Recibo con gran pesar y tristeza la noticia del fallecimiento de mi amigo, Carlos Ruiz Soto. Buen político, mejor persona y excelente médico.

Nos deja un gran hombre, un hombre bueno al que muchos madrileños no conocían, pero al que sin embargo le debemos gratitud eterna por librarnos del 3% del impuesto de capitalidad, que deseaba imponer el entonces presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, el socialista Joaquin Leguina.

Nació en Madrid en 1935. Médico de formación, fue un excelente ginecólogo llegando a ser el máximo responsable del Servicio de Patología de Mama del entonces Hospital Francisco Franco de Madrid. Compaginó su carrera profesional con la pasión por la política y su servicio a España. Siempre estuvo donde pensó que tenía que estar, defendiendo los valores y principios que consideraba los más justos en defensa de España.

Conoció a mi padre allá por los años sesenta y junto a él, fundó el Partido Conservador, que más tarde se integraría en Alianza Popular presidido por el entonces exministro de Franco, Manuel Fraga.

Aunque mi padre abandonó la política, Carlos seria elegido diputado por Madrid en 1982 y 1986 siendo portavoz de sanidad del Grupo Parlamentario Popular. Fue presidente de Alianza Popular de Madrid pero no tardaría en desencantarse de la deriva que el partido estaba tomando. En cierto sentido, fue un visionario.

Coincidí con él siendo yo responsable de las juventudes de Juntas Españolas y nuestros caminos se volvieron a encontrar más tarde en el PADE, Partido Demócrata Español, que fundó junto a Juan Ramon Calero y en el que fue elegido Vicepresidente Primero.

Del PADE han salido además de buenos amigos, grandes dirigentes políticos, como su propio hijo, Enrique Ruiz Escudero, actual Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid; Juan José Aizcorbe, diputado nacional de Vox por Barcelona y Jorge Cutillas, diputado en la Asamblea de Madrid por Vox, muestra de que el PADE se adelantó a su tiempo y fue una escuela de buenos políticos.

Entre sus grandes pasiones no solo estaban la política y la medicina, sino tambien su familia y la caza. Pocas familias he visto tan unidas como la Ruiz Escudero: sus hijos, Jose Antonio, Diego, Carlos, Enrique y Almudena y por supuesto, su queridísima esposa. Recuerdo innumerables fines de semana donde nos íbamos a cazar a Aranjuez, siendo lo nuestro la caza menor. Fue una época inolvidable de largas conversaciones de copa y puro (por mi parte), donde hablábamos de lo divino y lo humano. Días de charla, donde creíamos tener la solución de todos los problemas que acechaban a España.

Con el pasar del tiempo, los recuerdos se agolpan en mi memoria y uno tiene la sensación, posiblemente errónea, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pienso en la conversación que hoy mismo tendrán mi padre y él cuando se vuelvan a encontrar en el cielo dos grandes amigos. Posiblemente a esa charla se le sume un tercero: Diego Marquez Horrillo.

Descansa en paz, amigo Carlos.