En las relaciones laborales, y comerciales, hay una frase comodín cuando se quiere neutralizar, o mitigar al menos, el enfado, o la hostilidad, de un cliente o empleado, y es la que da el título a esta Carta. 

Es relativamente fácil verbalizar un cabreo, sea de la naturaleza que sea, pero ponerlo por escrito es otra cosa, sencillamente porque lo que se escribe se lee. Este hecho intimida al más pintado porque supone dejar una "huella" que puede ser utilizada el resto de nuestras vidas. 

Tal vez no me competa a mi, uno de los colaboradores más recientes de este gran medio de comunicación, realizar este artículo pero teniendo en cuenta los calificativos que suelo aplicar a los medios en general quisiera realizar un "pliego de descargo" sobre este periódico. 

Para mí después de 11 lustros, llevados a las costillas, sin haber tenido este tipo de exposición no ha sido fácil iniciar esta voluntad otoñal de escribir públicamente, por ello quiero agradecer el trato y las facilidades recibidas por D. Alvaro Romero (el Editor) durante los dos meses que llevo juntando las letras que él, tan amablemente, publica, y por D. Javier Navascues al inicio de mi relación con El Correo. Igualmente es de justicia reconocer la absoluta LIBERTAD que he disfrutado, desde el primer instante, para la exposición de mis ideas. Creo que es, precisamente esa, una de las más grandes fortalezas de este periódico. 

He leído en sus páginas artículos de todo tipo, muchos opuestos a mis postulados, o con formas de expresión que he considerado inadecuadas y que yo jamás utilizaría por escrito ni verbalmente (aunque coloquialmente sean frecuentes),  pero, con todo y con ello, no se encuentra, en ningún medio de este país, un nivel tan descarnado y vigoroso de opinión libre, y eso es, sencillamente, valentía periodística. 

Es útil disponer de opiniones distintas como mecanismo para contrastar y fortalecer nuestros principios, porque los mensajes pastueños y acomodaticios debilitan. El Correo de España ofrece una amplitud de propuestas, realmente encomiable (con Autores de primer nivel) lo que permite realizar ese contraste ideológico sano sin "salir de casa", y sin tener que soportar a sectarios y majaderos. Vi un vídeo, hace unos meses, de un debate entre el gran D. Fernando Paz y esa alimaña corrupta de Monedero, y pude comprobar la esterilidad de los esfuerzos de D. Fernando por introducir una idea lúcida y contrastada en la vacua y esportillada cabezota del podemita.

En una ocasión leí que un cardenal, que le había encargado un cuadro a Caravaggio, le recriminó por su falta de rigor bíblico al pintar un apóstol negro al lado de Nuestro Señor. La respuesta del pintor fue que había utilizado ese licencia artística para exaltar, lo máximo posible, la luminosidad de Jesucristo. Al igual que el cuadro de Caravaggio la pluralidad de opiniones, si son sinceras y están debidamente expuestas, nos ayudan a destacar lo principal. Ha habido compañeros de este medio a los que he metido en el "congelador", durante unos días, porque no me ha gustado lo que han escrito, o como lo han escrito, pero, al final, observas que esos Autores "malditos", acaban aportándote una nueva "facies" de pensamiento, o conocimiento cuando les vuelves a dar una oportunidad.

Los medios apesebrados apuestan por una paleta monocromática de opiniones al servicio del amo. La grandeza del Correo, en exponer filias y fobias sin tapujos, no se atreven a mirarla de frente el resto de medios porque da miedo, e infunde respeto, que se permita escribir con esa Libertad de conciencia, ajena a cualquier poder, o conveniencia. 

Mis felicitaciones y sincera gratitud para EL CORREO DE ESPAÑA por su integridad y su valor.