De entrada, no vayan a pensar que el titular es una libertina proclama al sexo promiscuo y desenfrenado; no se confundan, y aunque comprendo que pueda llevar a equívocos a algunas personas que lean ese titular y que después no entren a ver su correspondencia con el contenido de este artículo.

 No,  no voy a tratar de esa forma de entender el sexo sin barreras morales, al modo de esas comunidades hippies que en los años 60 y 70 llamaban a hacer el amor y no la guerra, y algunas de las cuales han resurgido en esta sociedad tan avanzada y tolerante, pero eso sí, ojo, sólo con lo que se le exige e impone ser tolerante; una sociedad, que, por un lado, reniega de las reglas de la madre Naturaleza, y que, por otro, pone de ejemplo esa misma Naturaleza para seguir sus reglas y decir que se la defiende, pero, eso sí, ojo, sólo en la medida que interesa a unos determinados intereses a los que se supedita  todo, y a los que se han de adaptar la política, la moral, y la forma de actuar y pensar de la gente.

  Al final, lo cierto y verdad es que a fuerza de repetir el mismo mantra que está detrás de la ideología de género, quienes la promueven han conseguido que cale en las conciencias de muchas personas, en unas porque son parte interesada en el asunto y en otras, incluso las que pudieran parecer inteligentes, porque se han quedado en la mera fachada de lo que representa un feminismo que en apariencia persigue la igualdad y la defensa de los derechos de las mujeres. Sólo se han percatado de la verdad que está detrás de toda esa farsa, muchos hombres que, por el hecho de serlo, han sido injustamente tratados como maltratadores, y muchas mujeres que, siendo realmente maltratadas, se han visto relegadas a la hora de obtener una protección eficaz, difuminada en un océano inabarcable de abuso y generalización de su drama a toda mujer por el hecho de serlo.

  Mas viendo que la cosa ha funcionado, el fanatismo más paranoico, el que representa la ministra Montero, no ha tenido bastante con la dictadura de género ya aceptada por una sociedad aborregada y ha querido seguir avanzando en la agenda de su ideología, que no se olvide es el credo ético que está detrás de la agenda 2030, y ahora esta nueva ola ya no habla sólo de género sino de transgénero, lo que implica no que se reivindique respeto e igualdad de trato y de derechos para personas que no se identifican con el sexo con el que han nacido, no, lo que implica esa nueva corriente que rebasa las barreras del mismo feminismo, es que las personas no nacemos con un sexo, pues el sexo, o el género o como quieran llamarle, es cuestión de barra libre que cada ser con forma humanoide puede decidirlo  a su antojo, según se auto perciba o se sienta en cada momento, y sin que para esa determinación y libre autoproclamación, sólo se requiera tener más de catorce años( sin necesidad de consentimiento paterno) y así manifestarlo al funcionario de turno del Registro Civil.

  Ya lo anunciaba en un anterior artículo, con tan “racional” e incuestionable planteamiento, lo que resulta obvio es que se está renegando de las propias leyes de la Naturaleza, pues unas personas nacemos con cromosomas XY y otras personas con cromosomas XX, es decir con un sexo masculino o femenino, aunque después se deba mostrar comprensión y apoyo a las personas que de forma absolutamente excepcional, puedan requerir un cambio de sexo por motivos contrastados de salud mental, pues pueden sufrir un drama personal al sentirse psicológicamente identificados con un sexo que no es el suyo biológico. No, ahora si un profesor de Instituto se atreve a realizar tales afirmaciones, es decir a limitarse a recordar esas leyes de la Naturaleza, hay que expedientarlo por ser contrario a la nueva dictadura transgénero.

  Un auténtico esperpento, que podría incluso plantear problemas dinásticos si una infanta que no podría aspirar a la Corona, por haber nacido en segundo lugar, decidiera sentirse persona transgénero, auto percibiéndose como hombre.  En tal caso, con esa lógica tan ilógica, pero se insiste indiscutible so riesgo de estigmatización, esa infanta podría reclamarle a su hermana el título de Princesa de Asturias, y en ese caso tendríamos a un Príncipe de Asturias transgénero. Me dirán que se trata de una idea absurda, pero, ojo, posible con la nueva regulación transgénero, siendo ya visibles sus consecuencias en el deporte femenino, en el que muchos deportistas mediocres masculinos, han conseguido los éxitos que nunca hubieran alcanzado en su categoría y haciendo valer su propia naturaleza y  biología en el deporte femenino, privando de medalla a mujeres  a las que esa naturaleza discrimina sin remedio con respecto de hombres que les ganan en fuerza y complexión muscular.

  Muchos hombres querrán ser mujeres con pene para disfrutar de los privilegios y beneficios de los que disfrutan las mujeres, muchos policías y bomberos querrán ser mujeres con pene para someterse a las pruebas físicas que no superarían como hombres pero sí como mujeres transgénero, y por último muchos hombres acusados por violencia de género acudirán al Registro Civil  para manifestar que se sienten mujeres, con lo cual no podrían ser juzgados por la normativa especial, ni ante juzgados que sólo conocen de violencia ejercida por hombres sobre mujeres. Y no habría fraude de ley, en todo caso se podría objetar que el fraude es la propia ley, pero “absurda lex sed lex”.

  Un esperpento que nos intentan hacer tragar como rueda de molino, en una civilización abocada a su extinción, aunque, siempre nos debe quedar el recurso a enfrentarnos a lo irracional e imposible. Hace unos días se dio a conocer un incidente que le pasó a una señora en los vestuarios femeninos de un spa, en los que entró un hombre desnudo con sus partes pudendas al aire, un suceso que quedó en nada pues su queja no fue atendida pues ese hombre era una mujer transgénero. A esa señora la próxima vez le quedaría la opción de propinarle un amistoso revés de puntera en la zona vaginal, ocupada por unas gónadas colgantes, que a buen seguro no sufrirían menoscabo alguno, pues estar no estarían pues su portador ha decidido que no están allí.