Las amenazas de muerte de los comunistas nunca son una baladronada ni una fanfarronada, aunque quienes las profieran sean personajes ridículos, esperpénticos, como la muñeca chochona del Rufián charnego del separatismo catalán, que acumula en sus lorzas un odio mórbido, o un personaje repugnante como Pablo Iglesias cuyo rencor tóxico ensucia las huellas de los reptiles.

Cuando los bufones de la cheka socialcomunista que, como la beatificada Juanita Rico, sueñan con ponerse a horcajadas sobre los cadáveres de sus víctimas y mearse encima del fascista asesinado, tocan a rebato pregonando el tiro, la bomba lapa y el cóctel molotov para VOX, la amenaza gravita siempre sobre la voluntad de sus sicarios en espera del tiempo propicio y del guiño oportuno para apretar el gatillo. Después, cuando la sangre de la víctima salpique las escaletas de los Telediarios, aparecerán en los platós sus juglares intelectuales y sus monosabios periodísticos enfatizando la maldad intrínseca de la ideología de la víctima y la alocada bondad social y revolucionaria del  verdugo que, harto de opresión y de explotación y excitado por la dialéctica fascista, homófoba, machista y españolista del muerto no ha tenido más remedio que pegarle un tiro. He ahí lo que están haciendo los pajilleros políticos y periodísticos de Otegui y de sus asesinos de ETA. Exactamente eso. Y con mucho éxito.

Al terror y al crimen de la izquierda siempre les precede la lírica de sus consignas facilonas y macabras, que acuna el asesinato con los biberones del imperativo social y de la inexcusable necesidad revolucionaria. “Con las tripas del último obispo ahorcaremos al último rey”. No era una fanfarronada de los jacobinos. Lo hicieron. “Hay que capar a los curas y preñar a las monjas”. No era una baladronada del radical Alejandro Lerroux. Antes y después de él lo hicieron. “Es mejor fusilar a cien inocentes a que un solo fascista escape vivo”. No fue una fanfarronada de La Pasionaria. Lo hicieron. Siempre lo hacen.

Con ETA domesticada en la opulencia de la nómina institucional y con los fascistas de VOX creciendo a costa del descontento social, los comunistas necesitan sicarios que hagan suyas las coplas de su lírica criminal. Ellos buscan pistoleros y sus víctimas sentenciadas sólo buscan abogados. Pobrecillos, que Dios les proteja. En España, hoy, sólo Él puede hacerlo.