veremos. Y de esos 3,2 millones aproximadamente 800 mil son inmigrantes (si, los que vienen a pagarnos las pensiones…)

Entre 1940 y 1975 la economía española creció, en términos reales, casi un 4% en media, mientras que en el periodo “democrático”, como se ha dicho, ha crecido prácticamente la mitad (el 2,2%). ¿Eso es mucho o es poco? Esa diferencia es tan grande que si durante la “democracia” se hubiera mantenido la tasa de crecimiento de lo que ahora llaman despectivamente el “franquismo” nuestra renta per-cápita hoy sería del orden de 57.000 €, y no los 26.700 que teníamos a finales de 2019; y en lugar de ocupar el puesto número 24 entre los países con mayor renta per-cápita[10], estaríamos entre los 5 primeros, con una renta per-cápita similar a la de los EE.UU.

Esa es la verdadera memoria histórica; eso fue el régimen del general Franco, entre otras cosas y todas muy buenas, y no lo que ahora quieren que creamos.

Para no alargar el artículo en exceso y no cansar al lector, en el artículo de mañana, continuación de este, intentaré aplicar a la situación actual todo lo que nos ha enseñado la historia económica reciente, a partir de las proyecciones del BdE y con atención especial al desempleo

Continuará

Tomás García Madrid
23 de junio de 2020

 

 

 

[1] https://www.bde.es/f/webbde/SES/AnalisisEconomico/AnalisisEconomico/ProyeccionesMacroeconomicas/ficheros/be08062020-proy.pdf

[2] La proyección “intermedia” es la semisuma de los dos escenarios centrales del BdE. Se ha tomado esa proyección para evitar trabajar con dos escenarios, lo que complicaría toda la exposición, y para no decantarse ni por el malo ni por el menos malo.

[3] Como a lo largo de todo el artículo hablo de datos trimestrales, para abreviar he utilizado la nomenclatura 2019Q1 para referirme, por ejemplo, al primer trimestre de 2019.

[4] En todo el artículo, y siempre que me refiero a magnitudes que se miden en unidades monetarias (euros), hablo de magnitudes expresadas a precios constantes del 4º trimestre de 2019 (2019Q4).

[5] Entre 1980 y 2019 la población creció en unos 10 millones; de ellos, unos 8,5 son inmigrantes (no nacidos en España o hijos nacidos en España de padres no nacidos aquí).

[6] Para que la inmigración mejore la renta per-capita, y por tanto el bienestar de los españoles, hace falta (1) que no reemplacen a un residente en su puesto de trabajo y (2) que el Valor Añadido por persona que llega sea igual o mayor que la renta per-cápita previa, lo que no ha sido el caso, pues junto al inmigrante que añade valor (que trabaja) vienen cónyuges, hijos, etc. que no añaden valor (no trabajan).

[7] Salvo entre 1980 y 1985, cuando la población ocupada bajaba a pesar de que el PIB subía: eso fue lo que se llamó “reconversión industrial”, que no fue ninguna “reconversión” sino el desmantelamiento de una parte importante de la industria española, si bien es cierto que los sectores menos productivos/competitivos.

[8] Calculo realizado suponiendo pleno empleo, esto es, un desempleo friccional de un 4%.

[9] El desempleo que llamo estructural sería ese límite inferior, cerca de 2 millones de parados (paro estructural del 8,5%), que aún en los momentos de máximo crecimiento no encuentra empleo.

[10] Excluyendo micro-paises (Monaco, Luxemburgo, Andorra, etc) y paraísos fiscales. Si los incluyéramos, bajaríamos del puesto 24 al 44.