Para poner al lector en contexto, explicaré en primer lugar qué es y qué no es la ventana de Overton. El liberal norteamericano del siglo pasado Joseph Paul Overton, desarrolló una teoría acerca de la tolerancia de la opinión pública sobre un marco imaginario. Este marco o ventana podría ensancharse o desplazarse hacia ciertas ideas que son menos atractivas o menos aceptables, desde lo que sería popular o admisible. Simplificando: lo que entre dentro de este marco es aceptable; y lo que no, es entendido como intolerable o radical.

En virtud de esta idea comprendemos el enorme interés de manejar la brújula de la ventana y poder, así, convertir algunas ideas o políticas poco populares, en aceptables. Enlazando con este razonamiento, listillos con ideas que podríamos determinar- según este razonamiento- demasiado radicales o intolerables para el gran populacho, han virado en un claro afán de oportunismo político, hacia lo que es ahora mismo aceptable.

Que nadie hacía caso a Vox desde su fundación hasta finales del año 2017 es un hecho incontestable. Ahora que, o bien entran dentro de lo aceptable, o bien han alcanzado éxito político, es cuando los listillos se han acercado a la formación verde. Estos listillos o felones, opiniones hay para todos los gustos, esgrimen la ventana de Overton como la estrategia por la cual, gracias a Vox, se ha logrado introducir en este marco -en la práctica en el Congreso de los Diputados o en la opinión general- ciertas ideas o mensajes. Torpe razonamiento: la inmigración, los separatistas o el feminismo eran problemas que estaban ahí; no han descubierto América.

La clase política los ataca o defiende únicamente por oportunismo político, no por lealtad a sus votantes. Estos listillos del razonamiento de la ventana de Overton y de instrumentalizar a los constitucionalistas de Abascal, me recuerdan a la frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”. Cambiar de bando por oportunismo no es aceptable, y el mal menor sigue siendo mal. Pero vayamos más allá, “plus ultra".

En este intento de infiltración para instrumentalizar Vox en favor de intereses propios y no de la formación, los únicos instrumentalizados han sido, de momento, los listillos. Docenas de estos, en otro tiempo llamados "camaradas", militaron en la formación, levantaron delegaciones, organizaron la seguridad de los eventos, estuvieron a pie de calle trabajando y realizaron otros méritos. ¿Para qué? Esta escisión de la derechita cobarde no es más valiente que la matriz original y, cuando la prensa ha informado del pasado de alguno de ellos, han hecho lo que se esperaba: expulsarlos o apartarlos. Una pena ser traicionado por los que pensabas traicionar. Y de qué les ha valido esto, preguntará el lector. ¿De qué ha servido plegarse, vía teoría de la ventana de Overton, para introducir mensajes en España? No ha servido de nada.

Desde la irrupción de Vox no ha cambiado mucho en la política española: España no está más segura pese a sus triunfos frente a las amenazas exteriores o interiores. Lo que sí está claro es que los listillos pasaron por un aro con el que no comulgaban, cediendo en sus principios y valores para nada. La ventana de Overton puede aplicarse en los dos sentidos, hacia fuera y hacia dentro. Y al igual que ellos querían introducir ciertos mensajes en este marco, abrieron la ventana, o la puerta a aceptar cosas inadmisibles como la Constitución, la Unión Europea, la monarquía o el liberalismo más voraz. Porque apoyar este instrumento es igual que votar.

Cuando votas no solo apoyas lo que te gusta de un partido concreto; también te alineas con lo que no te gusta. Nunca ha sido tan pertinente como ahora la frase de aquel filósofo alemán: “Si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada".