Las realidades geográficas son inmutables. Al sur tenemos una colonia británica, Gibraltar, y después Ceuta y Melilla que son españolas desde mucho antes de que se crease Marruecos. Es un mal vecino Marruecos, porque a los intereses de cada nación hay que sumar el odio ancestral de saber que Al Andalus dejó de ser moruna gracias a Don Pelayo y a los Reyes Católicos. Desde su misma creación como Estado, Marruecos no hace otra cosa que interferir constantemente en los asuntos de España y darnos donde más nos puede doler.

 

La política internacional tiene esto: las naciones conocen bien las debilidades ajenas, y aún más el reino aluí que puede presumir de unos servicios de inteligencia sobresalientes. Mohamed VI, que es un monarca medieval pero vestido de hortera y oro, conoce muy bien la mediocridad, la cobardía y el infantilismo de nuestra clase política, Nuestra adoración a la democracia es motivo de rechifla para ellos, que solamente creen en cosas serias.
 
Por eso, a nadie debería extrañar lo ocurrido en Ceuta los últimos días, anticipo de lo que ocurrirá no demasiado tarde, que será la anexión de las dos ciudades autónomas por parte del reino aluí. ¿Y lo permitirá el pueblo español?, se preguntará alguno de ustedes. Pues suponiendo que algún ciudadano español no estuviese viendo el Salvamé en ese momento, o tomando su obligado gin tonic de después de comer, dudo mucho que a nadie le importe Ceuta dentro de la península, igual que no les importa Cataluña, ni Asturias, ni nada. A los españoles de hoy no les importa España.
 
Como suele decir Santi Abascal con buen criterio, una nación que no protege sus fronteras no es una nación. Es un cachondeo (esto último lo añado yo). Las fronteras son los muros o la puerta blindada de una casa. Una nación que permite que se le cuelen inmigrantes ilegales saltando una valla o nadando cincuenta metros bordeando un espigón, efectivamente no es una nación ni tampoco hay un Estado. Es una agrupación temporal de comunidades autónomas, cada una con su mandarín correspondiente, sin el menor vínculo entre ellas.
 
Ni siquiera voy a entrar a analizar o a responder las demagogias pueriles, tan presentes en las redes sociales, acerca del "sufrimiento" de los emigrantes marroquíes, o los "derechos humanos", etc. Me niego a entrar en el juego que quieren plantear los manipuladores profesionales. Aquí estamos hablando simple y llanamente de soberanía. Cualquier nación del mundo sabe que tiene derecho a defenderse cuando su integridad corre peligro; que se lo pregunten a Israel y a sus distintos gobiernos. España no. Porque en España, los políticos de los distintos partidos se han encargado durante más de cuatro décadas de destrozar el concepto de nación y desbaratar su soberanía.
 
Cuando se produce un chantaje, obviamente la culpa primera es del chantajeador; pero hay también una parte de culpa de quien se deja chantajear, en vez de enfrentarse y terminar de una vez con ello. España se ha dejado chantaejar por su vecino del sur porque Juan Carlos Borbón se llevaba de maravilla con su "hermano" Hassan, y así llevamos desde la Marcha Verde, riendo las gracias de nuestros "hermanos". Esto de Ceuta ha sido un aviso. Una escaramuza nauseabunda con la utilización de niños con fines políticos. Lo que nos espera en el futuro será mucho peor.
 
Marruecos nos conoce y sabe que somos una presa fácil.